Brasil se hartó de la política y votó por nuevos rostros

El Partido de los Trabajadores, que le dio la victoria electoral a la destituida presidenta Dilma Rousseff, no conquistó ni una alcaldía de ciudad principal en las elecciones de Brasil. FOTO AFP

El Partido de los Trabajadores, que le dio la victoria electoral a la destituida presidenta Dilma Rousseff, no conquistó ni una alcaldía de ciudad principal en las elecciones de Brasil. FOTO AFP

Brasil sufrió una reconfiguración de su escenario político con las elecciones municipales de este domingo. No solo hubo una abstención histórica, sino que el declive de movimientos tradicionales fue contundente, mientras formaciones nuevas e independientes arrasaron para sorpresa de muchos.
Esta vez, más de 25 millones de electores, de los 144 millones convocados a las urnas, decidieron no votar. La mayor tasa de abstención tuvo lugar en Río de Janeiro (20,5 %), seguida por otros focos electorales, como Salvador de Bahía, Sao Luis, Belo Horizonte y Sao Paulo, donde la cifra de los que no ejercieron su derecho llegó al 18,3 %.
Tres fueron los motivos, según Giovanny Reyes, internacionalista de la Universidad del Rosario. El primero, que en las elecciones municipales de Brasil , a diferencia de las nacionales, pesó más la crisis económica que atraviesa el país, e importaron más los liderazgos locales que la representatividad de partidos.
La falta de confianza y la indiferencia, que resultó por la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff, fueron otro factor. “La gente decía: para qué votar si de todas formas no se respeta el voto y todo está cocinado”, comenta Reyes.
Por último, continúa el experto, hay una recomposición de los actores en el poder: los que venían en el poder, como el Partido de los Trabajadores (PT), no coinciden ni en estilo ni en ideología con los grupos emergentes, como algunas iglesias neopentecostales, grandes sectores de la agroindustria, sectores de contratistas y financieros.
Muerte de los tradicionales
El PT, el mismo que le dio la presidencia a Luiz Inácio Lula da Silva y a Rousseff, cosechó para estos comicios sus peores resultados en dos décadas.
El partido pasó del tercer al décimo lugar en número de votos; perdió la alcaldía Sao Paulo, que era su fortín, así como Sao Bernardo do Campo, cuna del PT y lugar de residencia del expresidente Lula, y Porto Alegre, donde vive Rousseff desde su destitución.
“Hay una gran desilusión de los brasileños con la clase política. Los escándalos de corrupción por el caso Petrobrás, un desempleo horroroso y la falta de soluciones distintas por parte de los políticos tradicionales desencantaron a muchos”, interpreta Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Wilson para la investigación.
Aunque no se atreve a pronosticar si esa tendencia se mantenga hasta el 2018, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales, para él es clave que en su país haya presiones fuertes que permitan reorganizar el número de partidos, así como una mejor identificación de actores políticos
“Esta es una crisis que vamos a evidenciar por una década. Si bien no vamos a retroceder a la situación anterior, la de la política corrupta, tampoco sabemos para dónde vamos”, anota Sotero, para quien el espacio de los “tiranos” lo ocupan y ocuparán nuevas caras, “candidatos que sepan ponerse a beneficio de las urgencias actuales de la gente: hastío y desempleo”.
Y es que los datos finales del escrutinio mostraron que el gran vencedor de la jornada del domingo fue el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que además de conquistar unas 800 ciudades, le dio la victoria de Joao Doria en Sao Paulo.
El secreto del éxito del PSDB, según su secretario general, Silvio Torres, es que “en vez de culpar a sus adversarios por los 13 años que pasó en la oposición, se arremangó y fue a la lucha”.

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