Crece la presión a Trump para que demuestre o retire su acusación de espionaje a Obama

Tiene dos opciones: retractarse o facilitar la información”, dice el senador republicano John McCain

rump, el sábado, en un almuerzo con miembros de su gobierno MANUEL BALCE CENETA AP

Donald Trump ha comprobado que, como presidente, su afición a lanzar acusaciones incendiarias en Twitter puede acarrearle problemas. Una semana después de acusar al expresidente Barack Obama de grabar sus comunicaciones antes de las elecciones de noviembre, ni Trump ni su equipo han presentado pruebas que lo respalden.

El presidente pidió al Congreso que investigue la imputación, pero crece la presión de legisladores de su propio partido, el republicano, que le piden que demuestre la inculpación o la retire. El serial ha descolocado a la Casa Blanca, que ha tenido que negar que Trump esté siendo investigado por los contactos entre su equipo y Rusia durante la campaña electoral. El FBI y varios comités del Congreso están indagando en esos contactos.

“El presidente tiene dos opciones: retractarse o facilitar la información que el pueblo americano se merece”, dijo este domingo a la cadena CNN el senador republicano John McCain, presidente del comité de servicios armados y crítico habitual de los exabruptos de Trump. “No tengo ninguna razón para creer que la acusación es verdadera, pero también creo que el presidente de Estados Unidos podría aclarar esto en un minuto”.

En otra entrevista, a la cadena FOX, el senador republicano Roy Blunt, responsable del comité normativo, recordó que Trump podría contactar directamente a las agencias de inteligencia para corroborar su acusación en vez de pedir al Congreso que la investigue. “El presidente mismo podría hacer esa pregunta”, dijo Blunt.

En paralelo, dos senadores del comité judicial, el republicano Lindsey Graham y el demócrata Sheldon Whitehouse, han pedido al FBI y al Departamento de Justicia “copias de cualquier orden judicial” relacionada con la intercepción de comunicaciones de Trump, su campaña o su rascacielos en Nueva York.

Trump no ha vuelto hablar del supuesto espionaje telefónico desde que lanzó la acusación, el 4 de marzo, en una serie de mensajes en Twitter con los que presumiblemente buscaba que se dejara de hablar de las polémicas reuniones entre el fiscal general, Jeff Sessions, y el embajador ruso en Washington. Antes de asumir la presidencia, el republicano atacó a las agencias de inteligencia después de que acusaran a Rusia de querer ayudarle electoralmente con el robo de correos del Partido Demócrata.

Las únicas reacciones que ha habido en el entorno de la comunidad de inteligencia han sido para desacreditar la acusación de Trump. El director del FBI, James Comey, pidió al Departamento de Justicia que negara públicamente la acusación del presidente, pero no lo ha hecho.

James Clapper, que fue director nacional de inteligencia hasta la investidura de Trump, dijo no tener constancia de que el Gobierno Obama hubiese pedido una orden judicial para poder instalar sistemas de espionaje en la Torre Trump de Nueva York.

Esa fue la acusación que lanzó Trump tras leerlo en medios de comunicación conservadores, que tampoco ofrecieron prueba alguna.

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.