Los estragos que causa el ‘América primero’ de Donald Trump

China y la Unión Europea tratan de responder al unilateralismo que se impone desde EE. UU.
Por: Idafe Martín Pérez – EL TIEMPO

China y la Unión Europea se comprometen a sacar adelante Acuerdo de París.
Foto: Virginia Mayo / AFP

Un terremoto geopolítico, un cambio de era, una llamada a que el mundo, y principalmente los europeos, tomen el destino en sus manos porque ya no pueden confiar en su tradicional aliado del otro lado del Atlántico. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supone un giro histórico.

Sin una mirada clara en América Latina salvo sus cargas contra México y su preocupación por la coca colombiana; sin referencia alguna a África y con vaivenes respecto a China, ningún acontecimiento geopolítico hizo tanto para unir a los europeos –que se encuentran en una encrucijada desde la victoria de Trump y la próxima salida británica del bloque–, pues ven cómo las dos grandes democracias anglosajonas, tradicionalmente abiertas a la globalización, se cierran en políticas nacionalistas y aislacionistas.

El nuevo Washington que representan Trump y sus asesores nacionalistas llegó a su auge en las dos últimas semanas. La cumbre de la Otán del 25 de mayo en Bruselas vio al mandatario estadounidense regañar en público a sus socios europeos, saliéndose de cualquier ritual diplomático. Reunido con los presidentes de las instituciones de la UE, Trump llegó a decir que los alemanes son “malos, muy malos” por el superávit comercial alemán.

La reunión del G7 en Taormina (Italia) acabó como el rosario de la aurora cuando la delegación estadounidense se negó a aceptar conclusiones sobre asuntos clásicos como el comercio internacional y la lucha contra el cambio climático.

Trump rompe con la tradición estadounidense de promover la democracia en el extranjero. Su viaje a Arabia Saudí le sirvió para mostrar un relativismo que lo lleva a decir que no está para dar lecciones, olvidando las últimas tres décadas de diplomacia de Washington. En Jerusalén y Belén habló de un plan de paz con los palestinos que no parece existir más allá de sus discursos.

Trump es puro unilateralismo que no parece respetar ni los tratados internacionales. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo en Berlín que en Taormina intentó explicar a Trump el Acuerdo de París contra el cambio climático. Y parecía reírse de Trump al contar que le explicó “con palabras claras y sencillas”, pero que ni así “parecía entender”.

Ni siquiera la “relación especial” que Londres y Washington cultivaron desde principios del siglo XX sirve para que el Gobierno británico pueda confiar en la nueva Casa Blanca después de que estas filtraron las pruebas del atentado yihadista de Mánchester.

La última patada –y especialmente a los europeos que le habían pedido en privado y en público que recapacitara– fue el anuncio de que EE. UU. se retira del Acuerdo de París.

La iniciativa fue condenada por casi todo el planeta. La Comisión Europea llegó a decir que “Europa está en el lado correcto de la historia” y se ofreció a liderar la lucha contra el calentamiento global.

Los gobiernos europeos aseguran que la retirada estadounidense mostrará el aislamiento de EE. UU. Un funcionario europeo decía el jueves a EL TIEMPO que la renegociación que pide Trump era imposible, que el acuerdo ya es suficientemente flexible y que “no se puede negociar con alguien como Trump, que puede cambiar de opinión y tirar cualquier cosa negociada”.

Si la superpotencia se convierte en un barco sin rumbo, Europa quiere agrandar su influencia global. También, China y potencias medias como Canadá o India.

El viernes, en Bruselas, el Gobierno chino confirmó su compromiso de trabajar con los europeos no solo para mitigar los efectos del cambio climático, sino también para desarrollar en conjunto tecnologías limpias.

François Godement, del European Council on Foreign Relations, asegura que “tanto China como Europa temen el ataque de Trump a las instituciones y reglas multilaterales, de las que dependen China y Europa”.

La imprevisibilidad de Trump supone desafíos comunes, y China puede ver un espacio en la ruptura del multilateralismo creada por la doctrina de Trump del ‘América primero’.

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