Fracaso de la reforma de salud confirma la terquedad de Trump

Mientras en el Congreso los líderes republicanos decidían retirar su proyecto de reforma a la salud de Estados Unidos, en las calles de Loa Ángeles y en Washington cientos de manifestantes dejaban clara su posición a favor de mantener el Obamacare . FOTO AFP

La promesa de Donald Trump de reformar contra viento y marea el proyecto de salud de Barack Obama tuvo que ser sepultada por él mismo.
Sin el apoyo suficiente de su Partido Republicano, sobre todo del ala ultraconservadora, el presidente de Estados Unidos se vio obligado a retirar del Congreso su proyecto bandera de campaña, no sin antes advertir que el actual modelo de salud, el Obamacare, “estallará” por los elevados precios de los seguros médicos.
Y es que aunque la propuesta del expresidente le dio cobertura en salud a 20 millones de estadounidenses que carecían de esta, siempre fue blanco de críticas.
De un lado, el Medicaid le dio asistencia a personas de bajos ingresos por medio de subsidios basados en sus niveles socioeconómicos, lo que amplió la cobertura de una forma histórica en Estados Unidos, mientras el Madicare entregó cobertura a discapacitados y a ancianos.
No obstante, los opositores insistieron en que el Obamacare fue una extralimitación del Gobierno y una fórmula asistencialista que arruinaría al Estado.
De ese mismo argumento se valió Trump para proponer una reforma en su primer mes de Gobierno. Sin embargo, una comisión del Congreso que se encarga de estadísticas señaló que el proyecto dejaría en el corto plazo a unos 14 millones de personas sin cobertura médica, cifra que podría aumentar a más de 20 millones en pocos años.
La alerta solo profundizó las ya existentes fracturas en el Legislativo, y aún más las de la bancada republicana, que pese a ser mayoría (237) en el Congreso, ayer no lograron la unidad para dar 216 votos necesarios para hundir el Obamacare.
El fracaso del magnate
“Trump quedó como un presidente derrotado, incapaz de gobernar y de poner en marcha su primera política real, ni siquiera teniendo el supuesto control del Congreso”, dice David Shirk, director de la maestría en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Diego, en California.
Su visión la comparte Neela Tanden, presidenta del Centro para el Progreso Americano, un centro de análisis político en Washington, quien después de la decisión del mandatario declaró que la insensibilidad de Trump se tradujo “en un fracaso para forzar a través de una pieza impopular de la legislación que dejaría a millones de estadounidenses en peor situación”, y sostuvo que ese proyecto reduciría el cuidado de los estadounidenses de bajos ingresos, las mujeres, los mayores y los que viven en zonas rurales, “todo para dar un recorte de impuestos gigantesco a los ricos”.
Pese a eso, Shirk reconoce que gestionar la política de salud en EE. UU. “es un estanque muy difícil”, que incluso le costó arduas batallas a Obama, por la existencia de una cultura política dividida al respecto: de un lado están los que defienden la responsabilidad social, y de otro, los que priman la responsabilidad individual.
Por eso, Shirk pronostica que aunque Trump volverá a formular un proyecto de salud para derrotar al Obamacare, seguirá encontrándose con estas divisiones y con los límites de su poder, que creía absoluto. “No es una empresa privada a la que le pueda ordenar lo que quiera con una postura tajante. Él debe trabajar con múltiples intereses, lograr consensos”, afirma.
El futuro de su mando
A su fracaso político, Trump respondió: “hemos aprendido mucho, fue una experiencia muy interesante”. Sin embargo, la gran pregunta ahora, añade Shirk, es cómo va a aplicar estas lecciones.
Una opción, pronostica el experto, puede ser la unilateral: “hacer todo lo que pueda con el poder Ejecutivo y reducir su dependencia del Legislativo”, lo que implicaría enfocar esfuerzos donde tiene mayor influencia y mayor capacidad de actuar por sí mismo, como en política exterior.
Lo otro que puede pasar es que Trump, “quien no responde a las derrotas persuadiendo, sino usando la fuerza”, dice Shirk, insista en una reforma de salud aún más radical.
De ser así, muchas serían las implicaciones, advierte Laurel Lucia, coordinadora del Programa de Cuidado en Salud de la Universidad de Berkeley en California. La más visible, por lo pronto, es que los inmigrantes indocumentados no serían elegibles en una ley de Trump. “Muchos inmigrantes indocumentados carecen de seguro y dependen de los proveedores de redes de seguridad, incluyendo hospitales públicos y clínicas sin fines de lucro o públicas. Trump haría que la financiación fuera menos estable para estos proveedores, que son una fuente crítica de atención para los inmigrantes indocumentados”, alerta la experta.
Adicionalmente, algunos estados y condados proveen a inmigrantes indocumentados el acceso a seguros o cuidado usando fondos estatales o locales. “La derogación del Obamacare duplicaría el número de personas no aseguradas en los Estados Unidos y algunos estados y condados podrían decidir redirigir esta financiación a otros programas”, añade Lucia.

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