PROMESA: ¿Callejón sin salida que desemboca en la estadidad?

José Santiago Gabrielini

José Santiago Gabrielini

Por: José Santiago Gabrielini – Especial para Diario de Puerto Rico

La realidad del caso es que cada día más el pueblo, una inmensa mayoría de los comerciantes, la gente de a pie, esperan con ansias que llegue la Junta de Control fiscal, y de comienzo el régimen del control estadounidense sobre la Isla. Y mucho se ha hablado y especulado sobre este asunto trascendental e histórico.

Se dice que la junta no tan solo le roba autonomía al gobierno insular y que es un ente con poderes plenipotenciarios, un supra gobierno, capaz de despedir empleados públicos, cancelar contratos, rechazar presupuestos, etc. Se dice que viene con un único propósito, y es el de pagarle a los bonistas, que primero eran la alternativa perfecta y luego pasaron a ser buitres. Supongamos que todo eso y un poquito más, sea y traiga la Junta de Control fiscal. Pero lo cierto es que ya el gobierno del ELA y el pueblo de Puerto Rico disfruta de los beneficios de la ley PROMESA.

Sí, pues si esa ley no se hubiera aprobado, hace ya varias semanas que estaríamos encarando cientos o miles de demandas por cientos o miles de millones de dólares. Y como las ramas de gobierno no pueden pasar por encima de la constitución del país, y mucha de la monumental deuda está garantizada en la propia constitución, cualquier tribunal, especialmente el federal donde se hubiera radicado muchas demandas, hubiera ordenado la congelación de fondos de Hacienda y el Banco Gubernamental de Fomento (BGF). Tan sencillo como eso.

Me parece increíble, ver y escuchar cómo comunicadores, políticos y alicates, se afanan por distorsionar esa realidad. No sean mezquinos, no confundan más al pueblo, díganle la verdad. Pero si no lo hacen, da igual, porque en muy poco tiempo todos ustedes estarán buscando acomodo razonable ante la funcionalidad operante que le brindará la ley PROMESA a este asfixiado país. Y no se confundan, no alabo las virtudes de esta ley, pero no hay razón para tratar de ocultar lo que a todas luces es un salvavidas para Puerto Rico.

La ley PROMESA no solo nos quito del pescuezo las demandas, sino que obliga a sus creadores, el gobierno de Estados Unidos, a hacer todo lo posible por no hacer el ridículo en su colonia ante la comunidad de naciones. Los congresistas y políticos estadounidenses saben que si hacen un gobierno más liviano, despidiendo gente, si ese fuera el caso, tienen que hacer más capaz a la industria privada de absorver esos empleos, e inclusive fomentar el auto empleo, mediante programas e incentivos a los que no tiene derecho el pueblo de Puerto Rico por su estatus colonial y la desigualdad que nos arropa.

Puede que esta Junta, y muy especial el ‘task force’ recién nombrado y encargado de recomendar vías y alternativas que incentiven la economía, se tropiecen con el callejon sin salida de la estadidad. Sí, así como lo oye. Porque tendrían que seguir haciendo leyes especiales o decretos para su colonia, a fin de que esta pueda ser viable para programas e incentivos a los que solo tienen derecho los ciudadanos americanos residentes en los estados.

Los gringos no tienen nada que inventar, simplemente otorgar lo que ya está dispuesto y que hace que la economía de EEUU funcione para todas esas contingencias. Programas de desarrollo para las empresas, programas para empleo de personas mayores, programas para cuido de niños e incentivos laborales para las madres, programas para desarrollo de la agricultura, de las ciencias y las artes, programas amplísimos de vivienda pública y para la adquisición de vivienda… Programas vedados hoy para los colonizados ciudadanos americanos, indígenas de segunda clase. Una realidad que antes era una retórica acomodada a oídos del político estadounidense y que mañana, cuando lleguen con su varita mágica a la Isla, y se inserten en la cultura del desmadre, se convertirá en la más sencilla de las opciones; la estadidad. O seguir dándole al ELA longaniza para la panza a cambio de nada.

Cuando alguien se mete a administrar una propiedad suya en la que había delegado en otros su gobierno, declara con su acto la ineptitud del anterior administrador y asume la responsabilidad ante los ojos de todos. Viene a decir cómo se hacen las cosas. Viene con el cráneo de que se vean los resultados. Si nole interesa, la vende o la regala. Tal vez por eso se demoró tanto en ser aprobado PROMESA. Una ley obligada por las circunstancias, producto del fracaso de una fórmula colonial, un fracaso del dueño y la finquita, que abre las puertas a un desenlace obligado. Un asunto de tiempo y efecto, más que de lógica.

Se le infectó una uña al Tio Sam y decidió no sacársela, no extirparla del cuerpo, sino curarla con antibiótico. ¿Una costosa medicina, para alguien a quien no le importa una uña? Estados Unidos ha demostrado tener interés en retener la Isla. Bien sea por los vínculos creados, por la historia y el tiempo transcurrido o por la incuantificable suma de dinero invertido, por todas las anteriores o por muchas más, Estados Unidos no parece inclinado a facilitarle la independencia a Puerto Rico.

El autor:  Es periodista, investigador jurídico y autor de varios libros en el campo del manejo y resolución de conflictos. Está certificado en Análisis de Conflictos del United States Institute of Peace y en Mantenimiento de la Paz y Resolución de Conflictos Internacionales del Instituto de Adiestramiento e Investigación de las Naciones Unidas. El pasado artículo está basado en su opinión personal y no en un diagnóstico o informe en su campo profesional.

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