Fidel Castro ya fue enterrado en la ciudad de los próceres

Actos políticos y religiosos ponen fin al periplo de las cenizas, sepultadas este domingo.

Foto: Eliana Aponte El líder cubano fue enterrado en un cementerio en Santiago de Cuba, en una ceremonia a la que no tuvo acceso la prensa.

Foto: Eliana Aponte
El líder cubano fue enterrado en un cementerio en Santiago de Cuba, en una ceremonia a la que no tuvo acceso la prensa.

Los restos de Fidel Castro reposan eternamente desde este domingo en el Cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, tras nueve días de duelo nacional y un recorrido por tierras cubanas que fue haciéndose más y más emotivo conforme la sencilla comitiva que acompañó al armón militar con su urna de cedro.

Precedieron su arribo el sábado a la capital del oriente de Cuba dos vigilias. Una fue el jueves en Camagüey, después de pasar la noche anterior en Santa Clara junto a los restos de Ernesto ‘Che’ Guevara.

La otra fue el viernes en Bayamo, la capital de la provincia Granma donde el 2 de diciembre de 1956, justamente 60 años antes, encalló el yate Granma (la embarcación donde un puñado de exiliados cubanos liderados por Fidel llegó a Cuba para comenzar su lucha guerrillera).

Entrada la noche, las calles de esta ciudad estuvieron repletas. Los bayameses esperaron al líder de la revolución coreando consignas. La más nueva y repetida es “Yo soy Fidel”. Otras son “Comandante en jefe, ¡ordene!”; “Fidel, amigo, el pueblo está contigo”, “Fidel, Fidel, qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”.

Las carreteras, particularmente cerca de núcleos más urbanos, estuvieron llenas de gente.

En el poblado de Sibanicú, Rodolfo Moreno, de 51 años, dependiente de una cafetería, pasó la noche entera junto a la carretera central esperando la carroza. “Él tenía la capacidad de decir siempre la verdad al pueblo. Le habló con franqueza a la gente y defendió a los pobres y a los más humildes de los abusos de los ricos”, dijo.

Los opositores no piensan así, pero estos días estuvieron recogidos, más por la vigilancia de la seguridad del Estado que por voluntad propia.

Sin embargo, miles de cubanos cubrieron los andenes en los cerca de 1.000 kilómetros de recorrido. Llegaron a caballo, en moto, bicicleta o caminando desde bohíos, poblados o núcleos urbanos agitando banderas, letreros. No faltaron los ‘armados’ de sus teléfonos móviles para captar el instante del paso de la comitiva. No hay duda de que hubo organización en el recorrido. Grupos de operarios iban por delante colocando panorámicos y las administraciones locales instalaron grandes banderas cubanas en edificios y empresas. Pero en los balcones de las casas ondearon enseñas tricolores más pequeñas. “Si no costaran 11 fulas (equivalente a 12 dólares) seguro que habría muchas más”, dice a EL TIEMPO un simpatizante.

En las horas finales aumentaron las expresiones de dolor por la pérdida de quien luego de cinco decenios de poder muchos consideran un “padre”, el único gobernante que conocieron hasta que fue sustituido por Raúl Castro, en 2006.

Es como si al acercarse a la región oriental donde nació 90 años atrás sus paisanos lo sintieran aún más que los capitalinos.

La mañana del sábado la caravana emprendió rumbo a Santiago, última morada de Fidel donde reposarán sus restos junto al héroe nacional de la isla, José Martí. La noche del sábado, se realizó el segundo acto de despedida al que asistieron personalidades que no pudieron viajar a La Habana. Entre ellos el presidente de Angola; Ségolène Royal, en representación del presidente francés François Hollande; los exmandatarios de Brasil, Dilma Rousseff e Inácio Lula da Silva. Evo Morales repitió viaje.

No podía faltar Diego Armando Maradona. “Fidel era como mi segundo padre”, dijo al llegar a Cuba. El jugador de futbol, que pasó largas temporadas para tratar sus problemas de drogas y desarrolló una estrecha relación con el ahora fallecido dirigente comunista, recordó: “En un momento gris de mi vida, Fidel me abrió las puertas de Cuba. Él era quien me aconsejaba sobre lo que podía hacer”.

Tan estrecha que cuando comenzó hoy la ceremonia de inhumación en el Cementerio de Santa Ifigenia –donde Fidel Castro pidió ser enterrado junto a los otros próceres de la patria–, el astro argentino fue uno de los pocos amigos y conocidos más íntimos que acompañó a la familia a una misa privada. Un ritual inesperado para el comunista que tuvo una relación controvertida durante años con la religión. Pero antes, un acto político en la plaza Antonio Maceo de esa ciudad despedirá a Fidel con un último discurso de su hermano, el presidente Raúl Castro.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
La Habana

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