António Guterres, el socialista que llegó a la cúspide de la ONU

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“Guterres es el mejor de todos nosotros”, escribió Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dio un concepto unánime para que su amigo en el socialismo y en el poder, alcanzara la cúspide de la diplomacia y se convirtiera en el próximo secretario general de la ONU.
“Llegó ahí porque continuó siendo aquello que ya era a los 19 años de edad, una figura impar por su capacidad de lucha y la competitividad que mostró en su candidatura. Luchó como si fuese el último combate de su vida. Y realmente lo era”, afirmó ayer el presidente cuando, entre euforia y esperanza, el pleno de la Asamblea aprobó el nombramiento.
Y es que al menos en Portugal recuerdan a António Guterres, su exprimer ministro, como un hombre virtuoso.
“Tal vez su único defecto es que busca excesivamente el diálogo cuando necesita tomar decisiones”, considera João Manuel Mendes Ribeiro, embajador de los lusos en Colombia, refiriéndose a los años 90, cuando en su país, la sociedad, los sindicatos y la Asamblea General estaban divididos por las políticas laborales, y Guterres menguó el desencanto, incluso teniendo un Gobierno minoritario.
“Es un hombre que privilegia el diálogo, el profundo diálogo, que logra la atención de los interlocutores, que nunca impone sus ideas. De palabra, de compromiso y conmovido con la miseria, como lo requiere un secretario general”, insiste Mendes Ribeiro, para quien en sus nuevas funciones el líder portugués tiene lo imprescindible:
Conocer la maquinaria de las Naciones Unidas, porque fue Alto Comisionado para los Refugiados; entender las vicisitudes del mundo; dedicarse por completo a la causa humana, que desde joven lo movió, cuando se entregó de voluntario para atender a afectados por inundaciones en Lisboa, y tener claro que debe potenciar lo bueno y corregir lo malo.
Lo malo, dice, “aunque pudo ser malo en Portugal, finalmente es favorable en la búsqueda de consensos que debe procurar un secretario general”. Y es que en ese país no fue bien visto que Guterres transitara entre el Partido Socialista, su familia política natural de izquierda moderada, y la derecha.
Sus metamorfosis le costó aceptación entre quienes comenzaron a dudar que el propósito de Guterres fuera luchar contra la injusticia social. No obstante, ayer se demostró que afuera de Portugal, el próximo secretario general de la ONU es el hombre al que todos quieren.
Unánimes
Aunque pocas veces la Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido unánime respecto a un tema que a todos involucra, la elección de su próxima cabeza lo fue.
Entre nueve candidatos, disímiles en intereses y origen; pese a que el turno de secretario general le correspondía a un representante de Europa del Este y a que voces de todo el mundo exigían que la seleccionada fuera una mujer, los 193 estados miembros de la ONU eligieron a Guterres por aclamación.
“Su estatura y competencia diplomática, junto con su amplia experiencia en una gama de áreas, lo hacen una persona eminentemente apta para esta posición”, dijo en nombre del grupo de Latinoamérica el embajador chileno, Cristian Barros.
“Confiamos en su valor y sabiduría para hacer una contribución importante y duradera”, señaló Georgia por parte de Europa del Este.
“Total confianza en su experiencia, capacidad y preparación”, indicó por Europa Occidental el representante británico, Matthew Rycroft.
“Trae al puesto conocimiento, capacidades profesionales, visión, experiencia y sabiduría como un político y líder veterano”, concluyó el embajador de Kuwait, Mansour Al Otaibi, representando al grupo de países del Asia-Pacífico.
Y aunque la embajadora estadounidense en Naciones Unidas, Samantha Power, confesó que tenía dudas sobre el próximo secretario general, dijo que se encontró sorpresivamente con un candidato que trae “cabeza y corazón” al puesto, alguien capaz de tener a los jefes de Estado al teléfono para movilizar coaliciones y que a la vez es una persona “de la gente”, alguien “que siente el dolor de los vulnerables”.
Un líder maniatado
Las cualidades de Guterres y el consenso que despierta entre regiones distantes parecen suficientes. Sin embargo, a Sandra Borda, decana de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, le cuesta creer en la capacidad de maniobra de un secretario general.
“Naciones Unidas no se caracteriza por ser la organización más democrática, y la elección de un secretario se trata más bien de un ejercicio en que las potencias hegemónicas, que son las que están en el Consejo de Seguridad, ponen a alguien que no les vaya a pisar los cables”, opina Borda, y considera que estos personajes suelen ser tímidos en términos estratégicos y capaces de satisfacer a países con agendas muy distintas en asuntos internacionales.
De hecho, Borda califica a Guterres como una de esas figuras que políticamente no está ni de un lado ni del otro, y reprocha que haya militado en la izquierda, que se haya arrepentido y que ahora sea indescifrable. “Típico perfil de secretario general”, asevera, y añade que la nueva cabeza de la ONU tendrá que asumir desafíos globales que a Ban Ki-moon le quedaron grandes.
Y es que en el mundo de la última década los conflictos dejaron de ser entre estados y las Naciones Unidas tuvieron que empezar a lidiar con problemas que desconocían, sin capacidad aún de adaptarse a ellos. El terrorismo internacional, el cambio climático y las migraciones en masa por el Mediterráneo y Centroamérica son solo algunos.
Frente a ellos, Juan Ramón Martínez, internacionalista de la Universidad del Rosario, cree que Guterres, al ser una persona de consensos y al haber entendido que el éxodo masivo es prioritario para el multilaterismo, es un líder idóneo.
Además, con muy buena lectura en Washington, Londres y París, así como en Moscú y Beijing, el portugués tiene todo para poder resolver las diferencias entre las potencias y la tensión cada vez más preocupante entre Rusia y Estados Unidos por Siria.
De otro lado, Diego Cediel, internacionalista de la Universidad de La Sabana, menciona como preocupante la invasión de Rusia en Ucrania, que encendió las alarmas diplomáticas y que Guterres, como europeo, tiene más chance de solucionar; y las afrentas nucleares de Corea del Norte con el sistema internacional.
Pero Marc Chernick, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, ve en Guterres una oportunidad, sobre todo, para Colombia. “Él viene del campo de los refugiados y desplazados, y si en Colombia se logra solucionar el conflicto, él seguramente tendrá un papel primordial para resolver las crisis que quedarán”.
Y si de coyuntura se trata, Jean Luc Poncelet, representante de la OPS en Haití y presente en la zona sur del país, donde el huracán Matthew dejó a 1,4 millones de personas afectadas y en riesgo de contraer cólera, llama la atención del nuevo secretario y le dice: “Haití se olvida y los desastres ponen a la vista de todos las deficiencias del desarrollo, que si Guterres y el Gobierno no solucionan en la próxima década, vamos a tener nuevas y más grandes tragedias”.

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