Luces y muros de John Kelly, el general que escogió Trump para poner orden en la Casa Blanca

El nuevo jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, y el presidente Donald Trump, quien lo designó para reorganizar la operación de la Oficina de la Presidencia. (AP)

Con la Casa Blanca en caos, plagada de luchas de poder, severamente limitada en su capacidad de proyectar dirección e influencia política, atravesada por filtraciones de información crítica y con personajes cercanos al presidente sumidos en el escándalo y el descrédito, el presidente Donald Trump al parecer decidió realizar una limpia del personal de la presidencia y un ajuste en sus operaciones y su cadena de mando.

Así, designó al general John Kelly como su jefe de Gabinete, apartándolo del Departamento de Seguridad Nacional que dirigía, y despidió a su efímero y altisonante director de Comunicación Anthony Scaramucci, que en sus escasos 10 días en el cargo logró insultar a diestra y siniestra dentro de la Casa Blanca y escandalizar a la opinión pública.

Unos días antes Reince Priebus, el primer jefe de gabinete de Trump, y Sean Spicer, su primer vocero, cayeron de su posición en la Casa Blanca, en parte por el caótico contexto allí existente y también por el encontronazo del nombramiento de Scaramucci.

Kelly, así, fue llamado por Trump para poner orden, algo que queda claro por más que el presidente afirme que no hay caos en la Casa Blanca.

¿Pero realmente puede Kelly, general de cuatro estrellas del cuerpo de Marines, exlíder del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y excomandante de ejércitos multinacionales en Irak, poner en línea al personal de la Casa Blanca?

¿Era tan grave la crisis en el equipo cercano del presidente que fue necesario llamar a la Casa Blanca al titular del Departamento de Seguridad Nacional, encargado de temas acuciantes para la agenda de Trump como la prevención y el combate del terrorismo, la protección fronteriza, la inmigración y la preparación ante desastres naturales, con el riesgo de dejar esa área sin cabeza por un tiempo considerable en lo que se realiza el proceso de nominación ejecutiva y ratificación senatorial de su reemplazo?

¿Es realmente la disciplina castrense lo que se necesita, como cuando se envía a una escuela militarizada a un adolescente irresponsable y arisco, para ordenar la Casa Blanca? ¿Cree Kelly que él puede servir mejor al país allí que al frente de la Seguridad Nacional?

Son preguntas que se irán dilucidando con el tiempo, pero son interrogantes punzantes que dejan traslucir el escenario al que Kelly llega en la Casa Blanca.

Su carrera militar, que comenzó en 1970, le provee de importantes cualidades de mando, pues ha estado al frente de tropas de marines desde el nivel de pelotón hasta el de general en combate en Irak. Kelly fue comandante de una fuerza de ataque que, en la Guerra de Irak en 2003, penetró profundo en territorio enemigo y, años después, se convirtió en el jefe de una de las alas de las fuerzas multinacionales en ese país. Además, su paso como oficial de enlace entre la milicia y el Congreso le dio experiencia en relaciones legislativas y su labor como asistente directo del Secretario de Defensa y luego como jefe del Comando Sur le dieron conocimiento considerable de la operación de la burocracia castrense y de las relaciones diplomático-militares con América Latina y el Caribe.

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