Un sucio debate que le puede salir costoso a Donald Trump

Tendencia de encuestas favorece a Hillary, y alfiles republicanos clave se retiran de la campaña.

Foto: Jim Young / REUTERS El nivel de los calificativos que se oyeron en el debate del domingo no se había visto nunca e

Foto: Jim Young / REUTERS
El nivel de los calificativos que se oyeron en el debate del domingo no se había visto nunca e

Si mi papá estuviera viendo esto estaría muy avergonzado”. La frase de Michael Reagan, hijo del presidente Ronald Reagan, resume muy bien la telenovela solo para adultos en la que terminó convertido el debate de este domingo entre Donald Trump y Hillary Clinton, los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos.

Fueron noventa minutos en los que millones de estadounidenses y televidentes en el mundo entero los vieron cayendo bajo: destapando relaciones extramaritales, discutiendo obscenidades y soltándose insultos que causaron el sonrojo de más de uno.

Tanto, que entre los medios y expertos del país no hubo la menor duda a la hora de catalogarlo como el debate más sucio y negro en toda la historia de este tipo de encuentros televisivos. “Esto es muy triste y da pena. Es quizá la noche más oscura en la edad moderna de la política estadounidense”, dijo David Axelrod, alto asesor del Partido Demócrata que trabajo en las campañas presidenciales de Barack Obama. (Lea también: Las frases más fuertes entre Hillary y Trump durante el debate presidencial en Estados Unidos)

Si bien Clinton también puso su grano de sal, fue sin duda Trump el que se puso los guantes desde los primeros minutos. Incluso desde una hora antes, cuando convocó una rueda de prensa con mujeres supuestamente maltratadas por el expresidente Bill Clinton y a las que invitó a sentarse en la primera fila del auditorio donde se realizó el debate en San Luis, Misuri.

Ya en el intercambio, el magnate llamó al expresidente el “peor abusador de mujeres de toda la historia” y le sacó en cara a Hillary haber defendido al violador de una niña de 12 años cuando era abogada litigante.

Trump decidió ventilar nuevamente los escándalos del expresidente como una estrategia para equilibrar las cargas luego de la tormenta que se desató el viernes pasado cuando circuló un video en el que se le oye hablando en términos muy vulgares sobre mujeres e incluso aceptando que las habría abusado sexualmente.

El incidente generó un repudio masivo dentro de su propio partido donde muchos líderes políticos le retiraron su respaldo.

Y aunque en el debate pidió disculpas, fue muy criticado por el tono desafiante que empleó y por usar a Clinton para justificar su conducta en lugar de mostrar verdadero arrepentimiento. (Además: Robert De Niro sobre Trump: ‘Me gustaría darle un puño en la cara’)

Pero no fue solo eso. En determinado momento, y tras llamarla mentirosa en varias oportunidades, Trump amenazó con “meterla en la cárcel” por haber utilizado un servidor privado para manejar sus comunicaciones cuando era Secretaria de Estado (algo que estaba prohibido).

Pero el comentario desató una polvareda entre los expertos pues lo vieron como una amenaza digna solo de un dictador que además no entiende que un presidente de EE. UU. no tiene facultades para meter a alguien en prisión.

También la llamó “el diablo”, y una persona con “mucho odio en el corazón”, acusándola en por lo menos diez oportunidades de cosas que terminaron siendo mentiras.

Clinton no desaprovechó el momento para golpearlo cuando surgió el tema del video, destacando no solo su récord de ataques contras las mujeres sino contra latinos, musulmanes, afroamericanos y otras minorías.

Pero en términos generales evitó caer al mismo nivel de Trump y se dedicó a defenderse de sus ataques y presentar sus programas de gobierno. (También: ‘Va a terminar en la cárcel’: amenaza de Trump a Clinton en debate)

Aunque algunas encuestas posteriores la dieron como ganadora (en la de CNN triunfó con 57 por ciento contra 34 de Trump), hubo consenso en que la noche de Trump, a pesar de sus bajezas, terminó siendo positiva pues logró acorralar a Clinton cuando cuestionó su récord en política exterior y la mostró como una política de esas que “solo hablan y hablan y no cumplen con nada”.

Así mismo, los analistas creen que el magnate hizo lo suficiente como para cauterizar la hemorragia que lo estaba matando desde la aparición del video (algunos republicanos hasta le pidieron abandonar la carrera y ceder el lugar a Mike Pence, su candidato a la vicepresidencia).

Pero muy poco para expandir una base de votantes que día a día se está volviendo más estrecha y que ya venía esfumándose incluso antes de que estallara el escándalo del video.

En el promedio de encuestas de Real Clear Politics, Clinton ya le saca seis puntos de ventaja y varios estados claves como Ohio, en los que se pensó podía ganar, se están inclinando ahora hacia la ex primera dama. (Lea: Mujeres, el centro de los ataques de Trump a los Clinton)

De hecho, en un sondeo realizado por la NBC y el Wall Street Journal posterior a la aparición del vulgar video –pero anterior al debate del domingo– Hillary le saca 14 puntos con el 52 por ciento de las intenciones de voto contra el 38 por ciento de Trump.

Más que la enorme ventaja, la encuesta también revela algo que debe tener a la campaña del magnate en pánico: Clinton ha comenzado a registrar números por encima del 50 por ciento, algo que solo había sucedido brevemente tras la convención republicana a finales de julio. Y aunque la carrera sigue siendo impredecible, el panorama para Trump sigue luciendo oscuro.

Este lunes Paul Ryan, el mismísimo presidente del Congreso de Estados Unidos, anunció que no hará más campaña en favor del multimillonario y que dedicará los últimos 29 días que le quedan a la contienda impulsando las campañas de legisladores republicanos que quieren llegar o mantenerse en la Cámara de Representantes.

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