‘El régimen de Maduro está dando sus últimas boqueadas’: Vargas Llosa

El escritor habló del amor, de la situación en Venezuela y del proceso de paz en Colombia.

El nobel de literatura Mario Vargas Llosa llamó a que Colombia se una para evitar retrocesos en el desarrollo del acuerdo de paz.
Foto: Luca Piergiovanni / EFE

Hoy no le voy a preguntar de su vida personal ni de cuándo se va casar, pero sí le quiero preguntar por el amor. ¿Qué tanto lo cambió el amor?

El amor es la experiencia más intensa que vive el ser humano. Realmente, si hay alguien desdichado en la vida, es el que no vive una gran pasión, aquellas personas que no han sentido cómo todo se enriquece a su alrededor gracias a ese sentimiento extraordinario.

Al mismo tiempo, creo que el amor es una experiencia muy intensa pero muy privada, que tiene la característica de empobrecerse al manifestarla, al traducirse en confesión, en testimonio, en chismografía. Es una experiencia que hay que mantenerla dentro de lo privado para que conserve su riqueza.

¿Eso quiere decir que cuando yo cumpla 80 años y tenga una experiencia muy fuerte con el amor, mi vida va a cambiar?

Se va enriquecer extraordinariamente. Mientras una persona pueda sentir eso que es algo tan difícil de describir, pero tan fácil de identificar que es el amor, la pasión amorosa, la vida de una persona se enriquece extraordinariamente.

O sea que, como dice una canción, siempre el amor gana, el amor es más fuerte que todo…

Sí, el amor deja al final mucho más de positivo que de negativo en una historia. Hay algunas excepciones, hay amores desgraciados; la literatura está repleta de ellos, pero, en general, el amor es una experiencia que enriquece la vida

¿Eso quiere decir que en alguno de sus próximos libros nos contará mucho del amor?

El amor está siempre presente en la literatura. Muy rara vez un libro está completamente exento de aludir a esa experiencia central.

Si tuviera el atrevimiento de mirar en su escritorio, ¿encontraría borradores que hablan del amor o de tiranos?

Los manuscritos que hay en el escritorio son los del último libro, en el que estoy trabajando todavía. No tiene nada que ver con ficción, es un ensayo que se llama El llamado de la tribu. Es una especie de autobiografía intelectual y política. Cuento mi experiencia desde que descubrí la política, mi paso por el marxismo, mi redescubrimiento de la democracia a través de figuras que han tenido una gran influencia ideológica sobre mí.

En esa reflexión sobre la política, situándose usted como un hombre que ha experimentado distintas corrientes filosóficas, ¿valió la pena haber intentado la presidencia de Perú?

Hechas las sumas y restas, creo que lo positivo para mí fue que aprendí mucho de política. Lo que uno entiende de política desde el escritorio, que era mi caso antes de ser candidato, es una visión muy generosa, muy idealista de la política. En una campaña, uno descubre la política de verdad, cómo el poder tiene ese ingrediente distorsionador de todo principio.

Además, fui candidato en unas circunstancias muy especiales, cuando Perú vivía prácticamente una guerra civil con la insurrección de Sendero Luminoso y del movimiento revolucionario Túpac Amaru. Nadie respetaba ninguna forma de legalidad, era una sociedad que vivía en la exasperación, el terror y la inseguridad.

Descubrí lo poco político que soy, la incapacidad que por naturaleza tengo para moverme en ese mundo. Es una experiencia que no repetiría.

Leí hace poco que usted reveló una conversación con el presidente Kuzcinsky sobre la posibilidad de liberar al presidente Alberto Fujimori…

Fue una conversación privada. El presidente me dijo que él recibía muchas cartas solicitando el indulto de Fujimori por razones de salud, y que él había entregado todas esas cartas a tres médicos para pedirle su opinión.

Lo único que le dije fue: “Espero que no pases a la historia como el presidente que soltó a un criminal, asesino y ladrón que está en la cárcel porque ha sido condenado en un juicio absolutamente civil e impecable”.

