Opinión: Congreso debe apoyar a Puerto Rico tras desastre

Por Luis E. Hestres

A sólo unas semanas de que los estadounidenses en Houston y las áreas aledañas sufrieran de la embestida del huracán Harvey, otra comunidad de ciudadanos estadounidenses está sufriendo los efectos de una tormenta devastadora.

El huracán María ha dejado a Puerto Rico, la isla que es hogar de 3.5 millones de ciudadanos americanos, totalmente destrozada. Casi toda la red eléctrica de la isla ha dejado de funcionar, junto con el 40% del servicio de agua y el 93% de las torres de celulares.

A pesar de los comentarios del presidente Trump, en los cuales comparó el número de víctimas mortales de María en la isla a las pérdidas por Katrina en el continente en 2005, Puerto Rico está viviendo una verdadera catástrofe. La isla no había visto este tipo de destrucción por un huracán en casi un siglo.

El número de muertos sigue aumentando debido a la falta de electricidad y otras necesidades básicas. La insulina se queda sin refrigeración. Las máquinas de diálisis no se pueden utilizar. Muchos están pereciendo debido a la falta de acceso a la atención médica oportuna. Los niños y los ancianos, especialmente aquellos cuyos hogares fueron destruidos por completo, están especialmente vulnerables ahora.

El gobierno local ha estado haciendo todo lo posible por ayudar, pero no es suficiente. El gobierno de Puerto Rico se encuentra obstaculizado por una larga crisis económica y financiera de más de 10 años, y sus estragos han mermado la habilidad del gobierno de hacer frente a esta emergencia. La ayuda masiva por parte del continente es muy necesaria, en especial el gobierno federal.

Puerto Rico necesita que el Congreso apruebe un proyecto de ley de gastos suplementarios que incluya varios elementos clave: asistencia de emergencia inmediata, fondos para la reparación de la infraestructura, inversión en la modernización de la red eléctrica obsoleta de la isla, elevar los límites de Medicaid y el financiamiento de otros programas de salud federal y herramientas de desarrollo económico que permitan una recuperación más rápida.

El Congreso hizo algo similar recientemente para Texas y Florida, así que no hay razón por la que no pueda hacer lo mismo por los millones de ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico que desesperadamente necesitan de esta ayuda.

Los texanos podrían ayudar inmensamente a Puerto Rico al ponerse en contacto con sus representantes en el Congreso y alentándolos a que aprueben un fuerte paquete de ayuda para la isla.

Trump dio un paso en la dirección correcta al dispensar la aplicación de la ley Jones, una ley anacrónica que requiere que todos los envíos desde y hacia Puerto Rico deban originarse en barcos de Estados Unidos y con los equipos de Estados Unidos.

La desventaja es que él solo dispensó la ley por 10 días. A la mayoría de los barcos les toma una semana llegar a Puerto Rico, por lo que esta dispensa no es suficiente. El presidente debería de prescindir de esta ley arcaica por lo menos por un año y considerar seriamente derrocarla completamente porque incrementa el costo de vida de los puertorriqueños más de lo que pueden pagar tras la embestida del huracán.

Finalmente, los puertorriqueños necesitan que sus compañeros estadounidenses de Texas y el resto del país sigan donando generosamente para aliviar la crisis.

Ahora, los boricuas necesitan que sus hermanos vengan a ayudarles en este momento de gran necesidad. Si la historia nos sirve de guía, Texas no los defraudará.

Hestres es un profesor asistente de la Universidad de Texas en San Antonio.

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