Cannabis boricua pudiera llegar a ser el más caro del mundo

Por: José Santiago Gabrielini – Especial para Diario de Puerto Rico

José Santiago Gabrielini

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Cuando fue sometido el Proyecto del Senado 517 de la autoría de Miguel A. Pereira Castillo, jamás éste imaginó que serviría de pie forzao’ para la busconería más grande por parte del gobierno, tal vez en la historia de Puerto Rico. Me refiero a la industria no legislada del cannabis medicinal en la Isla. Una medicina, sin lugar a dudas y en primer lugar, para las quebradas arcas del gobierno del ELA, cuyo equipo económico, empezando por el gobernador, vieron con calculadora en mano y los ojos fuera de las orbitas, una manera bastante fácil de atraer millones al erario, en aras de la salud.

Atrás quedó la despenalización y el enfoque social de Pereira. Atrás quedó el que más jóvenes no continúen siendo procesados criminalmente y encarcelados por poseer o fumarse un pitillo, moto, gallo o tabaco, como lo quieran llamar. La planta sigue siendo proscrita, ahora más que nunca, a no ser que la cultive o la vendan los reglamentados por el gobierno.

Que sensible suena el político cuando se llena la boca con la enfermedad de otros. Cuando “piensa” en los pacientes de cáncer, VIH, esclerosis múltiple, enfermedad de Crohn, fibromialgia, Alzheimer, artritis, desórdenes de ansiedad, Parkinson, anorexia, migraña, hepatitis C, lesiones en el cordón espinal, dolor crónico, espasmos musculares o náuseas severas, que se beneficiarán con el cannabis y sus derivados. Un espectro de 250,000 pacientes padecen esas condiciones.

Todo luce chévere, hasta que mencionamos que un dispensario o un cultivador tendrá que pagar entre $5,000 a $7,000 anuales por su registro o derecho a operar su negocio, en adición a una inversión considerable, tanto en la planta física, como en seguridad. Para que tenga usted idea, un cultivador, por pequeño que sea, además de pagar el registro, debe cercar la propiedad con una doble cerca de al menos 12 pies, y 3 pies de separación entre una y otra. Con un sistema de seguridad electrónico que envie 24 horas una señal de video y fotos a un centro de comando, y deberá tener al menos dos guardias de seguridad 24/7 (Reglamento 8766 Capítulo VII, art. 40-c).

Nada más en ese renglón, pagándole a $8 la hora a los guardias, tendrá un gasto de $382 diarios ($11,520 al mes), sin contar con agua, luz, equipos, mantenimiento, empleados, etc, antes de podar la primera matita, que se cosecha cada cuatro meses. Es decir, que con estos costos, el cannabis boricua puede llegar a ser el más caro del mundo.

Para los gansos preocupados por nuestros pobres pacientes ¿No era más fácil y económico para el enfermo, cultivar en uno o dos tiestos sus propias matitas de marihuana? ¡Ups perdón! Cannabis medicinal y hacerse un guarapo, que la gansería que ustedes, parranda de buscones, se han inventado, para explotar aún más a los pobres pacientes y enriquecer a unos pocos que tengan el capital para seguir haciéndose ricos a costillas del dolor de otros.

Lo bonito del caso es que se supone que en ‘corruptolandia’ no vamos a ver desvio de material a los puntos del país, o robos de encapuchados a cultivadores y dispensarios, etc. Otra cosa que puede suceder, y para lo que no hay que llegar a ser Nostradamus, es ver a los dueños de dispensarios en guerra con los puntos, porque en la calle se venda más barata la yerba, perdón, el cannabis y haciéndole el cuento o el ‘lloraito’ a usted amigo lector, de toda la inversión y esfuerzos que han tenido que hacer para montar su negocito.

Responsablemente aclaro, que en torno a la industria del cannabis existen personas decentes, científicos, médicos y organizaciones serias, que nada tienen que ver con los entuertos y decisiones del gobierno de Puerto Rico, sus métodos y propósitos. Volverá el pobre paciente a ser el perjudicado, solito allí en su casa, con su dolor y pesar, mientras la llamada “industria emergente” descorchará champagne a tutiplén, gracias al “protector de la sociedad”: el gobierno y sus intereses.

El autor: Es periodista, investigador jurídico y autor de varios libros en el campo del manejo y resolución de conflictos. Está certificado en Análisis de Conflictos del United States Institute of Peace y en Mantenimiento de la Paz y Resolución de Conflictos Internacionales del Instituto de Adiestramiento e Investigación de las Naciones Unidas. El pasado artículo está basado en su opinión personal y no en un diagnóstico o informe en su campo profesional.

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