Canadá rechaza negociar el TLC si EE UU insiste en una de las propuestas clave de Trump

La ministra de Exteriores canadiense fija como línea roja la no modificación del mecanismo de resolución de disputas y quiere que el nuevo acuerdo se inspire en el CETA

La canciller canadiense, Chrystia Freeland, este lunes en Ottawa. C. W. REUTERS

Canadá se levantará de la mesa en la que se renegocia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) si Estados Unidos insiste en retirar el capítulo 19 del texto, un punto clave de resolución de conflictos que históricamente ha perjudicado a los intereses de la primera potencia mundial. Según esta norma, un panel binacional adopta decisiones vinculantes en conflictos relacionados con subsidios ilegales y dumping. Uno de los principales objetivos de Washington será borrar este punto del nuevo tratado, pero las autoridades canadienses y mexicanas han cerrado filas en pos de que se mantenga tal cual: el país latinoamericano también lo ha incluido como una de las líneas rojas en la negociación.

“Canadá mantendrá y preservará los elementos del TLC que consideramos clave para nuestro interés, incluido un proceso para asegurar que los aranceles antidumping y compensatorios se aplican solo de manera justa y con todas las garantías”, ha subrayado este lunes la canciller canadiense, Chrystia Freeland, en un acto celebrado en la Universidad de Ottawa. El potencial abandono del diálogo por parte de Canadá tiene un precedente: el Gobierno del país norteamericano, en aquel momento comandado por Brian Mulroney, ya retiró a su jefe negociador de las conversaciones de 1987 sobre el tratado comercial bilateral que rigió las relaciones comerciales entre Canadá y EE UU entre 1988 y 1994, año en el que fue sustituido por el TLC. “Nuestro gobierno tendrá la misma resolución [que entonces]”, ha subrayado Freeland.

Pese a la amenaza frontal —y pese a haber pronosticado que se darán “momentos dramáticos” en el curso de la negociación—, la titular de Exteriores de Canadá ha afirmado sentirse “profundamente optimista sobre el resultado final” a 48 horas del inicio del diálogo trilateral en Washington. Y ha afirmado que su país protegerá el actual sistema de tarifas y cuotas que mantiene en un nivel elevado los precios de los productos lácteos en el mercado local y las importaciones, bajas. En ese punto también se espera un choque entre los intereses canadienses y estadounidenses, ya que la Casa Blanca pretende su desmantelamiento.

Freeland, que mañana viajará a la capital estadounidense para participar en la primera jornada de una negociación vital para la economía de los tres países, destacó la necesidad de introducir una mayor progresividad en el TLC. Un punto en el que se inspirarán en el CETA, el pacto comercial recientemente acordado con la Unión Europea y que está a expensas del vistos bueno de los Parlamentos de los Estados miembros para su entrada en vigor. “Nos basaremos en las ideas del CETA, el acuerdo comercial más progresivo de la historia”, ha incidido.

Las autoridades canadienses apostarán, en concreto, por incorporar “fuertes salvaguardas laborales en el corazón del acuerdo” —un punto en el que habrá divergencias con las autoridades mexicanas, que ni siquiera quieren abrir el capítulo referente al mercado de trabajo en las conversaciones— y por integrar “mejores provisiones ambientales”. Ottawa también pondrá encima de la mesa nuevos capítulos sobre derechos de género e indígenas.

Con el TLC, Canadá se juega algo más de un tercio de su PIB: las exportaciones a EE UU suponen casi la mitad de su actividad económica y triplican en valor a sus intercambios comerciales con el resto del mundo. Algo más de la cuarta parte de los puestos de trabajo en el país norteamericano dependen directamente del comercio exterior. La renta per cápita real —descontada la inflación acumulada en el periodo— en Canadá ha crecido un 40% desde la entrada en vigor del TLC, frente al 39% de EE UU y el 24% de México.

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