El futuro de Caño Cristales (COLOMBIA)

La necesidad de este maravilloso escenario natural no es que lleguen los viajeros, sino contar con la logística indispensable para satisfacer sus necesidades básicas.

Por: Marcela Díaz Sandoval*

En días soleados es muy común que en el río Caño Cristales sobresalgan tonos como el rojo y en zonas de sombra el verde. / Fotos: Jhonatan Ramos

En días soleados es muy común que en el río Caño Cristales sobresalgan tonos como el rojo y en zonas de sombra el verde. / Fotos: Jhonatan Ramos

Hasta el pasado 12 de octubre, Caño Cristales era para mí una de las maravillas colombianas pendientes por conocer. La belleza natural que se aprecia en sus fotos, la imponencia de su inmensidad y la pureza de su entorno lo han convertido en el río más hermoso del mundo y enlistado en el top diez de lugares más apetecidos por los turistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, esos títulos y honores en nada se comparan con la sensación de estar allí.

Llegar implica una travesía que vale la pena realizar. Desde Bogotá, Medellín y Villavicencio salen vuelos directos con la aerolínea Satena, hasta el municipio de La Macarena. “Aquí los turistas no pueden venir sin previo aviso, porque tenemos una capacidad de carga limitada, es decir, de personas que pueden transitar por el lugar sin afectar el entorno”, explica Francy Lesmes, guía turística y quien recomienda contratar una empresa de turismo días antes del viaje.

Una vez instalados en La Macarena, los expertos certificados se encargan de movilizar a los visitantes hasta Puerto Inderena, para iniciar un recorrido de 15 minutos en bote por el río Guayabero, hasta Los Mangos; ahí los espera un carro que los transporta aproximadamente ocho kilómetros hasta el Mantel de Cajucha. Después de 20 minutos de caminata, las personas pueden elegir entre cinco opciones de senderos. El más corto es de 2,5 kilómetros y el más largo alcanza los doce. Independientemente de lo que escojan, la experiencia es igual de fascinante.

Quien lo apodó como un arcoíris terrenal, supo hacer el símil perfecto. Son cerca de cinco colores básicos –amarillo, azul, verde, rojo y negro– los que atrajeron en 2015 a 15.600 visitantes. “Los colores de Caño Cristales no los da un alga, sino la pigmentación de plantas acuáticas que carecen de raíces. En días soleados es muy común que sobresalgan tonos como el rojo y en zonas de sombra el verde. El amarillo viene de las rocas y la arena, y el azul se da por el reflejo del cielo”, cuenta Lesmes.

No es un río muy ancho ni caudaloso, por eso los lugareños lo llaman caño. Realmente no sobrepasa los 20 metros de ancho y su longitud no va más allá de los 100 kilómetros. Sin embargo, la tranquilidad que transmite es enorme. Visitarlo es el plan perfecto para quienes buscan contacto inmediato con la naturaleza y desconectarse por unas horas del resto del mundo, pues la señal de celular es nula. (Vea también: Un día en el rio de los siete colores)

Territorio de posconflicto

Les confieso que una de las razones por las que había retrasado la visita a Caño Cristales tenía que ver con la seguridad. El departamento del Meta fue por años una de las regiones más afectadas por el conflicto armado. “La buena noticia es que este tema es parte del pasado. Independientemente de los acuerdos que se firmen, desde el Gobierno estamos trabajando por convertir zonas con connotación de conflicto en territorios de desarrollo y paz. Por el momento son cuatro: Sierra de La Macarena, Camino a Teyuna en la Sierra Nevada, Putumayo y el Darién en el Urabá”, aseguró María Claudia Lacouture, ministra de Comercio, Industria y Turismo.

La ministra, Sandra Howard, viceministra de Turismo, y el general William Salamanca, director de Protección y Servicios Especiales de la Policía Nacional, visitaron esta zona del Meta para fijar acciones que favorezcan el turismo. Entre ellas, determinaron la creación de senderos y “vamos a establecer en algunos miradores unas barandas para evitar que las personas se caigan, instalar puentes porque hay momentos en que el agua del río sube y es difícil completar la ruta turística. Además de señalización y paradas en las que los visitantes puedan descansar y consumir alguna fruta”, agregó Lacouture.

Acciones que aunque parecen simples, les permitirán a los turistas tener una experiencia más agradable, respetando el entorno pero supliendo las necesidades básicas. El segundo tema en el que intervendrán tiene que ver con los empresarios y su impulso a la competitividad, pues actualmente La Macarena cuenta con aproximadamente 15 casas de hospedaje, pero ningún hotel establecido.

En cuanto a seguridad, explicó, contrario al pensamiento popular, Caño Cristales está vigilado por policías y soldados del Ejército que monitorean la zona por aire y tierra. Se espera que en 2017 haya un total de 1.100 uniformados de turismo trabajando en todo el país y brindándoles información a los viajeros en los diferentes destinos.

“Hace cinco años no pensábamos en estos espacios. El reto en ese momento era la seguridad; hoy el desafío es lograr una Colombia en paz, segura y tranquila. Por eso estamos aquí para conocer en terreno qué les podemos aportar y cómo mejorar nuestras capacidades. En una primera instancia mejoraremos los medios logísticos con bicicletas y cuatrimotos para hacer una presencia mucho más efectiva”, afirmó el general Salamanca.

*Invitación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo

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