Las calles y plazas de Roma, sumergidas en basura

El asedio de los residuos desde los suburbios a Parioli; la capital se convierte en un vertedero al aire libre

Basura en la plaza de Santa María en Trastevere (Roma). FRANCO ORIGLIA GETTY

Basura en la plaza de Santa María en Trastevere (Roma). FRANCO ORIGLIA GETTY

Neveras, puertas de armarios viejos. Bidés, sillas y sacos abarrotados. Hay un poco de todo en el gran supermercado del vertedero Roma, es decir, calles, plazas y callejuelas que se asfixian en la crisis de los residuos. Una situación de degradación que se ha vuelto insostenible, porque no hay un solo barrio en el que el decoro y la limpieza sean norma.

La alcaldesa del Movimiento Cinco Estrellas, Virginia Raggi, aseguraba hace unos días que, según lo que está escrito en el plan de AMA (la empresa municipalizada que se ocupa de la recogida y eliminación de residuos), “antes del 20 de agosto la ciudad estará limpia”. Una fecha que es un espejismo, porque del centro a la periferia, de Parioli a Corviale, del Tuscolano al Esquilino, la imagen es la de un vertedero al aire libre.

El barrio de Tor Bella Monaca se lleva sin duda la palma de oro al suburbio más sucio. En el municipio donde la regidora Raggi obtuvo el mayor número de votos en la segunda vuelta, la situación es impresionante, por no decir algo peor. “La concejala de medio ambiente, Paola Muraro, debería presentar su dimisión ante esta porquería. Faltan instalaciones para la eliminación de residuos. “¿Qué deberíamos hacer, comernos la basura?”, grita Enzo Ticconi, jubilado, mientras señala las pilas de colchones, sillas y mesas apiladas en medio de Via dell’Archeologia. Y montañas de residuos de casi dos metros de altura cubren los contenedores del Viale Santa Rita di Cascia, también en Tor Bella Monaca. “Menudo cambio, la alcaldesa Raggi no ha resuelto nada, este barrio está cada vez más abandonado”, protesta Antonietta Cometta, una residente de la zona. Y en Largo Ferruccio Mengaroni, donde hace un mes unos niños grabaron con el móvil las idas y venidas de los ratones obligando a la regidora a realizar una inspección, los agujeros y las ratas son todavía visibles.

También en otros distritos los residuos son los protagonistas. En Prenestino, via Zenodossio es como la tienda de un ropavejero: en las aceras hay sofás viejos y muebles de salón. En Portuense, el soberano del reino de la basura abandonada es un bidé metido en una caja y tirado en via Bombelli, y transformado a su vez en un minivertedero. “Lleva 10 días ahí tirado. ¿Hasta cuándo vamos a tener que aguantarlo?”, se pregunta el hijo del dueño del bar Bombelli. Rabia también entre los vecinos de los suburbios de Corviale, donde los residuos voluminosos bordean todas las calles, de Via Poggio Verde hasta via di Mazzaurati. Hay cajas, somieres, maletas, mesas. “Corviale está sucio, da asco. La responsabilidad es de AMA, que no limpia, pero también es culpa de los ciudadanos incívicos”, ataca Massimo Vallati, fundador de Calciosociale.

Ni siquiera las zonas bien de la capital escapan a la “gira de la basura”. Bolsas negras con restos de comida y desechos sobresalen de los contenedores de Piazzale Cardinal Consalvi, en Parioli, mientras que la tapa de un contenedor, víctima de una operación fallida de los operarios de AMA, ocupa la calzada. Degradación y vertederos también a pocos pasos del Vaticano. En la plaza Maresciallo Giardino, en el barrio de Prati, las bolsas llenas de las papeleras de hierro fundido se han cambiado, pero siguen abandonadas en la calle. Y en Portunese, en Via Leone XIII, hay que esquivar los sofás abandonados. “AMA limpia las calles a trompicones, cada dos días – denuncia Giulia Tagliapetra, residente de la zona – pero los ciudadanos tenemos que seguir pagando la tasa de basuras”.

Los habitantes de los suburbios de Bravetta y Torpignattara (via della Marranella está en condiciones vergonzosas) son algunos de los más furiosos. “Que Virginia Raggi cumpla las promesas que hizo durante la campaña electoral”. Pero de momento, dadas las condiciones de la ciudad, para solucionar la crisis de residuos haría falta un milagro.

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