Hermosos Poemas Para Recordar Toda La Vida

El mundo de la poesía ha evolucionado durante siglos. Los poetas con sus palabras tienen la capacidad de llenarnos de alegría, de esperanza o incluso de desesperación. Muchos poemas grandiosos también tienen la extraña habilidad de hacer que nos paremos a pensar sobre las grades cuestiones de la vida. Grandes temas como el amor, el desamor, la soledad o la tristeza han sido tratados por los mejores poetas de la literatura en lengua española. Hemos querido recopilar algunos de 5 más destacados, junto a un breve análisis del mismo. Esperamos que esta recopilación de hermosos poemas sea de tu agrado.

1. Mario Benedetti (Uruguay 1920-2009) “Te espero”

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tú allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la Luna oculta ese Sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
sólo sé que me encuentro muy solo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás…

¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?

Un hermoso poema con la temática del desamor como protagonista, un temática que ha producido grandes poemas en la historia de la poseía latinoamericana donde el uruguayo Mario Benedetti es un gran representante.
Palabras llenas de dolor y desamparo. El autor busca refugio mediante la escritura y la creación de palabras y de ahí surge este bello poema. Quizás alguno pueda sentirse identificado con las palabras escogidas por este poeta.

2. Pablo Neruda (Chile, 1907-1973) “Me gusta cuando callas”

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

En este poema Pablo Neruda le habla a una chica de la cual está enamorado. Pero habla sintiendo que la chica no se da cuenta de su existencia: “me oyes desde lejos y mi voz no te toca”, como si él le hablara, pero siente que ella no lo escucha. Parece como si la chica fuese su amada, pero no, ya que ella no opina de la relación porque pasan cosas pero ella no habla, no ve, no siente: “parece que un beso te cerrara la boca”.

Habla también de su alma en el poema, dice que todas las cosas están llenas de su alma: una mariposa de sueño – ya que estás parecen alegres, pero nunca se puede saber qué es lo que pasa por su cabeza ya que no hablan-, la palabra melancolía -por su tendencia a la tristeza, un estado de pesimismo, depresión y falta de estímulos afectivos; se parece a esa palabra a causa de que al no hablar, puede parecer que está triste, afligida.

También durante todo el poema repite la misma frase: “me gustas cuando callas porque estás como ausente”. Neruda dice que le gusta cuando calla, porque ella está alejada, puesto que la mayoría del tiempo no habla, no opina, y es como si no estuviera allí.

3. Gustavo Adolfo Bécquer (España 1836-1870) “Volverán las oscuras golondrinas”

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
esas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
¡así no te querrán!

Un hermoso poema donde están presentes todas las características del romanticismo. El enamorado recurre con desesperación, celos, tristeza y angustia al recuerdo del amor perdido, nada en el mundo es suficiente para describir su desolación, “las golondrinas, las madreselvas”, las ardientes palabras de amor, todo puede renacer, excepto el amor perdido y la fatalidad que hará imposible el reencuentro. Al autor solo le queda el consuelo de estar seguro de que nadie podrá amarla como él ha sido capaz.

4. Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916) “Sonatina”

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa  de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

“Sonatina” es un poema que habla de los anhelos de una princesa encerrada en un palacio, presa en su jaula de oro, que sueña con otros mundos y desea que un príncipe venga a rescatarla de esa realidad que rechaza.

Se trata de un poema que aborda uno de los temas favoritos de los escritores modernistas: el de la evasión, del escape del mundo, que es descrito como algo banal, triste y opresor de los sueños, del anhelo de libertad.

Por esta razón es un verso que convoca a la ensoñación, donde la imaginación funciona como herramienta para lograr escapar de esa realidad que oprime el alma del autor.

Darío decía que su intención con este poema era retratar la espera del amor por parte de una joven, y que el poema era una alegoría de las ansias amorosas de las jóvenes.

5. Antonio Machado (España, 1875-1939) “A Un Olmo Viejo”

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

El poema ”A un olmo seco” es un hermoso y triste canto a la esperanza. La mujer del poeta, Leonor ha vuelto a casa después de pasar una temporada en el hospital por una larga enfermedad. El poeta escribe estas líneas durante su convalecencia.

Es Mayo de 1912, Antonio y Leonor han vuelto Soria (España), desde París, de donde han traído la enfermedad de la hemoptisis como acompañante. Han luchado con todas sus fuerzas para curar el terrible mal, alquilando una casa de campo buscando al aire puro como antídoto fundamental. Pero nada mejora la situación de la enferma.

“A un olmo seco” le sirve para describir la lamentable situación de su mujer, Leonor Izquierdo. Antonio Machado seguramente se pregunta porqué no pudiera su mujer “florecer” como lo hacen los olmos, los álamos del río, …………. Es una metáfora entre un olmo ya casi derruido, y su mujer “carcomida” por dentro. Los dos afectados por la enfermedad mortal; la grafiosis del olmo, y la tuberculosis de Leonor.

Machado cree en los milagros y así se ve al final del poema: “Mi corazón espera también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”

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