Donald Trump regresa a casa enojado y solo

No es que el presidente de Estados Unidos Donald Trump estuviera emocionado por su primer viaje al extranjero. Se quejó ante sus amigos de antemano de que iba a ser demasiado largo y simplemente no estaba ansioso por ir. Además, estaba “de un ánimo bastante triste” al momento de irse, según una fuente que habla con el presidente.

Su regreso a casa, al parecer, no fue suficiente para animarlo. En lugar de celebrar un regreso victorioso después de recorrer Medio Oriente y reunirse con el papa y los líderes europeos, Trump volvió a encontrarse de cara con la controversia sobre Rusia. Estaba preocupado por cuestiones legales y problemas de personal, ya que la polémica puso a su yerno y principal asesor, Jared Kushner, como parte de una investigación de contrainteligencia. Las sesiones con abogados no son nada nuevo para este combativo exempresario, pero con los riesgos infinitamente más altos, esto era diferente.

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Una fuente asegura que Trump se quejó en privado sobre su abogado de la Casa Blanca, Don McGahn, conocido como especialista en leyes de financiación de campañas. Pero su asesor legal interno no tiene nada que ver con su defensa personal, de todos modos, y, por lo tanto, se esperaba que se reuniera con su abogado, Marc Kasowitz. Su abogado de larga data, afirman dos fuentes, se convertirá en una especie de “supervisor” del equipo legal de Trump. Será el hombre que le susurre a Trump, añade otro, y no “el que interactúe (con el fiscal especial Robert) Mueller”.

“Permitir que se llegara a tener que nombrar a un asesor especial para la investigación fue una idiotez”, dice un aliado, quien podría estar canalizando el pensamiento del presidente. “Esto de los fiscales especiales nunca termina bien”. Sin importar que el propio despido de Trump del director del FBI, James Comey (y sus repetidos intentos de nombramientos gubernamentales para ponerle fin al asunto) comenzó la cadena de eventos que condujeron a la designación de Mueller. Si alguien quería detener al presidente, eso no ocurrió. ¿Tal vez estuvieron de acuerdo con Trump con que los demócratas apoyarían la decisión? “Estos chicos no juegan ajedrez”, suspira un amigo. “Juegan a las damas chinas”.

Luego de que el presidente se dispuso a despedir al director del FBI, un asesor externo afirmó que le dijo a Trump que ese cálculo era una locura. “Si lo hubieras despedido al primer día, habría una atmósfera diferente”, le dijo al presidente. Hacerlo cinco meses después no tiene sentido.

La presidencia no es una unión lógica

Así que Trump vuelve a la Casa Blanca esta semana justo como se fue: solo, enojado e infeliz con muchos. Donald Trump está descubriendo que la presidencia no es una unión lógica o natural.

“Ahora vive dentro de sí mismo, un lugar peligroso para Donald Trump”, asegura alguien que habla con el presidente. “Lo veo emocionalmente en retroceso, ha ganado peso, no tiene a nadie en quien confíe”.

La pregunta, agrega, es si Trump comprenderá la magnitud de lo que enfrenta o “volverá a ser arrogante y terco”. Tendrá que darse cuenta de que “en todo este viaje realmente lo que hizo fue pulsar el botón de pausa”. Y sólo por un momento. Trump llega a casa no sólo con la controversia sobre Rusia aumentada, sino con la urgencia de tomar una importante decisión sobre el próximo director del FBI. El presidente se había sentido entusiasmado con la idea del exsenador Joe Lieberman para que ocupara el cargo, pero el Congreso no lo hizo. Así que cuando se disponía a irse a su primer viaje al extranjero le dijo a los amigos que Lieberman estaba fuera de la lista.

A raíz de la debacle de Lieberman, una fuente con conocimiento afirma que el presidente incluso le hizo al gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, con quien todavía habla, una improvisada pero cortés propuesta no oficial para el alto cargo en el FBI, diciéndole algo así como “así que no lo quieres, ¿verdad?”. Christie supuestamente se opuso, enumerando las razones por las que esto no iba a funcionar, entre ellas que nadie necesitaba la molestia que causaría. En cierto modo, era algo muy a lo Trump: halagas al hombre al que alguna vez despediste, pero aún así lo sigues consultando.

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¿Está escuchando malos consejos?

Hay un poco de esperanza, asegura alguien cercano, de que el presidente se vea obligado a sentar cabeza. “Sólo escucha realmente cuando se siente derrumbado”.

¿Y qué dicen sus amigos? Algunos se quejan de que está recibiendo malos consejos, tanto legales como políticos. “Nadie le está dando la perspectiva (así es como funciona, esto es lo que debe hacer o no hacer) y nadie tiene suficiente control, o seguridad, para hacerlo”, afirma uno. Pero eso plantea la cuestión, por supuesto, de si un presidente en ejercicio debe realmente ser informado de que no debe tratar de interferir con una investigación federal de contrainteligencia.

El problema es que, incluso si el presidente Trump está escuchando, está recibiendo consejos contradictorios: los ‘outsiders’ con los que habla fuera de horario no son, en general, grandes admiradores de su personal. No es de extrañar, según una fuente, que el jefe de Gabinete, Reince Priebus, se haya puesto en contacto con él después de hablar con el presidente, sin duda para vigilar lo que Trump está pensando o diciendo.

Hay quienes le están diciendo al presidente que se aleje de la insularidad de su elenco original. “Aléjate y olvídate de los eternos ‘trumpianos'”, asegura alguien cercano al mandatario. “Ahora necesitas a los mejores profesionales”.

Pero ahí se pierde un punto clave: todo el mundo de Trump está a cargo de sí mismo, incluidos los errores. Y todo esto está impulsado por esta singular visión de la crisis de Rusia, afirma un cercano: que Trump cree que no tiene responsabilidad de nada en este trauma político, que es creado por los medios de comunicación convencionales mediante confeccionadas conspiraciones no existentes. “Está sentado allí diciendo, como lo hace con todo, “ustedes trabajan para mí, arreglen esto”.

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Esto es exactamente lo que él descaradamente le pidió hacer a su exdirector del FBI, su director de Inteligencia Nacional y el jefe de la Agencia de Seguridad Nacional. Es lo que habría hecho en la Organización Trump. Y si se negaban, los hubiera despedido, tal como lo hizo con Jim Comey.

Existe este argumento según el cual Donald Trump es alguien leal, que defiende y apoya a rajatabla a sus amigos, afirma un analista de vieja data del presidente. “Estás muy equivocado”, asegura. “Trump no es leal, excepto a su familia. Puede ser solícito y congraciado, pero si hay un momento en que no le eres útil, olvídalo, estás terminado, sin importar lo que hayas hecho por él”. Rudy Giuliani, Paul Manafort, Chris Christie son nombres que lo confirman.

Y hay una cosa más a tener en cuenta sobre el presidente, añade alguien cercano. Es un discípulo de Roy Cohn, el muy despiadado abogado de Nueva York. “Cuando estás en problemas, doblas, triplicas y cuadruplicas la apuesta”. Al final del día (dice de Trump) es la única manera que sabe de luchar”.

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