Siglo XXI aún no vira hacia un mundo sin hambre

Millones de personas sufren a diario por desnutrición en el mundo y la reacción de la comunidad internacional es insuficiente. FOTO AFP

Millones de personas sufren a diario por desnutrición en el mundo y la reacción de la comunidad internacional es insuficiente. FOTO AFP

El panorama del hambre en el mundo está en el mismo punto de hace 60 años. Si bien distintas estrategias han logrado mermar esta problemática en determinadas zonas, el crecimiento exponencial de la población —en especial de la más pobre—, el maquillaje de las cifras con criterios politizados, y la falta de políticas de largo aliento en países en desarrollo no permiten avances sustanciales.
Hoy, en el Día Mundial de la Alimentación, hay poco que celebrar. No obstante, la fecha recuerda al mundo la importancia de trabajar para que cientos de millones de personas suplan con suficiencia sus necesidades nutricionales en un entorno más equitativo que el actual.
Sin que la comunidad internacional muestre resultados positivos, graves amenazas se ciernen sobre el cumplimiento de un objetivo tan ambicioso, entre ellas, conflictos que dejan millones de desplazados y, más aún, el cambio climático generado por un sistema todavía insostenible.
Causas del atraso
Basados en el Índice Global del Hambre 2016, que recaba datos publicados por gobiernos en el mundo o hace cálculos basados en otros indicadores, se puede decir que ha habido ciertos progresos puntuales; no obstante, la alerta es evidente teniendo en cuenta que más de 50 países presentan niveles graves de hambre en sus poblaciones.
Aproximadamente 795 millones de personas en el globo padecen desnutrición, según este mismo informe. Países como India, que se jactan actualmente del crecimiento que han experimentado, se ubican en el puesto 97 de 118. Todo esto indica “la inmensa injusticia que aún impera en el mundo”, según afirmó en rueda de prensa Bärbel Dieckmann, presidenta de la organización humanitaria alemana Welthungerhilfe, que realiza el estudio.
¿Cuánto se ha avanzado en esta materia? Consultado por EL COLOMBIANO, Enrique Cruz García, economista y docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), explicó que respecto a décadas pasadas, los progresos son mínimos.
“Hay un momento muy interesante en el cual se nota que no se ha avanzado casi nada en términos de lucha contra la pobreza y el hambre: cuando el Banco Mundial cumple 60 años (2005). Hizo una evaluación del balance de su labor, que tiene como lema ‘Por un mundo sin pobreza’. Descubre que había más pobres en el momento del estudio que 60 años atrás, lo cual es muy frustrante. Y una de las conclusiones del ente fue que la población se ha reproducido tanto que parece que no había una forma efectiva de combatir el hambre”.
¿Qué ha causado tan poco progreso de la comunidad internacional frente a este problema? Para Cruz, no se debe olvidar que hay siempre un elemento politizado en las cifras:
“Por lo general la información referente a la lucha contra el hambre o índices de desnutrición está sujeta a cuestiones políticas. Todos los líderes afirman que disminuyeron la miseria en los países. Y pueden hacer estas afirmaciones porque realizan subsidios a la población a través de alimentos, apoyos, becas, etc, a determinados sectores que más los necesitan. Pero mediante estos esquemas repetitivos de combate a la pobreza —vistos desde las décadas de los cincuentas y sesentas— no se solucionan realmente problemas como la desnutrición y el hambre”.
Desde Ciudad de México, el experto en demografía y desarrollo añade otros dos elementos que dificultan el avance de la comunidad internacional en esta lucha: el poblacional y el cultural.
“En primer lugar la problemática se perpetúa porque la población sigue creciendo. Y dos, si se enseña a la gente a pedir pero no a producir, a la larga cuando se acaban los recursos para repartir, la gente sigue viviendo igual”, argumentó.
Por último, el experto repite que no se pueden obtener resultados tangibles en escenarios donde la lucha contra la pobreza y el hambre está politizada y por tanto las estrategias para combatir estos problemas son de corto plazo.
“En México se le llama maquillar las cifras. Se falsean, y todo pareciera que funcionara bastante bien mientras uno como investigador no viaje a las zonas donde se están estableciendo esas políticas. Se da uno cuenta de que muchas de ellas son simplemente programas que se ponen en marcha por temporadas, como en vacaciones, donde se les brinda ayuda simplemente para que por ejemplo la gente vote.
Entonces mientras no cambie esa cultura hacia una perspectiva de progreso a largo plazo, que modifique sus condiciones de vida para mejor, la gente se conformará con lo poco que le dan”, dijo.
Agricultura es herramienta
Si algo genera acuerdo entre las palabras de los entes oficiales, las ONG, y académicos como el experto de la Unam, es que no se puede concluir, en cualquier caso, que todo el mundo está fracasando en la lucha. Hay, a pesar de todo, algunas zonas del planeta que están progresando notablemente en esta materia.
“22 países han logrado impresionantes avances” en la lucha contra este mal, según se desprende nuevamente del Índice Mundial del Hambre 2016. Myanmar, Ruanda y Camboya se cuentan entre ellos, y lograron reducir a la mitad la tasa de hambruna.
Welthungerhilfe explica que tras el fin de guerras y conflictos armados, que generalmente llevan a la desnutrición, los respectivos gobiernos de estos países asumieron la responsabilidad por sus poblaciones. “Además, la cooperación al desarrollo y las inversiones han sido exitosas”, explicó Dieckmann.
¿Cuál debe ser la estrategia para consolidar esos avances o, en los casos preocupantes, lograr cambios sustanciales? Para Naciones Unidas, se debe adaptar la agricultura al cambio climático y evitar que este fenómeno cause más hambrunas. Esto es, si el clima cambia, la agricultura y la alimentación también deben hacerlo.
El director de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, sostuvo que “no se pueden evitar las sequías, pero sí impedir que estas deriven en hambrunas si se toman las medidas apropiadas”.
Se calcula que más del 80% de la población que pasa hambre vive en países que sufren desastres naturales y degradación ambiental.
En este sentido, con políticas destinadas a reducir el desperdicio de alimentos en las urbes, como el fomento de la agricultura urbana, y la redistribución de los excedentes de comida, se podría iniciar un camino mucho más positivo.

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