Brasil está ‘ad portas’ de un nuevo gobierno

La presidenta Rousseff sería apartada del poder al menos por 180 días tras votación del miércoles.

Foto: Reuters Dilma Rousseff y su Partido de los Trabajadores aseguran que darán la lucha hasta el fina

Foto: Reuters
Dilma Rousseff y su Partido de los Trabajadores aseguran que darán la lucha hasta el fina

Por: LUIS ALEJANDRO AMAYA E. – Brasil se encamina hacia un capítulo que pareciera inevitable en su moderna historia democrática, en el que su protagonista, la presidenta Dilma Rousseff, está destinada a dejar el poder, inicialmente por unos seis meses.

El próximo miércoles, según señalan medios locales, la plenaria del Senado votará por si se abre la última y definitiva etapa del proceso de destitución de la jefa de Estado, tras la recomendación hecha el viernes por una comisión especial compuesta por 21 senadores. De rechazarse el pedido, el proceso se archivaría. De lo contrario, la mandataria debería apartarse de su cargo por un periodo no mayor a 180 días, y el vicepresidente Michel Temer asumiría las riendas del país.

Los cálculos de las encuestas no son nada positivos para la presidenta y el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). Según una encuesta hecha el viernes por el diario O Estado de S. Paulo, de los 81 senadores, 50 estarían a favor de seguir con el juicio político, cinco están indecisos, cinco no quisieron responder, uno posiblemente no asistiría a la sesión de la próxima semana y veinte votarían en contra. Solo se necesitan 41 votos para que el proceso continúe.

Las tendencias, según las votaciones de la Cámara de Diputados y de la comisión especial del Senado, no le darían chance al PT y su coalición –compuesta también por el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y Partido Democrático Trabalhista (PDT)– de revertir un resultado negativo en el pleno senatorial.

“Creo que el PT y su coalición no tienen oportunidad de revertir el escenario. La diferencia de votos que se evidenció en la comisión del Senado puede darse como una afirmación de ello”, le dijo a EL TIEMPO el analista Bolívar Lamounier, director de Augurium Análisis.

“Representantes del Gobierno, entre bambalinas, ya admiten la derrota”, afirmó a este periódico Lauro Jardim, investigador y columnista del diario ‘O Globo’.

La semana que pasó dejó dos acontecimientos que retumbaron muy fuerte en la política del país más grande de Suramérica.

El lunes, ‘O Globo’, con fuentes muy sólidas, aseguró que la presidenta Rousseff estaría estudiando una fórmula para salvar su nombre y el de su partido, la cual contemplaba su renuncia e incluía la del vicepresidente Temer y la convocatoria de elecciones anticipadas el 2 de octubre.

Esta propuesta, muy comentada por legisladores del PT y vista como una salida digna por algunos de ellos, tiene dos serios obstáculos: el primero, que tendría que pasar por un Congreso plenamente sintonizado en el juicio político o ‘impeachment’ y, el segundo, que por la cabeza de Temer no está pasando el renunciar. De hecho, ya está hablando con representantes de partidos de oposición para su posible gobierno.

“Cuando esta idea fue presentada inicialmente por Marina Silva (exministra y excandidata presidencial) en abril, Dilma la rechazó tajantemente. Esta propuesta de enmienda tiene cierto apoyo popular, pero requiere de la aprobación de una enmienda constitucional. Con el proceso de juicio político ya encaminado, eso solo pasará si el potencial gobierno de Michel Temer es un fracaso. Por ahora, la propuesta es inviable”, le afirmó a este periódico Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Wilson, en Washington.

El segundo acontecimiento fue el duro golpe asestado el jueves por el Supremo Tribunal Federal (STF) al muy cuestionado presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, al despojarlo de su cargo tras considerar que “no posee condiciones personales mínimas para ejercer, en este momento en su plenitud, las responsabilidades” de su cargo. Cunha, compañero de Temer en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), era el segundo en la línea sucesoria presidencial y es acusado por el PT de practicar un chantaje al Gobierno por no haberlo ayudado a encubrir investigaciones en su contra en el escándalo de sobornos en Petrobras. El oficialismo asegura que Cunha dio curso al pedido de destitución de Rousseff al no acceder a estas presiones.

El PT no se queda quieto. En declaraciones allegadas a EL TIEMPO por Soraya Aggege, coordinadora nacional de comunicaciones del partido, el presidente de esa colectividad, Rui Falcao, aseguró que “lo más importante en este momento es mantener la unidad de las fuerzas de izquierda para contener el golpe”.

“Independientemente de lo que pase en el Senado, no vamos a reconocer la legitimidad de un gobierno que intenta llegar al poder sin el voto popular. Y esto no es solo un atentado contra la democracia. Es una regresión social, económica, cultural y política”, añadió el dirigente.

A Temer no le espera una labor fácil en su posible gobierno, que comenzaría tan rápido como la próxima semana. La calle, esa jueza dura y que se ha pronunciado en Brasil durante los últimos años, le puede cobrar caro cualquier error que cometa.

“La población tendrá un grado de tolerancia muy bajo con Michel Temer. Él necesita aciertos de forma muy rápida. La gente en la calle tiene la paciencia agotada por causa de tanta crisis acumulada durante el gobierno de Dilma Rousseff”, aseveró Jardim.

Lo que sigue en el caso contra Rousseff

Si el ‘impeachment’ pasa en el pleno del Senado, Rousseff será suspendida por 180 días y Temer asumiría como presidente interino.

El Senado llevará a cabo un juicio, encabezado por el presidente del STF, Ricardo Lewandowski. Si dos tercios de los 81 miembros de la Cámara alta, o 54 senadores, votan por una destitución, Rousseff sería despojada de sus derechos políticos.

 

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.