Crónica de noventa muertes no anunciadas en Niza

FOTO AFP FOTO AFP

FOTO AFP

POR RICARDO ABDAHLLAHCOLABORACIÓN ESPECIAL – PARÍS (FRANCIA)  Contrario a lo que se dice, no todas las personas que estaban presentes la noche del jueves en el Paseo de los Ingleses de Niza lo hacían movidos por un sentimiento patriótico. Se trataba, sobre todo de una fiesta.
En la capital de la Costa Azul, como en París, Lille o Estrasburgo, los fuegos artificiales del 14 de julio son una ocasión para llevar a los niños a pasear o encontrarse con los amigos para tomar cerveza o vino rosado.
Cuando escucharon los disparos de la policía que trataba de detener a un camión de 19 toneladas que zigzagueaba para atropellar el máximo posible de víctimas, varios testigos pensaron que simplemente algunos de los cartuchos de pólvora habían tardado en accionarse y empezaban a explotar.
Aude Moussa es mesera en uno de los restaurantes del Paseo de Los Ingleses y había salido a fumar en la que sería su primera pausa luego de una tarde agitada, pues el local donde trabaja ofrecía una vista privilegiada sobre la playa y los fuegos artificiales.
“No recuerdo ningún ruido”, dice al teléfono. “Vi venir el camión pero pensé que era de la logística y que como ya se habían acabado los fuegos artificiales venía a recoger algunos equipos. No venía a toda velocidad. Vi que levantó por el aire una persona y luego otra pero no recuerdo gritos, sólo la gente que empezaba a correr y se metía en los locales. A mí me pasaron por el lado rápido pero sin golpearme. No podía moverme, no entendía lo que pasaba. Seguía pensando que era un accidente, que el camión se había quedado sin frenos”.
Aunque los eventos públicos del 14 de julio estaban considerados de alto riesgo y las fuerzas armadas de Francia estaban desplegadas en la calle para garantizar la seguridad, la modalidad del atentado hacía casi imposible reaccionar a tiempo para evitar la catástrofe que terminó siendo.
“En las grandes ciudades se realizan requisas en las barreras de policía para detectar armas y nuestros hombres están listos para reaccionar, pero un camión como esos si ya viene con velocidad no hay manera de detenerlo”, afirma una fuente de la Policía Municipal de Niza.
Sin embargo las conjeturas apuntan a que Mohamed Lahouaiej-Bouhlel no habría forzado su paso en la primera barrera desde donde recorrería dos kilómetros antes de que, luego del intento infructuoso de un motociclista, que quiso subir a la cabina del camión obligándolo a disminuir la velocidad y permitiendo así una reacción de los policías presentes que dispararon en más de 50 ocasiones antes de que el vehículo se detuviera.
Según dos versiones opuestas, el camión frigorífico que Lahouaiej-Bouhlel había alquilado dos días antes en la vecina población de Saint-Laurent-du-Var habría comenzado su carrera casi dos kilómetros atrás diciendo que “era un proveedor de productos congelados” o simplemente pasando por el andén junto a una barrera de policía y luego retomando la calzada sin acelerar a fondo.
Aún no se ha determinado si el conductor era titular del permiso de conducción «Tipo C» necesario para alquilar este tipo de vehículos, pero si lo tenía, no existe ningún requisito adicional para poder hacerlo. En Francia cada año 60 mil personas pasan el examen necesario para acceder a este tipo de licencia.
La imposible prevención
La utilización de un vehículo de transporte de carga como imprevisible arma de guerra desorienta por completo a los servicios de inteligencia y de lucha antiterrorista en Europa. “La circulación de productos que puedan ser utilizados para fabricar explosivos está muy vigilada y en eso se ha avanzado. El control de armas ilegales es más difícil, pero hay equipos formados para reaccionar en una situación como la que se vivió en noviembre pasado”, afirma la misma fuente policial “sin embargo nadie había previsto ni imaginado cómo se puede controlar el alquiler de camiones”.
El (bajo) perfil de Lahouaiej-Bouhlel inquieta igualmente a las autoridades.
Según la agencia de noticias AFP y los diarios Le Monde y Nice Matin, aunque el conductor del vehículo había sido detenido por incidentes menores relacionados con disputas callejeras, su nombre estaba ausente del “Archivo S”, que agrupa los individuos considerados una amenaza para la seguridad nacional y del que hacían parte la totalidad de los autores de los atentados previos en suelo francés.
Lahouaiej-Bouhlel era, según sus vecinos un tipo huraño que rara vez respondía a los saludos, nunca habló públicamente de sus creencias religiosas y menos aún llevaba alguna de las señales como la barba larga y la bata musulmana que equivocadamente se suelen atribuir a los islamistas radicales.
Más aún, a pesar del anuncio del presidente François Hollande en el sentido de prolongar por tres meses el Estado de Emergencia, que debía llegar a su fin el próximo 26 de julio, las numerosas medidas tomadas gracias a esta excepción jurídica y que han incluido el arresto domiciliario preventivo de militantes ecologistas y sindicales, parecen haber demostrado su ineficacia a la hora de prevenir los actos terroristas que se presentaron como su justificación.
En ese sentido, es difícil que propuestas como la del derechista Eric Ciotti, presidente del consejo del departamento de los Alpes Marítimos y presente en el lugar de los hechos, que aboga por un “estado de emergencia permanente” o la de Henri Guaino, autor de los discursos de Nicolas Sarkozy, en el sentido de que un militar equipado con un lanzagranadas habría bastado para detener el camión, logren convencer a los franceses como estrategia para afrontar un contexto donde cualquier desequilibrado puede actuar por su cuenta, usar cualquier objeto como arma y reivindicar su acto en nombre del Estado Islámico.
Tampoco es claro cómo el anuncio del presidente Hollande de intensificar los bombardeos en Siria, puede ser útil para impedir actos terroristas cometidos en Francia por personas que en la mayoría de casos tienen la nacionalidad francesa.
Para Michel Goya, coronel retirado y exdirector del Instituto de Investigación Estratégica de la Escuela Militar, “más que prolongar el Estado de Urgencia, hay que hablar de una urgencia del estado. Habrá nuevos ataques, con comandos o por gente que actúa por cuenta propia. No es posible proteger todo el tiempo a todo el mundo” .

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.