Nobel por descifrar el reciclaje celular

El japonés Yoshinori Ohsumi fue premiado por descifrar la autofagia, un proceso de limpieza y reciclaje dentro de las células.

El japonés Yoshinori Ohsumi trabaja en el Instituto de Tecnología de Tokio. / AFP

El japonés Yoshinori Ohsumi trabaja en el Instituto de Tecnología de Tokio. / AFP

Las células, como cualquier ciudad, empresa o casa, cuentan con un mecanismo de limpieza y reciclaje de muchos de sus componentes. Este año los miembros del Instituto Karolinska de Suecia, encargados de elegir al ganador del Premio Nobel de Medicina, decidieron premiar al biólogo japonés Yoshinori Ohsumi por haber explicado en una serie de brillantes experimentos cómo funciona ese proceso.

Para la época en que Ohsumi terminaba sus estudios de doctorado en la Universidad de Tokio, en 1974, un científico belga, Christian de Duve, recibía el Premio Nobel por haber descubierto dos décadas atrás la existencia del componente más importante de ese sistema de reciclaje celular: los lisosomas. Más allá de que esas pequeñas vesículas eran capaces de “autocomer” distintas partes de la propia célula y degradarlas como si se tratara de una licuadora, nadie sabía mucho más acerca de ellas.

En 1988, cuando Ohsumi logró conformar su propio laboratorio, decidió concentrar una parte de sus esfuerzos en resolver ese problema. El japonés usó la levadura de pan para comenzar sus experimentos, por ser células parecidas a las humanas y bastante conocidas entre los científicos.

Para 1992, Ohsumi ya había definido un método claro y aceptable para estudiar cómo las células, especialmente cuando pasan hambre, incrementan los procesos de “autofagia” para sobrevivir, y tenía limpio el camino para comprender los genes involucrados.

Provocando mutaciones en las levaduras, el biólogo japonés y sus colaboradores establecieron muy pronto los 15 principales genes responsables del proceso, así como el rol de ciertas proteínas. También probaron que las células de muchos organismos operaban bajo el mismo principio.

“Gracias a Oshumi y otros que siguieron sus pasos, ahora sabemos que la autofagia controla importantes funciones fisiológicas cuando ciertos componentes celulares necesitan ser degradados y reciclados”, anotaron los jurados del Nobel en un comunicado.

La autofagia resultó un proceso vital de la vida, pues puede proporcionar con rapidez combustible y renovar componentes de las células cuando se exponen a inanición u otros tipos de estrés. Más aún, en situaciones como infecciones, este proceso de degradación permite que las células destruyan bacterias y virus. También resultó clave en el desarrollo embrionario, la diferenciación celular y el envejecimiento.

Daniel Klionsky, de la Universidad de Michigan, resumió los descubrimientos de Oshumi para los periodistas diciendo que las “células llevan a cabo una danza de limpieza 365 días al año”.

En estudios posteriores a los trabajos de Oshumi se ha demostrado que las fallas en los procesos de autofagia celular están asociados a la enfermedad de Parkinson, la diabetes tipo 2, algunas enfermedades genéticas e incluso cáncer.

“Ha sido una excelente decisión”, comentó el bioquímico Volker Haucke del Instituto Leibniz a propósito del Premio Nobel de este año, “le han otorgado el premio a un científico que investigó un fenómeno en la levadura que era visto como algo secundario hasta hace poco pero resultó ser central en la biología molecular”.

Oshumi, un hombre conocido por su modestia, dijo que este tipo de investigaciones “es algo que una sola persona no puede hacer” y agradeció a todos los estudiantes e investigadores que trabajaron con entusiasmo en su laboratorio a lo largo de 27 años.

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