El problema más grande de Donald Trump no es Jim Comey; es Donald Trump

“James Comey vs. Donald Trump”.

Esa esa la trama obvia con miras a la audiencia ante el Comité de Inteligencia del Senado del exdirector del FBI este jueves, especialmente luego de las declaraciones de Comey contra Trumpen su testimonio escrito que dio a conocer este miércoles en la página web de dicha comisión.

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  • Y para estar seguros, Trump ha resaltado ese ángulo de “yo contra él” luego de su decisión de despedir a Comer el mes pasado; Trump calificó al exdirector del FBI como un “fanfarrón”, sin mencionar que sugirió que todo el mundo en el FBI quería que Comey se fuera. (El director encargado del FBI Andrew McCabe ha dicho en varias oportunidades bajo juramento que tanto él como las bases del FBI apoyan a Comey).

    Pero el verdadero enemigo de Trump no es Comey. Es un público estadounidense que está cada vez más convencido de que Trump simplemente no está diciendo toda la verdad sobre sus motivaciones referente a la investigación de Rusia, y muchas otras cosas.

    En una nueva encuesta de The Washington Post y ABC News, solo una de cada tres personas dijeron que confían “mucho” o “bastante” en lo que Trump dice. 55% confía “menos” o “para nada” en la posición de Trump sobre Rusia. Casi la mitad (49%) de los independientes dicen que no confían en Trump cuando se trata de Rusia. Mayorías significativas del público también creen que Trump está “interfiriendo” con la investigación de Rusia (56%) y que despidió a Comey para protegerse a sí mismo más que por el bien del país (61%).

    Los problemas de encuestas de Trump van más allá de Rusia. El nivel de aprobación de su trabajo en una encuesta nacional de la Universidad de Quinnipiac fue de 34% y 57% de desaprobación. Más del doble de las personas (51%) desaprueban fuertemente a Trump en comparación a los que lo aprueban (25%). Casi seis de diez personas (59%) dicen que Trump no es honesto, incluyendo una mayoría de independientes (56%). Casi siete de cada 10 (68%) dicen que Trump no es “equilibrado”.

    Ya tienes una idea. Trump no estaba en buena forma política cuando ganó la Casa Blanca. (La carrera política de 2016 fue una muy difícil elección para muchas personas). Sus cuatro primeros meses como presidente han estado definidos sobre todo por una serie de heridas autoinflingidas, muchas tienen que ver con la investigación federal en curso, que ahora está siendo supervisada por el fiscal especial Robert Mueller por la intromisión de Rusia en la elección de 2016 y la posibilidad de colusión con la campaña de Trump.

    El ciclo sin fin de titulares negativos ha tenido un impacto considerable sobre Trump. Tanto así que no está claro aún, más allá de su base política, si mucha gente creerá cualquier tuit, declaración o mensaje que Trump o sus aliados envíen hoy.

    Y, en verdad, esa brecha de credibilidad no tiene mucho que ver con Comey. Es casi enteramente culpa de Trump. Cada vez que ha tenido la oportunidad, ha trabajado para denigrar y desestimar la investigación sobre Rusia y a aquellos que están involucrados en ella. Lo ha llamado “cacería de brujas”, un “engaño total” y “fake news”. Y aunque esto pueda ser música para los oídos de sus seguidores, es cada vez más difícil de escuchar para la gente que no hace parte de su base. (Y recuerda, su base no es que sea muy grande como para reelegirlo).

    Esperemos que Trump califique el testimonio de Comey como una vendetta personal de un hombre al que despidió porque hacía mal su trabajo. Pero, si vas más allá de la superficie de ese ataque de Trump, verás que Comer no es el problema de Trump.

    Trump es el verdadero problema de Trump.

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