Clinton crecería con terceros candidatos

Los terceros candidatos con más alta popularidad en Estados Unidos, Evan McMullin, Jill Stein y Gary Johnson tienen más cercanía con Clinton que con Trump. FOTO Cortesía P. VERDE Y LIBERTARIO

Los terceros candidatos con más alta popularidad en Estados Unidos, Evan McMullin, Jill Stein y Gary Johnson tienen más cercanía con Clinton que con Trump. FOTO Cortesía P. VERDE Y LIBERTARIO

No todos los votos de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2012 fueron para los tradicionales demócratas y republicanos.
El 1,72 % del escrutinio lo recibieron representantes de otros partidos: el Verde, el Libertario, el de la Constitución, el de la Libertad, entre otros que suman decenas y que responden a convicciones muy particulares de ese país.
Esta vez, muy por debajo de Hillary Clinton y Donald Trump, en la disputa por la Casa Blanca hay una serie de aspirantes que, si bien por sí mismos no obtendrían posiciones privilegiadas en esta contienda, en la medida en que se acerquen a uno de los dos candidatos, podrían volverse determinantes.
La primera es Jill Stein, médica internista de Harvard y una ambientalista de centroizquierda que desde hace más de dos décadas intenta hacer carrera en el Verde.
Aunque su cercanía ideológica con el excandidato demócrata Bernie Sanders la aproxima ahora a Clinton, a quien no le vendrían mal los casi 500.000 votos que la militante recibió cuando quiso hacerle contrapeso a Barack Obama en 2012.
Después, por el Partido Libertario, defensor a ultranza de la economía de libre mercado y los derechos individuales, como la orientación sexual o la libertad de circular por le territorio sin importar la nacionalidad, también hay un candidato fuerte: Gary Johnson, exgobernador de Nuevo México.
El trío de los fuertes lo completa Evan McMullin, un mormón y exagente de la CIA que, cansado de los desatinos de Trump, decidió separarse de las filas de los republicanos para construir, a última hora, una candidatura independiente.
Sin chance de prosperar
Aunque este último no ha sido medido por encuestas, los dos primeros obtendrían entre un 4 y un 10 % de los votos en las elecciones de noviembre, según un sondeo del Centro de Investigaciones Pew, lo que podría ser crucial si confluyen que se construyan coaliciones, que la contienda dé sorpresas y que vuelven a augurarse resultados muy estrechos entre la republicana y el magnate, como sucedió hace un mes, dice Ethan Rarick, director del Instituto Político Robert Matsui de la Universidad de California.
De hecho, continúa el analista, los terceros candidatos a veces pueden cambiar el debate en las elecciones estadounidenses, planteando cuestiones o perspectivas que no se discuten por los tradicionales e incluso favorecer a determinado candidato, que pone como ejemplo el año 2000, cuando un candidato de un tercer partido (Ralph Nader) recibió votos que de otro modo habrían ido al candidato demócrata, Al Gore, lo que permitió la victoria de George W. Bush.
No obstante, aclara, “ningún candidato de un tercer partido ha ganado más de un 20 % de los votos en más de 100 años”.
¿Las razones? De acuerdo con Yann Bassett, experto en temas electorales de la Universidad del Rosario, se trata de un tema estrictamente logístico. “Las elecciones en Estados Unidos requieren una organización muy compleja, fondos millonarios y apoyo en todos los estados, lo cual resulta complicado sin la maquinaria de los republicanos y demócratas”.
La idea la apoya Emilio Viano, catedrático de la American University, para quien tener un partido en una república federada requeriría tener influencia y oficinas en 52 jurisdicciones. A eso se suma que el marcado bipartidismo de Estados Unidos, “que no permite la extensión de ideas distintas”, fue prácticamente una decisión del pueblo desde el inicio de la democracia para asegurar cierta estabilidad en un país enorme y complejo.

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.