China profundiza su apuesta por América Latina

El apetito por las materias primas va dejando paso poco a poco a un creciente interés por las infraestructuras y los servicios

Reunión del G20 celebrada el pasado septiembre en Hangzhou, China. NICOLAS ASFOUNI REUTERS

De titularidad pública, vinculadas con el sector de las materias primas y con predilección por Brasil y Perú. Ese es el retrato robot de las empresas chinas con intereses en América Latina y el Caribe, una región que se ha convertido en piedra angular de su expansión exterior. Sin embargo, algo parece estar cambiando en su aproximación a la región: el apetito por las materias primas —sobre todo petróleo y minería—, aun siendo todavía significativo, ha dejado paso poco a poco a un creciente interés por otros sectores productivos, como las infraestructuras y los servicios, según el último monitor de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China presentado recientemente en la Ciudad de México.

La presencia de China en América Latina, en otros tiempos vista con un cierto grado de exotismo, se ha convertido en moneda de cambio habitual en muchos países de la región: de Chile a México, pasando por Argentina y, sobre todo, Brasil. El gigante asiático ha pasado de tener un papel secundario a ser un actor fundamental para comprender las dinámicas económicas y comerciales de la región. Entre 2010 —cuando los flujos inversores marcaron su máximo, gracias a un ramillete de fusiones y adquisiciones vinculadas al sector petrolero argentino y brasileño, en plena escalada de precios de las commodities— y 2016, China invirtió cerca de 90.000 millones de dólares en los países del área, casi cuatro veces más que en los siete ejercicios precedentes.

Pese a la muy reciente ralentización “el dinamismo sigue siendo máximo”, subraya Samuel Ortiz, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coautor del estudio. Buena parte de ese buen desempeño se puede achacar al desempeño positivo de dos sectores: infraestructuras y servicios. La búsqueda de materias primas, que ha supuesto el 65% de las inversiones chinas y ha creado más de la mitad del empleo imputable a estas inversiones desde 2001, sigue siendo un factor relevante. Pero, a medida que Pekín ha ido fijando sus miras en países de Asia-Pacífico en detrimento de América Latina para proveerse de minerales y otros recursos naturales, esos dos sectores han empezado a ganar importancia a marchas forzadas: aunque las materias primas siguen liderando la tabla de inversiones chinas en la región —casi siete de cada 10 dólares invertidos van a parar a ese ámbito—, en los próximos años el paulatino equilibrio de fuerzas debería ser la nota predominante.

“El boom de las materias primas ha dejado paso a un mayor interés por las infraestructuras que, a su vez, han tirado del sector terciario. Latinoamérica se ha convertido en un lugar atractivo para China en esos ámbitos”, explica Enrique Dussel Peters, coordinador de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China y coautor del último informe de este ente sobre la inversión extranjera directa en la región. A su juicio, ese es el cambio más destacable en la matriz inversora. “China busca nuevos mercados”, añade Ortiz. “Y en América Latina tienen grandes oportunidades”, complementa Dussel Peters.

La mayoría de inversiones del gigante asiático en América Latina y el Caribe siguen siendo de titularidad pública: entre 2001 y el año pasado, estas compañías supusieron el 77% de los desembolsos de capital y generaron casi siete de cada diez puestos de trabajo relacionados con la inversión extranjera directa china. “Sus motivaciones se alejan del criterio de rentabilidad privada”, apunta Ortiz. Dado que es la empresa pública la que invierte masivamente, el profesor de la UNAM se inclina por pensar que son otros los factores determinantes. “Fundamentalmente, estrategias de desarrollo de corto, mediano y largo plazo del sector público chino”, que, entre otras cosas, pasa por el aseguramiento de recursos para el futuro, agrega.

La otra gran característica de la inversión china en Latinaomérica es la concentración. Tan solo nueve empresas chinas –Sinopec, CNPC, Sinochem, China Three Gorges, MMG, State Grid Corporation of China, Wisco, Cnooc y BCEG– suman casi la mitad de la inversión china en los 16 últimos años el 46% de la inversión china total desde principios de siglo. Y tres países sudamericanos –Brasil, Perú y Argentina– recibieron siete de cada 10 dólares invertidos por Pekín en la región.

Ampliar el ámbito geográfico de las inversiones en América Latina y, sobre todo, invertir para que las instituciones puente entre ambos bloques económicos sean más especializadas –y, en consecuencia, más efectivas– son los dos retos pendientes de futuro. “El gran problema es la debilidad de las instituciones actuales. Los funcionarios, empresarios y académicos tienden a ser todólogos. Tanto en China como en América Latina hay que tender a su especialización; si no, las confusiones serán cada vez más frecuentes”, concluye Dussel Peters.

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