Trump destituye por sorpresa al director del FBI

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El presidente fulmina a Comey después de que este reconociese que se equivocó en su declaración bajo juramento

James Comey al jurar decir la verdad en su testimonio el pasado miércoles en el Senado KEVIN LAMARQUE REUTERS

Despedido. El presidente Donald Trump puso fin de modo tajante a la carrera del director del FBI, James Comey, cuando vio que se había vuelto incómodo. Por sorpresa, la Casa Blanca anunció hoy su destitución fulminante después de que este reconociese errores graves en su testimonio bajo juramento ante el Comité Judicial del Senado. La caída de Comey, elegido por Barack Obama y cuyo mandato acababa en 2023, intenta taponar el escándalo que empezaba a abrirse por su fallida declaración sobre unos hechos que en plena campaña causaron un inmenso daño electoral a la candidata demócrata Hillary Clinton.

En su testimonio bajo juramento ante el Comité Judicial del Senado, Comey señaló que el FBI había encontrado el pasado otoño miles de correos de Huma Abedin, la mano derecha de Clinton, en la computadora de su marido, Anthony Weiner. Este hallazgo, según este testimonio, propició la reapertura de la explosiva investigación por los emails enviados desde su cuenta privada por la ex secretaria de Estado (2009-2013). “Abedin seguía una práctica rutinaria de reenviar correos electrónicos a él, creo que para que los imprimiera para que ella se lo pudiera entregar a la secretaria de Estado. Abedin reenvió cientos y miles de correos, algunos de los cuales contenían información clasificada”, testificó Comey.

Estas afirmaciones, sin embargo, resultaron incorrectas y el propio FBI tuvo que desmentirlas hoy en una carta pública. Los investigadores determinaron que Abedin solo reenvió ocasionalmente algunos correos a su marido, pero muchos menos de los miles que dijo Comey. Tampoco era una práctica rutinaria. Y ninguno de las misivas estaba considerada entonces como secretos, pero posteriormente se determinó que un pequeño número de ellos contenía información clasificada.

Este reconocimiento de un error mayúsculo en un caso altamente explosivo suponía una bomba de relojería para Trump. Si el director del FBI había faltado a la verdad sobre el motivo de la investigación, su reapertura, que Clinton consideró letal para su campaña, podía quedar en entredicho. Ante la posibilidad de un escándalo aún mayor, Trump tomó la insólita decisión de despedirlo.

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