¿Cómo funciona una Convención?

1468792633_623682_1468793299_miniatura_normalEste lunes comienza en Cleveland (Ohio) la Convención Nacional del Partido Republicano para nominar oficialmente a Donald Trump

EL PAÍS – Están a medio camino entre la reunión más importante de los miembros de un partido político y el espectáculo televisivo más visto del año. Son cuatro días de discursos, votaciones, debates y promesas electorales con dos objetivos claros: confirmar oficialmente al candidato para representar al partido en noviembre y decidir las propuestas con las que intentarán convencer a los ciudadanos.

Pero una convención es mucho más. Representantes, senadores, delegados y superdelegados, acuden a esta cita que tendrá lugar entre los días 18 y 21 de julio en Cleveland (Ohio) para los republicanos y desde el 25 al 28 del mismo mes en Filadelfia (Pensilvania) para los demócratas. El encuentro, seguido por miles de periodistas de medios de comunicación de todo el mundo y retransmitido en directo por televisión, es también una de las grandes tradiciones de la democracia estadounidense. Así es como funciona:

Para qué sirve una Convención

El objetivo de las reuniones nacionales de cada partido es nominar a su candidato a la presidencia. Históricamente, las convenciones tenían este poder de manera exclusiva, ya que los ciudadanos no participan en la selección de los aspirantes a llegar a la Casa Blanca. Ese proceso se conoce hoy como primarias. La selección se hacía entonces en secreto y solo votaban los legisladores. Sin embargo, en el siglo XIX arrancó un movimiento para abrir ese voto a más miembros del partido. Así surgieron las primarias y las figuras del delegado y el superdelegado.

Los delegados de cada Estado son los encargados de trasladar a la Convención Nacional el voto de los ciudadanos: si la mayoría respaldó a un candidato, también deben hacerlo los delegados. Los superdelegados, por el contrario, pueden votar libremente a un candidato y ayudarle a consolidar la mayoría necesaria para sellar su nominación.

La “plataforma”

Así se conoce en Estados Unidos al programa político o la agenda de propuestas que defenderá un partido y su candidato en las presidenciales. La convención ha sido históricamente la cita para debatir y negociar este temario, pero los partidos quieren evitar cada vez más escenas de división, como la que protagonizaron Ted Kennedy y Jimmy Carter en 1980, y apuestan por presumir de unidad. Para lograrlo, este año ambos partidos ya han debatido el contenido de esa agenda en las semanas previas a la reunión nacional.

Los candidatos

En las convenciones más recientes, los ciudadanos ya habían respaldado a un candidato claro para hacerse con la nominación, por lo que los delegados simplemente trasladan ese voto en la reunión nacional del partido. Sin embargo, este año es distinto. En el caso de los republicanos, Donald Trump se quedó sin rivales el pasado mes de mayo, cuando superó también el mínimo necesario y se retiró de la carrera el senador Ted Cruz. Desde entonces no ha cesado sin embargo las especulaciones de que el Partido Republicano tenga otro candidato a la nominación que rete a Trump en plena Convención de Cleveland.

La votación

Participan los delegados de cada uno de los Estados emitiendo su voto desde la grada de la sede donde se celebra la convención. El proceso se denomina “roll call”. El presidente del comité nacional del partido va nombrando a cada uno de los Estados y uno de los delegados pronuncian el voto de la agrupación.

Los demócratas utilizan un sistema proporcional según el cual el porcentaje de delegados de cada Estado que respaldan a un candidato coincide con el porcentaje de votos que recibió de parte de los delegados.

Los republicanos, sin embargo, designan su voto en algunos Estados a través del método “winner takes all”. En este caso, el candidato que consigue el mayor número de votos de los ciudadanos se llega el cómputo total de delegados.

El resultado

El candidato que logre superar la mitad de los delegados más uno en la primera votación resulta nominado por su partido. Es lo que buscarán tanto Trump como Clinton en la ronda inicial de votaciones.

Si ninguno de los dos rebasa esa barrera, deberá repetirse el reparto. En este caso, las reglas establecen que un porcentaje de los delegados quede “liberado”, es decir, ya no deberán atar su voto al dictamen de los ciudadanos, y podrán votar libremente. Es la situación que cualquier candidato quiere evitar.

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