Una hambruna causada por el hombre

Por primera vez en su historia, el gobierno sursudanés declaró que la grave situación que vive el país es “provocada por el ser humano”.

Resulta que esta vez la hambruna no es culpa de la naturaleza: la sequía a la que se le ha achacado por años la muerte de miles de personas especialmente en África (todos recordamos Etiopía o Somalia), o las lluvias que también se cobran cientos de víctimas cada año no son las responsables de la tragedia que hoy azota a Sudán del Sur.

De acuerdo con el gobierno de ese país —que se creó apenas en 2011—, el hambre que azota a la mitad de la población “es provocada por el ser humano”.

Isaiah Chol Aruai, presidente de la Oficina Nacional de Estadísticas de Sudán del Sur, explicó que “en el norte del país, en la zona de Unidad, hay varias zonas en situación de hambruna por cuenta de la guerra que azota al país desde hace tres años”.

Desde 2013, Sudán del Sur está inmerso en un grave conflicto que enfrenta a sus dos principales etnias: dinka y nuer. Hasta el año pasado, esta confrontación había matado a 50.000 personas, llevó a campos de desplazados a un millón y medio de ciudadanos (el 15 % de la población) y obligó a huir al extranjero a otro medio millón. Además, hoy tiene a cerca de cinco millones de sursudaneses (sobre todo mujeres y niños) en emergencia alimentaria.

Resulta que las comunidades rurales que dependían completamente de la agricultura y el pastoreo se han visto obligadas a abandonar sus hogares, granjas y ganado. Hoy no tienen con qué alimentarse y como no producen, pues el hambre se ha extendido como un epidemia.

De acuerdo con organismos humanitarios, esta es una de las peores crisis alimentarias del mundo, y empeorará aún más si la violencia continúa. Tres organizaciones de Naciones Unidas —el Fondo para la Infancia (Unicef), la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)— indicaron que 100.000 sursudaneses son víctimas de la hambruna, el nivel más alto de la escala IPC.

“Una declaración formal de hambruna significa que la población ha empezado a morir de hambre”, indicaron las tres organizaciones en un comunicado conjunto. “La situación es la peor catástrofe de este tipo desde que comenzaron los enfrentamientos en el país africano hace más de tres años”.

“La principal tragedia (…) es que se trata de un problema causado por el hombre”, denunció Eugene Owusu, coordinador humanitario de Naciones Unidas para Sudán del Sur. Agregó que el conflicto y la inseguridad en la que viven los trabajadores humanitarios, que han sido atacados durante el ejercicio de su profesión, así como el saqueo de “bienes humanitarios” han agravado la crisis.

“Me gustaría aprovechar esta ocasión para instar al gobierno, a las partes beligerantes y a todos los actores a apoyar a los trabajadores humanitarios a proveer el acceso necesario y que sigan haciendo llegar nuestros servicios de socorro a las personas necesitadas”, declaró.

De acuerdo con información de Oxfam, la guerra brutal ha obligado a más de 830.000 personas a buscar refugio en los países vecinos, principalmente en Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda, en donde también hay escasez de comida.

La ilusión que miles de sursudaneses acogieron el 9 de julio de 2011, cuando Sudán del Sur celebraba su independencia del Norte, pronto acabó. La paz apenas duró unos meses y volvieron a vivir la tragedia histórica que los ha perseguido durante décadas.

El acuerdo de paz firmado en agosto de 2015, que facilitó la formación de un gobierno de unidad, quedó hecho añicos a causa de los combates que estallaron en Juba en julio del año pasado.

De acuerdo con informes de organizaciones humanitarias, miles de civiles han sido asesinados, quemados, castrados, colgados, ahogados, asfixiados o muertos por hambre. Sus cuerpos fueron abandonados o apilados en fosas comunes. Incluso se ha identificado un caso de canibalismo forzado. Pero no hay números. Extraoficialmente se habla incluso de 300.000 muertos, los mismos que se ha cobrado la guerra en Siria desde 2011.

Para que el campo vuelva a producir y se logre reducir un poco la tragedia, el país tendría que disminuir su población a menos de la mitad, volver a cultivar el terreno y formar una estructura de gobierno que pueda gestionar las ayudas económicas. Y todo ello pasa por que acaben los combates y muchas familias puedan cruzar el río Nilo y volver a sus hogares. Algo impensable a corto plazo.

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