Wall Street sube inmune al miedo político de Trump

Las expectativas de menos regulación e impuestos se imponen al temor a un giro proteccionista

Donald Trump, este viernes, en la planta de Boeing en Carolina del Sur. SEAN RAYFORD AFP

Cuando Donald Trump, contra lo pronosticado por la mayor parte de encuestas, ganó las elecciones presidenciales, Wall Street salió a celebrarlo como suele hacerlo: sacando el dinero a pasear, dándole al botón de compras y haciendo que el precio de las compañías subiera con alborozo. El índice de valores industriales Dow Jones, que es la principal referencia de la Bolsa de Nueva York y también el selectivo más seguido del mundo, se ha revalorizado un 10% desde entonces y ha tocado su récord histórico de los 20.000 puntos. Trump no gustaba entre las vacas sagradas del parqué y había despertado las críticas de varios premios Nobel de Economía (también de unos cuantos aspirantes a ello), pero ese showman y empresario metido a político acabó por despertar la euforia del mercado.

Ha habido, al menos hasta ahora, un efecto Trump en la Bolsa, pese a la sensacion de desgobierno que da la actualidad de Washington, con el escándalo ruso de por medio. Las promesas de desregulación combinadas con una rebaja de impuestos generalizada y más inversión en infraestructuras han pesado mucho más en los ánimos de los corredores de Bolsa que ese giro proteccionista que también caracteriza el discurso del nuevo presidente de EE UU. El republicano ha tratado de capitalizar ese rally bursátil: “La Bolsa marca un nuevo récord con la mayor ganancia continuada en décadas. Hay un grado enorme de confianza y optimismo, ¡incluso antes de darse a conocer el plan fiscal!”, dijo el jueves en su cuenta de la red social Twitter.

La nueva marcha del parqué, con todo, también se apoya en el buen rumbo de la economía, que atraviesa una situación de pleno empleo y crece de forma sostenida desde la Gran Recesión, aunque a un ritmo muy lento: el PIB cerró 2016 con una expansión del 1,6%, la más tímida de los últimos cinco años.

La cuestión ahora es si el discurso económico de Trump, la Trumpeconomía, seguirá convenciendo conforme vaya aterrizando en reformas y acciones concretas. También está por ver qué efecto de contrapeso puede llegar a causar una subida de los tipos de interés de la Reserva Federal —que fija la política monetaria de EE UU—, lo que encarece el precio del dinero y de los préstamos.

Hay quien estos días, desde las filas trumpianas, ha hablado de que EE UU asiste a la mayor ola de desregulación y rebajas fiscales desde Reagan. Pero el freno al comercio suele traducirse en más aranceles y estos, junto con las cortapisas a la inmigración, pueden lastrar el crecimiento.

La primera señal concreta, la retirada del Tratado Comercial con el Pacífico, no frenó la fiesta bursátil porque se trataba de un acuerdo ya herido de muerte. Sin embargo, el primer paso para reducir la regulación de la banca sí se ha dejado notar en la cotización de los bancos en forma del dólar, en el precio al que los bancos cotizan en la Bolsa. El 3 de febrero Trump firmó un par de decretos con los que, grosso modo, empezaba a revocar la llamada Dodd-Frank Act, que el presidente Barack Obama impulsó tras la caída de Lehman Brothers para atar más en corto a la banca y evitar los desmanes de la gran debacle financiera.

Desde las elecciones, el 8 de noviembre, los bancos acumulaban una revalorización del 25% gracias a la expectativa de menos regulación. El gigante Goldman Sachs, el banco del que proceden varios altos cargos del Gobierno de Trump, se ha disparado un 29% desde entonces.

Pese a algunas jornadas con leves descensos (como la de este viernes), el Dow Jones parece cómodamente instalado sobre la barrera de los 20.000 puntos. Mientras el mundo parece hecho un manojo de nervios por la llegada al poder de un hombre vociferante, heterodoxo e imprevisible, en Wall Street se hacen otro tipo de cálculos.

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