México y Estados Unidos tratan de rebajar la tensión con una reunión de alto nivel

La Casa Blanca califica la visita de Tillerson y Kelly como un “comienzo alentador” de mejora de las relaciones

Tillerson, antes de partir a México. CARLOS BARRIA AFP

El Gobierno mexicano se ha convertido en un funámbulo en su gestión de su política con Estados Unidos. Los repetidos traspiés del presidente, Enrique Peña Nieto, y su Gabinete antes y después de la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, han forzado que cada paso que se geste en el Palacio de los Pinos sea medido al milímetro y que su principal objetivo sea tratar de pasar de puntillas hasta que se templen los ánimos, si es que eso es posible. Así, el Gobierno mexicano maneja con extremada prudencia la visita de este jueves del secretario de Estado, Rex Tillerson, y de Seguridad Nacional, John Kelly, a la capital del país más vilipendiado por su jefe.

La actitud tiránica del inquilino de la Casa Blanca con México, en especial con su promesa estrella, la construcción de un muro entre la frontera de ambos países, y las deportaciones masivas que quiere llevar a cabo lo más pronto posible, contrasta con la postura oficial del Departamento de Estados ante la visita de Tillerson y Kelly. El mensaje que traen es claro: Trump no quiere destruir todos los puentes con México. El vecino del sur es un país, asegura el Gobierno, con el que Washington sigue muy interesado en mantener una relación estrecha y constructiva pese a la dura retórica del presidente republicano. Para aplacar ese tono y mostrar el interés por mantener abiertas las vías de comunicación, están Tillerson y Kelly en Ciudad de México. El objetivo de la visita es “darle el tono adecuado, un tono positivo, de aquí en adelante” a la hasta ahora maltrecha relación bilateral, adelantaron fuentes oficiales en Washington.

“Tenemos una relación muy saludable y robusta con el Gobierno mexicano y los funcionarios mexicanos. Y creo que ellos compartirían ese sentimiento”, aseguró el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, este miércoles. La visita supone un “comienzo muy alentador para la relación de trabajo con nuestro increíble vecino del sur”, añadió.

Una muestra de la importancia que la Administración Trump le da a la relación con México es, a su juicio, que se trata del primer viaje de Kelly desde que fuera confirmado como secretario de Seguridad Nacional y solo el segundo de Tillerson, que previamente viajó a Alemania. La constancia de que México no obvia la relevancia del encuentro es que el presidente tiene previsto recibir a los dos funcionarios estadounidenses, quienes se reunirán también con el canciller mexicano, Luis Videgaray y los secretarios mexicanos de Interior, Finanzas, Defensa y Marina.

La agenda de los encuentros que proporcionó el Departamento de Estado –la Secretaría de Exteriores mexicana se ha mostrado muy cauta- a principios de semana es tan escueta como vaga: “Cuestiones relacionadas con la seguridad fronteriza, la cooperación en la aplicación de la ley y el comercio”. Ambas partes quieren hacer calar la idea de que hay temas en común a discutir más allá del muro fronterizo que ya ha separado tanto a los dos Gobiernos y que tanto indigna a los mexicanos. “El muro es solo parte de una relación más amplia que tenemos con México”, aseguraron fuentes del Gobierno estadounidense, aunque admitieron que sobre este punto existen “claras diferencias en la cuestión del pago”.

“El objetivo de este viaje es buscar cómo podemos construir una relación constructiva basada en intereses comunes en materia de seguridad, inmigración, en temas de la economía” porque, al fin y al cabo, “va en interés de los dos países construir una relación fuerte de cara al futuro”.

Pero las palabras deben venir acompañadas de hechos y estos no indican la misma buena voluntad: solo 24 horas antes de que ambos tomaran un avión rumbo a México, el ministerio de Kelly publicaba las directivas que permiten poner en práctica los decretos de Trump en materia de seguridad fronteriza e inmigración y que, en los hechos, abren la puerta a una deportación masiva de inmigrantes indocumentados, en buena parte mexicanos, y a la construcción del muro fronterizo que Trump insiste en hacer pagar a su vecino.

La llegada de Tillerson y Kelly a la capital mexicana se produce en un contexto similar a la que vivió Videgaray en el primero de sus dos viajes a Washington en la era Trump. Al mismo tiempo en que negociaba la finalmente cancelada visita a la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto, Trump anunciaba su intención de construir el muro y de pasarle la factura a México, hecho que llevó al presidente de ese país a cancelar su estancia en la capital estadounidense, prevista inicialmente para el 31 de enero. Aunque Videgaray regresó unos días más tarde a Washington para seguir negociando, entre otros la visita que ahora le devuelven Tillerson y Kelly, ni entonces, ni hasta ahora, se ha vuelto a hablar de una nueva fecha para un posible cara a cara entre Trump y Peña Nieto, una relación sobre el alambre.

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