Todos ganamos con el plebiscito por la paz

Por Ángela María Giraldo

Crédito: GUILLERMO LEGARIA/AFP/Getty Images)

Crédito: GUILLERMO LEGARIA/AFP/Getty Images)

Además de convocar a las fuerzas políticas, el presidente Santos debe llamar y empoderar, en esta segunda oportunidad, a la sociedad civil y a las víctimas para que ayuden a revisar los acuerdos.
Ángela María Giraldo

Nota del editor: Ángela María Giraldo es hermana de Francisco Javier Giraldo, diputado del Valle del Cauca, secuestrado con fines políticos en 2002 y asesinado por las FARC en 2007. Es promotora del acuerdo humanitario y del Derecho Internacional Humanitario y ha sido comisionada de paz de la Gobernación del Valle del Cauca, asesora de cooperación internacional de la Presidencia de la República y de la Alcaldía Mayor de Bogotá D.C. Actualmente es presidenta de su propia firma de consultoría. Es odontóloga de profesión con maestría en ortodoncia y maestría en Ciencias Políticas .

El presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos, convocó el día domingo al plebiscito para refrendar el Acuerdo de Paz alcanzado con las FARC, buscando darle legitimidad, sostenibilidad y garantía de cumplimiento. No era una obligación, sin embargo: consideró un deber democrático consultarle a la ciudadanía, acerca de esta decisión de tanta transcendencia nacional.

os resultados obtenidos superaron con creces la participación esperada del 13% del Censo Electoral, el cual equivale a 4.536.922 votos, que debía sacar alguna de las opciones para resultar ganadora. Los votos por el sí estuvieron alrededor de los 6.377.482 que equivalen al 49.78% y por el no ascienden a 6.431.376 correspondientes al 50.21%, con una diferencia que no supera el 0.43 %.

Lamentablemente pudimos comprobar que la democracia es imperfecta, no siempre la mayoría está facultada para tomar decisiones en situaciones asimétricas. El centro de Colombia y las ciudades capitales —que son las más pobladas y que no han vivido tan crudamente las consecuencias de la guerra— decidieron por las zonas rurales y marginales, las menos pobladas, donde se han desarrollado los combates, confrontaciones armadas y han puesto el mayor número de víctimas del conflicto armado.

Aunque este panorama podría parecer desalentador para algunos, hoy tenemos una oportunidad de oro en la que debemos unirnos los del sí y los del no para fortalecer el Acuerdo y realizar los ajustes que satisfagan las expectativas de todos.

Los familiares de los diputados del Valle del Cauca secuestrados y asesinados por las FARC —aspirando a interpretar la voz de muchas de las víctimas de Colombia, que ven en el Acuerdo de Paz la posibilidad de esclarecer la verdad y tener las garantías de no repetición de la violencia— solicitaron al Gobierno Nacional y a las FARC mantenerse en la mesa de negociación con el fin de encontrar alternativas que conduzcan al fin del conflicto y a la anhelada paz entre los colombianos.

Las FARC manifestaron públicamente tras conocer los resultados del plebiscito que “mantienen su voluntad de paz y reiteran su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro.”

Igualmente es de resaltar la actitud del expresidente Álvaro Uribe quien también reiteró su voluntad de paz e invitó a las FARC a continuar en la negociación.

Por su parte el presidente Santos enfatizó en que convocará “a todas las fuerzas políticas, en particular a las que se manifestaron por el no, para escucharlas y abrir espacios de diálogo para determinar el camino a seguir”, y añadió que “vamos a decidir entre todos cuál es el camino que debemos tomar para que esa paz sea posible”.

Es importante señalar que el triunfo del no no es patrimonio exclusivo del Centro Democrático, pues también representa la inconformidad, descontento y desprecio de los ciudadanos frente a las FARC y a la clase política tradicional.

Además de convocar a las fuerzas políticas, el presidente Santos debe llamar y empoderar, en esta segunda oportunidad, a la sociedad civil y a las víctimas para que ayuden a revisar los acuerdos.

En repetidas ocasiones las partes negociadoras han manifestado que las víctimas somos el centro del Acuerdo, no obstante sólo hemos sido llamadas a dar testimonio del dolor y del sufrimiento padecido a causa del conflicto armado.

Las víctimas tenemos mucho que aportar en el país que debemos construir para consolidar una paz estable y duradera, pues tenemos el conocimiento y la experiencia necesaria para establecer los ajustes que se requieren hacer en cada uno de los acuerdos suscritos por las partes y así evitar que se repitan las atrocidades de la guerra que hemos vivido por más de cinco décadas en nuestro país.

Uno de los puntos más sensibles es el relacionado con la Jurisdicción Especial para la Paz y el tipo de sanciones que deben cumplir los responsables de crímenes de lesa humanidad. Ese tipo de sanciones deben ser consultadas con las víctimas a fin de satisfacer su derecho a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

Nuestro reto como colombianos es edificar colectivamente un nuevo capítulo en la historia de Colombia, en el que prime la reconciliación y la paz, para avanzar así hacia un país cohesionado, justo y equitativo, en homenaje a aquellos que sacrificaron su vida y bienestar para dar fin a este conflicto armado.

Hoy, es reconfortante percibir que todos ganamos con el plebiscito, pues nos permitió evidenciar que existe un gran anhelo nacional de paz que nos une, a pesar de nuestras diferencias, y es justamente ese anhelo el elemento esencial para no desfallecer después de tantos intentos fallidos es la búsqueda de la esquiva reconciliación entre los colombianos.

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.