Teodoro Obiang, el dictador que se perpetúa

Algunos hijos de Obiang han sido condenados por lavado de activos, aunque su régimen sigue con impunidad. FOTO REUTERS

Algunos hijos de Obiang han sido condenados por lavado de activos, aunque su régimen sigue con impunidad. FOTO REUTERS

Si Fidel Castro no hubiera cedido las riendas de Cuba a su hermano Raúl, el título del gobernante vivo con más años en el poder (49) seguiría perteneciéndole y dejándolo indeleble en la historia.
No obstante, el rótulo le corresponde ahora a un cuestionado líder, al presidente con la octava mayor fortuna del mundo, según Forbes, y al mismo que gobierna en un país con dos tercios de pobres extremos.
Teodoro Obiang Neguema confirmó su camino largo y accidentado en la dictadura hace menos de un mes, cuando fue reelegido hasta 2023 en Guinea Ecuatorial (África central) con el 93,7 % de los votos, acumulando así 37 años de permanencia en el cargo, cada vez más ilusorio para una frágil oposición.
Y es que días antes de las votaciones, la sede del partido contrario a Obiang, Ciudadanos por la Innovación, fue atacada con munición real por el Ejército, argumentando que sus militantes y simpatizantes “vienen perpetrando una serie de incidentes que dañan la imagen de Guinea Ecuatorial en su consabida condición de país amante de la paz”.
Así las cosas, solo dos adversarios, Avelino Mocache, de la Unión de Centro Derecha (UCD), y Buenaventura Mesuy Asumu, del Partido de la Coalición Social Demócrata (PCSD), lograron ir a las urnas, aunque apenas alcanzaron el 1,5 % del apoyo popular.
“La razón es simple. Con la promesa de sacar algo de los dividendos por petróleo, Obiang manipula a los ciudadanos y consigue que líderes mundiales, como Barack Obama, le den, aunque disimulado, un apoyo”, dice Agustín Velloso, docente en Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid, y añade que “un resultado del más del 90 % en unas elecciones es una tomadura de pelo, una película de comedia sin gracia, porque detrás de eso hay gente que miente, y los que no, mueren o son torturados”.
Si bien las declaraciones de gobiernos u organismos no son contundentes, las últimas elecciones se desarrollaron “sin ningún debate sobre cuestiones nacionales”, según la Alta Representante de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, para quien también “hubo un acceso inadecuado de los candidatos a los medios públicos y los recursos financieros, así como incidentes de acoso contra la oposición”.
El resultado de esas condiciones, continúa Velloso, es que en menos de un mes, en Guinea Ecuatorial, una antigua colonia española en la que Obiang gobierna desde 1979, cuando derrocó a su tío Francisco Macías Nguema, se decretó la destitución de todos los jueces del Tribunal Supremo, mientras solo se permitió el ingreso de dos miembros de oposición en un parlamento con 175 asientos.
Hay 700.000 ricos pobres
“La corrupción, la pobreza y la represión continúan asolando a Guinea Ecuatorial bajo el liderazgo de su presidente. Los enormes ingresos procedentes del petróleo financian los fastuosos estilos de vida de la pequeña élite que lo rodea, mientras que una gran parte de la población sigue viviendo en la pobreza. Persisten problemas como la mala gestión de los fondos públicos y las denuncias verosímiles de corrupción de alto nivel, así como otros abusos graves, como la tortura”, reza el último informe de la organización Human Rights Watch.
Y es que si bien esta nación africana es clasificada por el Banco Mundial como de ingresos altos y tiene el PIB per cápita más alto de África (porque con apenas 700.000 habitantes es uno de los cinco mayores productores de petróleo de su región), se encuentra en el puesto 144 de 187 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, que en otras palabras mide las posibilidades de una vida larga y saludable, con acceso a educación y a un nivel de vida digno. Lo esencial para el bienestar de cualquiera.
Donato Ndongo, periodista de oposición guineano, lo confirma. Desde su expulsión en septiembre de 1994, cuando el secretario de Estado, Manuel Nguema, lo llamó a su despacho, pistola en mano, para decirle que el presidente Obiang estaba “harto” de él, el activista no ha regresado porque “persiste la tiranía”.
Ndongo sostiene que desde que se exilió en España, en Guinea Ecuatorial “no ha habido una evolución, sino una involución”, y es que solo el 15 % de la población (“Obiang, sus amigos y su familia”, dice) se beneficia del 85 % de los recursos. Además, agrega, no hay periódicos, la televisión está controlada por el régimen, tampoco existen librerías y solo hay una universidad con profesores cuyos títulos “no hemos podido corroborar”.
En Guinea Ecuatorial, “no hay ningún tipo de actividad económica. El Estado es la única empresa. Nadie puede tener ni siquiera un bar si no es del régimen”, insiste Ndongo, para quien también preocupa el hecho de que la oposición tenga todo tipo de trabas para poderse reunir, con el agravante de que es inmadura, ya que a la salida del colonialismo esperaba la dictadura, “y los guineanos quedamos paralizados mentalmente, sin tiempo para reaccionar”.
La tiranía se hereda
El futuro de Obiang en el poder no es claro. El mandatario le ha dicho a la Unión Europea que no se presentará a las elecciones de 2023, pero que contempla la opción de ser relevado por uno de sus numerosos hijos. Teodoro Nguema Obiang, conocido como Teodorín, hijo de su primera esposa, es el que tiene la ventaja más amplia.
El primogénito, hoy vicepresidente segundo del Gobierno, por sus extravagancias, que van desde autos lujosos hasta una colección de objetos del artista Michael Jackson, mismos que fueron fueron decomisados por Estados Unidos tras declararlo culpable por blanqueo de capitales en 2014.
Ahora, según Transparencia Internacional, la Fiscalía financiera francesa pidió que el posible sucesor vaya a juicio por delitos como lavado y malversación de fondos públicos, abuso de bienes sociales, abuso de confianza y corrupción.
“Con estos antecedentes, que hacen temer más sobre el futuro de Guinea Ecuatorial, y con una crisis económica que ya toca a todos los ciudadanos por la caída de los precios del petróleo, el país parece cada vez más inviable”, sostiene Tutu Alicante, director de la organización EG Justice, que además denuncia despidos masivos, cierre de hospitales públicos y aumento “exagerado” en los precios de los alimentos.

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