Los españoles juegan con el dinero

La cantidad de dinero jugado se ha cuadriplicado en los últimos tres años

Un usuario consulta una página de juego online desde su ordenador. CARLOS ROSILLO

Un usuario consulta una página de juego online desde su ordenador. CARLOS ROSILLO

Por las venas de Oscar García-Pelayo corre sangre de jugador. Su padre, Gonzalo, inspiró la película The Pelayos, que narra cómo logró desbancar casinos de todo el mundo con un método legal basado en la imperfección de las ruletas. Ahora él se enfrenta al póquer… y gana. Aunque cada vez menos. Ya no le dedica las ocho horas diarias a jugar, formarse y enseñar a otros. Ya no está a cargo de la operadora familiar que contaba con 2.000 jugadores activos al mes. Ya no juega póquer en España. Y es que algo cambió: Entró en vigencia la Ley de Juego.

Desde que el Gobierno regularizara el juego online en 2012, las críticas y el dinero no han faltado. La cantidad jugada se ha cuadruplicado, alcanzando los 8.500 millones de euros el año pasado (esta cifra no incluye la lotería online), según datos de la Dirección General de Ordenación del Juego. Y este año promete no decepcionar a los 52 operadores del rubro. El segundo trimestre hubo un aumento del 32% respecto al mismo periodo del año anterior, con un monto equivalente a todo el dinero jugado el año que arrancó la normativa (2.731 millones de euros).

Hay una trampa, como en todo juego. Antes de que se creara la ley, que obliga a las empresas extranjeras a tener licencia para operar en España, el sector movía volúmenes de dinero bastante mayores, que no se pueden precisar debido a la irregularidad. García-Pelayo critica que la normativa “cerró el mercado”. Al obligar a que solo se pueda jugar entre españoles, los operadores perdieron mucho tráfico. “Nos quitaron jugadores que dejaban mucha pasta y eran malos. Les decíamos “los primos”, que solían ser de Europa del Este, Turquía o EE UU”, afirma desde Chile.

Los reparos a la ley

Laura Guillot, experta en la industria del juego, también tiene reparos con el resultado que ha arrojado la Ley de Juego. La fuerte fiscalidad y los impuestos (25%) —de los más altos de Europa— hacen que “el negocio no sea rentable”. El poder jugar online solo entre españoles provoca una falta liquidez internacional y por ende, la actividad pierde atractivo. Las cuotas son menores y para los operadores pequeños es “muy difícil entrar a competir”. Con la ley, cuatro multinacionales abandonaron el mercado español al igual que otros 10 operadores. Uno de ellos, el de García-Pelayo, que debía pagar “una licencia millonaria de 300 y pico mil euros” para seguir operando. Fuentes de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) afirman que estas consecuencias son parte de “un proceso natural” al mudarse a un entorno legal.

Ahora las apuestas son las que se roban la atención de los 671.900 jugadores activos. La mitad del dinero que gastan va para este segmento, ya sean deportivas o hípica. Lo siguen los juegos de casino (36%) y el póquer (13,7%). Las luces del bingo y los concursos están casi fundidas, recibiendo menos del 1% del dinero que se invierte, porque los márgenes de ganancia también son muy bajos. Guillot atribuye el salto de las apuestas deportivas a que son “fáciles y emocionales” y los nuevos jugadores, jóvenes, prefieren apostar al Barcelona o al Madrid, en vez de jugar al bingo. Sacha Michaud, presidente de JDigital, lo atribuye a la entrada de nuevos operadores que no habían solicitado las licencias, además del corazón deportivo del español.

Cuando se anunció la regulación del juego online, que hoy representa un cuarto del mercado de juego, las expectativas de recaudación por parte de Hacienda eran altas: Entre 80 y 120 millones de euros. Según datos de la Agencia Tributaria, el 2012 recaudaron 101 millones y la suma ha descendido gradualmente hasta los 52 millones el 2015. “Las estimaciones del tamaño del mercado eran exageradamente altas”, explica Michaud. Agrega que lo recaudado por Hacienda no va en línea con el aumento de la cantidad de dinero jugada porque los impuestos se aplican a lo que ingresan las casas de apuesta (GGR). Para García-Pelayo la regulación del juego online “fue una chapuza” con el único objetivo de recaudar dinero cuanto antes “para tapar o maquillar la pésima gestión administrativa de nuestros gobiernos en los últimos años”.

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