La ‘implosión’ de la oposición venezolana

La MUD pasó de la gloria electoral a un estado calamitoso de desconexión con los ciudadanos.

Foto: Juan Barreto / AFP
Los venezolanos se desanimaron pronto con la oposición, que no supo materializar su apoyo.

Con mínimo entusiasmo, quienes se oponen al gobierno del presidente Nicolás Maduro recibieron esta semana la noticia de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) anunciará “muy pronto” su reestructuración.

Sí, la misma coalición de partidos políticos que arrebató al chavismo la mayoría de la Asamblea Nacional en las elecciones de diciembre del 2015 hoy busca recuperarse del golpe autoinfligido y casi fatal de haberse sentado a dialogar con el Gobierno cinco días después de la suspensión oficial del referéndum revocatorio presidencial.

Es decir, en el momento de mayor efervescencia popular, cuando gran parte de la ciudadanía estaba jugándose el todo por el todo en la calle, la oposición les echó un baldado de agua fría al entrar en un diálogo que hoy reconocen como frustrante y como una de las razones que más los desconectaron del venezolano. La oposición estuvo de tumbo en tumbo y de yerro en yerro.

A pesar de las reticencias iniciales, ya prácticamente ningún líder de la MUD defiende haber participado en esas conversaciones, e incluso reconocen el fracaso de estas por errores elementales como “no tener claros” los objetivos o “no haber sabido defender” sus posiciones, la suspensión de la protesta en la calle y la presión política a través del parlamento.

Con ese ‘mea culpa’ pretende rescatar la confianza del venezolano opositor, al mismo tiempo que subsanar sus grietas.

“No estamos divididos, estamos aturdidos (…), quedamos atrapados en un proceso de culpas sobre lo que debimos haber hecho o si hicimos o cómo lo hicimos”, explica el presidente de la Asamblea Nacional y del partido opositor Primero Justicia, Julio Borges. “Ahora está desarrollándose otro proceso dentro de la MUD, y esperamos responder tres cosas: nuevas reglas del juego, un nuevo gobierno de la MUD y un plan de vuelo, nuestra ruta política y estratégica”, concluye.

Pero de puertas adentro, la lucha es intestina. Algunos partidos apuestan por la protesta escalada, masiva y frontal por encima de la presión a través del diálogo, que aún no ha sido descartado por todos. La combinación de ambas tácticas parece ser el terreno común, pero todavía no se acuerdan los mecanismos para tomar las decisiones –si será por consenso total o de los partidos mayoritarios, como ha sido hasta ahora– ni cómo comunicarlas a sus seguidores. Tampoco hay acuerdo sobre la solución de dilemas como el “desacato” que el Tribunal Supremo de Justicia le ha declarado a la Asamblea Nacional.

“Lo que está pasando dentro de la MUD es una guerra de vetos. Los partidos están preocupados por su espacio de influencia y entre sí quieren imponerse la estrategia”, explica el politólogo y director de Venebarómetro Edgard Gutiérrez.

Un dirigente de la coalición que pidió mantener su nombre en reserva comentó decepcionado a EL TIEMPO: “A muchos se les nota que están haciendo cálculos para las presidenciales del 2018”, mientras que otros advirtieron que algunos partidos pequeños apuestan al desmantelamiento de la MUD para pescar mayor influencia en el mercado opositor.

No obstante las diferentes perspectivas, la MUD comparte un objetivo claro: la necesidad de reactivar las elecciones como mecanismo para evitar un estallido social y retomar el camino democrático. Borges asegura que en la coalición también hay acuerdo en llamar y asumir como una dictadura al gobierno de Nicolás Maduro “para tomar acciones en consecuencia”.

Como parte de la reestructuración también está planteado sumar a la coalición la participación de sectores como las universidades, los estudiantes, los sindicatos y fuerzas campesinas, con el mantenimiento de los partidos políticos como los principales ejecutores y estrategas.

Si bien la profunda crisis económica y social del país juega políticamente a su favor, la pericia de la dirigencia opositora para reconectar con su base está a prueba como nunca antes, pues en el futuro inmediato no cuenta con el poder aglutinador del voto.

De hecho, el Consejo Nacional Electoral suspendió formalmente las elecciones regionales –que debió organizar el año pasado por mandato constitucional– hasta que no se lleve a cabo un proceso de “renovación” de partidos anunciado esta semana.

Pero con o sin elecciones, no es poca la cuesta por remontar para la MUD, pues luego de sentarse a dialogar con el Gobierno, el número de venezolanos que se autodefinía como opositor cayó de 53 a 43 por ciento en noviembre del 2016, según el sondeo de Venebarómetro.

“No tengo datos que me permitan decir que esa caída se mantuvo. En cambio, sabemos que quienes se autodefinen como chavistas siguen inamovibles entre 29 y 31 por ciento de la población, por lo que la oposición tendrá que ver muy bien cómo juega sus próximas cartas”, sostiene Gutiérrez.

“El opositor autodefinido como tal es un bloque compacto y radicalizado, con actitud política muy clara, y acusa directamente a la dirigencia de haber perdido la posibilidad del revocatorio. La oposición quedó en estado de perplejidad, y hay gente que perdona y hay gente que no”, advierte Gutiérrez.

Borges apuesta a la reconstrucción de una relación que sabe rota, pero “no irrecuperablemente”.

El diálogo aún está vivo

Una de las razones por las que la oposición no termina de zafarse del diálogo instalado con el Gobierno en octubre del año pasado es porque el papa Francisco extendió una invitación tanto a la MUD como al gobierno del presidente Maduro para reunirse con él directamente en el Vaticano.

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, aseguró que el santo padre lo hizo a través de la Nunciatura Apostólica para que la reunión se llevara a cabo a fines de enero, con la idea de ayudar personalmente a las partes a alcanzar acuerdos concretos.

El diputado advirtió que la reunión no se llevó a cabo porque aún no ha habido avances, sobre todo del Gobierno, en el cumplimiento de los compromisos adquiridos –como la liberación de los presos políticos– en las dos únicas rondas de diálogo que se llevaron a cabo.

Sin embargo, señaló que la posibilidad de ese encuentro con el Papa aún está sobre la mesa.

VALENTINA LARES MARTIZ

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