Los puertorriqueños votan por la anexión a EE UU en una consulta no vinculante lastrada por la abstención

Un 97% de los votantes elige la opción de que la isla se convierta en el estado 51 en un plebiscito que no ha llegado a un cuarto de participación electoral

El gobernador Ricardo Rosselló muestra su papeleta. REUTERS

Los puertorriqueños han votado por la anexión a EE UU en un referéndum no vinculante celebrado este domingo y marcado por una altísima abstención. Con un 86% de papeletas escrutadas, un 97% (457.000) de los votantes había eligido esa opción, aunque la participación era de un 22% de los 2,2 millones de ciudadanos llamados a las urnas. En medio de una crisis profunda que ha llevado al gobierno de la isla a declararse en bancarrota, una pequeña parte de Puerto Rico ha respaldado la apuesta del actual gobierno por pasar a ser el estado 51 de EE UU como solución al hundimiento financiero del territorio. Pero el boicot de los partidos opositores a este plebiscito ha tenido como consecuencia una bajísima participación que mina la representatividad de la votación. El resultado de este referéndum, por lo demás, no tiene ningún efecto inmediato, dado que cualquier modificación de la naturaleza de la relación entre EE UU y Puerto Rico debe ser aprobada por el Congreso estadounidense.

La consulta ofrecía las opciones de votar por convertir a Puerto Rico en el estado 51 de Estados Unidos, por independizarse o por continuar con el modelo que mantiene desde 1952 de Estado Libre Asociado, un estatuto a medio camino entre la autonomía y la subordinación al país vecino.

El referéndum ha sido promovido por el partido que gobierna Puerto Rico desde enero, el Partido Nuevo Progresista, que sostiene que integrarse en Estados Unidos como un estado más de pleno derecho es la solución a los problemas económicos y de desarrollo de la isla; a su juicio, unirse a la primera potencia mundial supondría una inyección de fondos providencial y daría protección juíridica a la isla frente a sus acreedores. El gobernador y líder del PNP Ricardo Rosselló, hijo del exgobernador Pedro Rosselló, ha dicho este domingo tras depositar su voto: “Vivimos en democracia y queremos tener los mismos derechos que en los estados [de EE UU] pero el sistema colonial no lo permite”.

Los partidos de la oposición, el Popular Democrático, partidario del estatus actual con retoques, y el Independentista Puertorriqueño, defensor de la separación, le han dado la espalda al plebiscito y no han participado en la campaña ni han llamado al voto. La papeleta que depositan los votantes lleva el encabezado Plebiscito para la descolonización inmediata de Puerto Rico y ofrece las opciones “Estadidad” [ser un estado], “Libre Asociación/Independencia” y “Actual Estatus Territorial”.

Este es el quinto referéndum de esta clase que se realiza en Puerto Rico desde 1967. Los anteriores fueron en 1967, 1993, 1998 y 2012. En el plebiscito de hace cinco años por primera vez la mayoría de votos válidos favoreció a la opción de convertirse en un estado, aunque un 30% de los votantes depositaron una papeleta en blanco o inválida. El resultado mostró la inexistencia de un apoyo popular contundente a ninguna de las alternativas. El Congreso de EE UU no inició acción alguna.

La isla -de 3,5 millones de habitantes- atraviesa la fase más aguda de una recesión que se extiende desde que en 2006 EE UU canceló el esquema de exenciones fiscales a grandes empresas que atraía inversiones a Puerto Rico y hacía funcionar su economía. Hoy el territorio bracea por contener las exigencias de pago de sus acreedores (72.000 millones de dólares en bonos de deuda pública) y por encontrar el modo de cubrir un hueco de 49.000 millones en su sistema de pensiones, además de sostener los salarios públicos y la cobertura sanitaria. Un 46% de sus habitantes vive en la pobreza, el desempleo supera el 12% y el PIB per cápita es de 28.000 dólares, frente a los 53.000 de EE UU. Si Puerto Rico se conviertiese en el estado 51, sería el más pobre de EE UU.

En Washington los vientos no soplan a favor de la integración de Puerto Rico. La mayoría republicana en el Congreso no lo ve con buenos ojos porque supondría sumar a las elecciones presidenciales una significativa masa de votantes de tendencia demócrata desde la isla y añadir al presupuesto del Gobierno federal un territorio en vías de desarrollo y con gran necesidad de asistencia.

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