Oliver Stone: “Trump y Nixon se parecen en el odio que les tiene la prensa”

El director traza una comparación entre ambos presidentes durante un homenaje en la semana en que se ha disparado el interés por Nixon

El director estadounidense Oliver Stone, en septiembre de 2013 en el festival de cine de San Sebastián. JAVIER HERNÁNDEZ

¿Por qué se llena un cine de unas 400 butacas abarrotado un jueves por la noche para ver Nixon, una de las películas peor valoradas de Oliver Stone? Una razón es que la película la presenta Stone en persona, pero eso no es del todo extraordinario en Los Ángeles. La otra es que la sombra de Richard Nixon lleva días acechando en las noticias sobre Donald Trump, que por momentos parece estar caminando la senda del único presidente obligado a dimitir.

El morbo estaba servido. El homenaje a Oliver Stone estaba programado hace tiempo, pero tenía que ser esta semana, precisamente esta, cuando se proyectara Nixon. El presentador del acto dio las gracias a Trump por la publicidad gratuita para la sesión. Cuando se le preguntó a Stone por las comparaciones entre ambos presidentes dijo que son “una exageración”. “Es de nuevo la misma historia, el ataque de una cierta clase de prensa, el odio hacia él”. Para Stone, ambos personajes se parecen por ahora solo en la aversión que generan en la prensa. Nixon detestaba a los periodistas y Stone refleja bien esa obsesión en su película. “La prensa es el enemigo”, dice Nixon en una de las cintas que se grabó a sí mismo. “La prensa es el enemigo del pueblo americano”, tuiteó Trump.

Oliver Stone ha evitado las críticas a Trump. “Tal vez no sea tan dramático que haya ganado. Hay mucha preocupación, él es un rebelde, pero quizá sea un buen administrador”, decía en una reciente entrevista con EL PAÍS en el festival de Los Cabos. En este cine de Santa Mónica el pasado jueves explicó que su aproximación a estos personajes se basa en una palabra: “Empatía”. Es lo que hizo con Nixon y lo que hizo con otro personaje denostado por la prensa, George W. Bush, en W. “Puede no gustarte su política o lo que está haciendo, pero métete en el personaje”.

Empatía es lo que parece guiar su opinión sobre Trump. “Yo lo veo como individuo”, explicó Stone. Es un hombre interesante, aparte de sus defectos. Su amor a sí mismo es extraordinario, como un personaje de Shakespeare. Yo le conocí y le dirigí en una escena eliminada de Wall Street 2. Su narcisismo, no digo nada nuevo, es increíble. La confianza que tiene en sí mismo”. Quizá sea el retrato más humano de Trump que se haya oído en esta semana. “Pero en política es distinto. El drama no tiene que ver con la verdad, sino al contrario. Pero en política tienes que ser objetivo. Desgraciadamente, tiene un problema con eso”, dijo acompañando a las risas.

A lo largo de su carrera, Stone se ha obsesionado con muchos personajes reales. Con el fiscal que investigó el asesinato de John Kennedy, los presidentes Nixon y W. Bush, Hugo Chávez, Fidel Castro… el último es Edward Snowden, la película que estrenó el año pasado. “Creo que si buceas lo suficiente en cualquier personas, sea Donald Trump o Pol Pot, encontrarás algo. Luego hará cosas malas. Pero siempre hay humanidad en el fondo. Ese es el papel de los dramaturgos, encontrarlo. Eso es lo que hacemos”.

El público disfrutó con Nixon en la semana más nixoniana de Estados Unidos desde 1974. Sigue siendo larga, pero en dos décadas no ha envejecido mal y Anthony Hopkins está magnífico. Se oían murmullos en los pasajes que más recuerdan a cosas que se podían escuchar esta misma semana en televisión. Cuando Nixon ordena detener las filtraciones a cualquier precio. O cuando dice que “no es el crimen lo que acaba contigo, sino la mentira”. O esos fieles escuderos, Haldeman y Erlichman, que saben que se encaminan hacia el desastre por la incapacidad de su jefe de reconocer los hechos y pedir perdón.

Al final, Nixon no es una película política, es una película humana sobre la soledad y la envidia. Sobre un hombre que hace todo lo que cree que debe hacer, llega a la cumbre de su ambición y paga el precio de ser despedazado. Quizá sea la historia de todos los presidentes. Pero a Stone parecen interesarle especialmente aquellos que pasaron a la historia como villanos. El jueves, comentando que la película fue un fracaso en taquilla, recordó una crítica en especial que venía a decir: “¿Quién quiere ver una película sobre Nixon? JFK es mucho más sexy”. Puede ser, hasta que llegó Donald Trump.

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