¿Qué es lo que ven los adolescentes en el Estado Islámico?

Por: Mariangela Urbina Castilla

La policía española todavía está tras la pista de varios de los perpetradores del atentado en Barcelona. / AFP

Moussa Oukabir, sindicado del atentado con una camioneta que, el jueves, dejó 13 muertos en Barcelona, tenía 17 años. No es el primer joven que muere convencido por el Estado Islámico.

Le robó el pasaporte a su hermano para alquilar una camioneta. Hasta ahí podría ser la historia de cualquier adolescente que se pasa de la raya. Y esos son casi todos. Adolecer es doler, dicen algunos psicólogos.

Adolecer proviene del latín dolescere y eso significa padecer una enfermedad. No cualquiera. Se trata de una enfermedad crónica, que duele mucho.

Al Estado Islámico (EI) se le da muy bien convencer a gente joven que justamente adolece o que pasó por ahí hace muy poco.

Es así como Moussa Oukabir, de 17 años, se robó el pasaporte de su hermano para rentar una camioneta y, en el nombre del EI, la lanzó contra un grupo de gente en la Rambla, el lugar turístico por excelencia de Barcelona. Asesinó a 13 personas y dejó un centenar de heridos.

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Por eso, el primer objetivo de las autoridades fue Driss Oukabir, quien se presentó por su propia voluntad ante las autoridades de la localidad de Ripoll y denunció el robo de los documentos con los que su hermano menor había orquestado el ataque. Dijo: “No fui yo”.

Finalmente, en medio de una operación policial en la madrugada del viernes, murió Moussa Oukabir, según le confirmaron varias fuentes oficiales al diario El País de España.

¿Qué le pasó a Moussa?

Una vez las autoridades españolas le entregaron su nombre al mundo, la prensa empezó a hurgar en su pasado. Y hacerlo es fácil. Internet guarda todos nuestros pasos.

Moussa Oukabir usaba con frecuencia la página Kiwi, uno de esos portales adolescentes para hacerse preguntas de todo tipo.

Otro usuario, aparentemente cercano, le preguntó: “En tu primer día como rey absoluto del mundo, ¿qué harías?”.

“Matar a los infieles y dejar sólo a musulmanes que sigan la religión”, respondió Moussa.

“¿En qué país nunca vivirías?”, continuaba el interrogatorio. “En el Vaticano”. Tenía 16 años cuando respondió estas preguntas. Dice Avidan Milevsky, redactor del Huffington Post, que no es nuevo en la historia que los adolescentes se unan a grupos extremistas. “Desde la Cruzada de los Niños de 1212, pasando por el movimiento de la Juventud Hitlerista, hasta los cultos y pandillas modernos, hay algo en la psiquis adolescente que es seducido por este tipo de grupos degenerados”, escribe.

“La adolescencia es el momento del cambio”, dice la psicóloga Stephanía Sánchez, experta en trabajo con adolescentes de poblaciones vulnerables. “Son cambios de todo tipo. Cambios en la forma como se desarrollan las hormonas y se procesan los químicos del cuerpo. Los adolescentes no son niños, tampoco adultos. Están en un limbo, no saben quiénes son y están buscando desesperadamente un lugar de dónde agarrarse para definir su identidad. Por eso lo que dicen los papás sobre las malas influencias tiene sentido. De verdad hay que tener mucho cuidado con ellas en la adolescencia”.

La propaganda tecnológica es la herramienta del EI para que los más jóvenes sientan que les ofrece lo que están buscando, la cura a eso que les duele. “Nosotros creamos internet para expandir las relaciones sociales, compartir información, etc. La herramienta se volvió contra nosotros como un arma que recluta millennials, expande una ideología y provee recursos para la guerra. ¿Y qué hacemos? Nada, los reducimos a locos y desadaptados. Pero resulta que son cultos e informados”, dijo en una entrevista con El Espectador Philippe-Joseph Salazar, filósofo francés y autor del libro Palabras armadas, sobre el Estado Islámico.

“El reclutamiento es una experiencia intensamente personal”, le dijo a la revista Vogue John Horgan, psicólogo forense experto en analizar el comportamiento terrorista. “EI es tan bueno en eso porque lo hace todo a la medida de los adolescentes. Para dirigirse a los adolescentes, usan a jóvenes estadounidenses de 20 años de edad. Para dirigirse a las adolescentes usan mujeres angloparlantes jóvenes”.

En Estados Unidos, el EI reclutó a más de 100 ciudadanos sólo en el 2015 y las universidades tuvieron que empezar a crear campañas de prevención dentro del campus, sobre todo en la red.

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