Cómo una sola frase de Angela Merkel muestra lo que Trump significa para el mundo

El domingo, la canciller alemana Angela Merkel pronunció una sola frase que habla de cómo fundamentalmente el presidente Donald Trump ha cambiado —y seguirá cambiando— el mundo y el lugar de EE.UU. en él.

“Los tiempos en que podíamos depender completamente de los demás están, hasta cierto punto, superados”, dijo Merkel en un evento para apoyar su campaña.

Aunque Merkel no mencionó específicamente a Trump, dejó en claro que su conclusión había llegado “en los últimos días”, un período de tiempo que se superpuso con una reunión del G7 en la que Trump criticó a los tradicionales aliados europeos de EE.UU. por las obligaciones de la OTAN y dejó claro que está más que dispuesto a estar solo solo en su posición sobre cambio climático y comercio.

Muchos de los seguidores de Trump interpretaron el lema de “Hacer grande a EE.UU. de nuevo” como la idea de que volveríamos a hacer grande a Estados Unidos matando la corrección política, trayendo de nuevo puestos de trabajo, evitando que los trabajadores indocumentados entren a nuestro país, y mostrarles a los medios quién es el que manda. Estaba proponiendo rehacer nuestra vida diaria aquí mismo el país, algo en la que la gente estaba enfocada.

Pero “Make America Great Again“, desde el inicio de la campaña de Trump, siempre apuntó a no sólo reimaginar el papel de Estados Unidos en la comunidad mundial, sino en reformar la comunidad mundial por completo.

Vuelve a leer el discurso de Trump al anunciar su campaña en junio de 2015. La primera mitad del discurso estuvo enfocada en política exterior, todo construido alrededor de la idea de que los países extranjeros se están aprovechando de EE.UU.

Algunos ejemplos:

  • “¿Cuándo fue la última vez que alguien nos vio golpeando, digamos, a China, en un acuerdo comercial? Nos matan, yo venzo a China todo el tiempo, todo el tiempo”.

  • “¿Cuándo derrotamos a México en la frontera? Nos estamos riendo de nosotros, de nuestra estupidez”.

  • “Estados Unidos se ha convertido en un basurero para los problemas de todos los demás”.

Luego está este simple hecho: es mucho más fácil para un jefe del Ejecutivo tener mayor influencia sobre la política exterior estadounidense que sobre la política interna.

Prácticamente todo lo que un presidente puede hacer en el frente de la política interna está circunscrito por el Congreso. Las luchas de Trump para pasar rápidamente la reforma del cuidado de la salud o asegurar el financiamiento para su muy prometido muro fronterizo son sólo dos ejemplos de lo difícil que es lograr cambio a gran escala en el ámbito doméstico.

Aunque que los presidentes no tienen la rienda totalmente libre cuando se trata de asuntos extranjeros, sus poderes se incrementan significativamente en este ámbito. Trump ya ha retirado a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Ha aprobado el oleoducto Keystone. Y ahora, en la última semana, Trump había dejado claro que hablaba en serio cuando dijo que no estaba dispuesto a comprometerse con los acuerdos climáticos de París. (Se espera que la administración Trump tome una decisión final sobre el acuerdo climático a finales de esta semana).

Esa serie de movimientos —todos dentro de los primeros 150 días de presidencia de Trump— representan la posibilidad real de que el compromiso de Estados Unidos con sus aliados europeos y su estatus como el pilar financiero que soporta muchas de las democracias del mundo —que han sido realidades desde los días posteriores a la Segunda Guerra Mundial— puede estar cambiando fundamentalmente.

“Merkel dice que Europa no puede confiar en los demás y debe tomar las cosas en sus propias manos es línea divisoria” y algo que EE.UU. ha tratado de evitar desde la Segunda Guerra Mundial “, tuiteó el domingo Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores.

Para ser claros: Trump está lejos de ser el primer presidente en poner nerviosa a Europa. En un pasado no muy lejano, Europa estaba claramente asustada por lo que creían era el enfoque de “cowboy” a la política exterior del entonces presidente George W. Bush. Ese punto de vista se basaba en gran parte en el enfoque de Bush en la guerra de Iraq y la “coalición de la voluntad”, que en particular no incluía a Alemania y Francia. (Ambos apoyaron la primera guerra del Golfo.)

Pero, incluso en medio de esa crítica, Bush nunca intentó deshacer o socavar los principios básicos de la OTAN o el G7. Era un creyente, en el sentido más amplio, de la alianza estratégica necesaria entre Estados Unidos y Europa. ¿Estaba él en un extremo de ese espectro, particularmente en sus primeros días como presidente? Sí. Pero, el punto es que estaba en el espectro.

Los comentarios y decisiones de Trump durante sus primeros 100 días en el cargo plantean preguntas reales sobre si está ahora en el mismo espectro. En la campaña, prometió una remodelación fundamental —tanto interna como externa— de cómo se percibe a Estados Unidos. Parece estar cumpliendo esa promesa de muchas maneras que la gente nunca se imaginó.

A medida que Trump actúa, el resto del mundo reacciona necesariamente. Y tanto las acciones de Estados Unidos y cómo impactan lo que otros líderes y otros países pueden hacer tendrá influencia duradera en el papel de EE.UU. en el mundo, algo que se extiende mucho más allá de los cuatro u ocho años que Trump será presidente.

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.