Quiero hablar ahora con el Vargas Llosa reportero, para que me muestre en la lente suya la situación de Venezuela…

Es una situación trágica, es una situación terrible. Usted sabe que Venezuela es un país muy rico, un país que debería estar en las mejores condiciones del mundo, y sin embargo está en la ruina total, se muere de hambre. Ya no hay ninguna legalidad, es la pura arbitrariedad, la pura violencia. Ya no se sabe cuántos son los muertos. La mayoría del país está contra el sistema, quiere volver a la democracia, quiere la libertad, pero no encuentra una salida por el control del Ejército.

Sin embargo, no creo que esta situación pueda durar mucho. El régimen de Maduro está dando sus últimas boqueadas.

¿Cree que esa situación depende de los militares?

Creo que en gran parte, los militares que tienen el control de la fuerza podrían decidir. Lo que es claro es que hay toda una cúpula militar muy vinculada al narcotráfico que no tiene para dónde escapar. Esa cúpula es la que está apoyando al régimen. Me pregunto si los demás miembros de las fuerzas militares van a seguir aguantando esta vinculación con un régimen absolutamente despótico y que ha fracasado de forma garrafal. Muy seguramente van a escuchar lo que está pidiendo el pueblo venezolano: una transición hacia la democracia.

Pero, fíjese que el chavismo también está dividido…

Hay un sector del chavismo que se ha dado cuenta del fracaso de la orientación ideológica que le dio el chavismo al régimen y quiere dar marchas atrás; ojalá ese sector siga creciendo para imponerle una solución pacífica a Maduro.

La oposición está un poco fracturada…

La oposición lo que demuestra es una diversidad de opiniones, como en toda democracia.

Pero, al final, todos los caminos conducen a un golpe militar…

Se necesita que se convoque a elecciones, que haya unas votaciones con observadores internacionales, donde intervengan Naciones Unidas, la OEA y que salga de allí un gobierno democrático.

¿Cómo se explica que la comunidad internacional aún no llegue a un consenso sobre el tema?

En la OEA ha sido muy excepcional, porque allí están los países del Caribe que estaban comprados por Venezuela. Pero, de resto, todos los países de Latinoamérica están apoyando a la oposición venezolana.

Usted que escribió ‘La fiesta del Chivo’, un libro sobre la tiranía. ¿Qué reflexión tiene sobre un tirano en nuestro barrio?

Si uno mira a América Latina hoy, la mayor parte son gobiernos civiles, nacidos de elecciones. Son democracias imperfectas, pero siempre será mejor una democracia imperfecta que una dictadura.

Cuando yo era joven, las elecciones eran entre una dictadura militar y la revolución. El grueso de los latinoamericanos no creía en la democracia. Eso ha cambiado radicalmente.

Usted decidió hace poco hablar sobre Gabriel García Márquez, dijo que él no era un simple intelectual sino un artista…

Él era un artista, un creador. Él tenía más bien una actitud de rechazo hacia el intelectual, hacia quien habla de manera muy abstracta. Eso disentía mucho de su ser como escritor.

¿Cómo ve la situación de Colombia y el proceso de paz?

Con esperanza. Todos los colombianos quisieran que el proceso de paz funcione. Desde luego que hay muchas críticas al proceso de paz, y algunas de ellas parecen bien fundadas. Pero bueno, hay que ver si en la marcha todo aquello que estuvo mal concebido se puede enmendar. Hay un proceso abierto del que conviene que no haya retrocesos.

¿Con quién habla más, con Álvaro Uribe o con Juan Manuel Santos?

Colombia tiene que estar muy agradecida con Álvaro Uribe. Ese acuerdo de paz ha sido porque la guerrilla recibió golpes muy duros gracias a Uribe; hay que recordar que él rescató las carreteras de Colombia. No acabó con la guerrilla, pero sí le dio golpes muy duros y eso fue lo que empujó a negociar a ese grupo.

El presidente Santos ha empujado el proceso de paz de una manera decidida. Creo que hay un proceso que está iniciado y lo que conviene es empujarlo.

Lo siento más sintonizado con Uribe que con Santos…

Soy amigo de los dos. Ambos han sido presidentes democráticos. He dudado mucho respecto del proceso de paz, especialmente después del referendo (plebiscito), sobre todo el hecho de que hubiera una mayoría de colombianos críticos del acuerdo. Al final terminé apoyándolo porque a estas alturas lo que conviene es apoyar todo lo posible para que el proceso funcione.

JULIO SÁNCHEZ CRISTO
Especial para EL TIEMPO

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