Otro día mas en el paraíso marchitado…

Tengo que decir que nosotros, mi familia, somos afortunados. No sufrimos daños en nuestra vivienda, solamente un cristal roto y que la sala y un cuarto se lleno de agua. Los primeros días después del huracán, hacia un silencio muy grande, no se oían los grillos, los coquíes y otros sonidos, que de momento, no sabría identificar. Tampoco se veían las cotorras. Era un silencio total!

Y también tengo que mencionar que la obscuridad de la noche es impresionante. En estas últimas noches hemos visto muchas estrellas y planetas que con la abundancia de luz en la zona metro, no era posible verlas. Siempre hay que buscar lo positivo dentro de cada situación difícil. Las primeras noches eran frescas después del huracán pero ya el calor nos está dando fuerte a la hora de dormir. Así, como buena puertorriqueña, he preparado el sofá y dos butacas como camas para acercarnos mas a la brisita que entra por las ventanas del balcón.

Tenemos una estufita de gas para cocinar nuestros alimentos. En la casa todo es eléctrico y esta estufita ha resultado ser una salvación. Mi preocupación es cuánto tiempo nos va a durar el gas. Menos mal que se compraron alimentos enlatados y otros, como el arroz y las pastas que no necesitan refrigeración. Da pena botar lo que sobra, así que procuro que comamos lo mismo de almuerzo y comida. Es como estar de camping donde no abunda la ensalada o las frutas frescas.

Yo sé que muchas familias se encuentran en situaciones parecidas a la mía, solo le pido a Dios, que todavía tengan una reserva de agua y comida para unos cuantos días. De esta experiencia, les digo que se acabaron los días de hacer grandes compras de carne y comida congelada. No estoy diciendo que iré al colmado todos los días pero que compraré en cantidades mas pequeñas y que la nevera se encontrará mas o menos vacía.

Ayer mi hija cumplió años, esperó casi seis horas para echarle gasolina al carro; yo estuve en una fila donde espere casi dos horas para entrar a una farmacia para comprar jugos fríos y vi filas en otros supermercados y ni hablar en las gasolineras. Lo bonito de esta situación, es que la gente conversa y nos dejan saber que no somos los únicos pasando por esto y que hay vecinos buenos que se ayudan unos a los otros.

Por ahora, tenemos que disfrutar de las horas de sol, compartir en familia y darle gracias a Dios por todas las bendiciones que nos ha dado dentro de todo lo que ha sucedido a nuestro alrededor. Las fotos que siguen saliendo del destrozo son sumamente duras de aceptar pero se siente el espíritu de lucha y positivismo que siempre nos ha identificado.

 

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