Argentina marcha por la regulación del cannabis medicinal

Niños con epilepsia refractaria y madres cultivadoras encabezan una masiva convocatoria

Madres y cultivadores se movilizan juntos por primera vez en la edición porteña de la marcha mundial de la marihuana. Ricardo Ceppi

Madres y cultivadores se movilizan juntos por primera vez en la edición porteña de la marcha mundial de la marihuana. Ricardo Ceppi

EL PAÍS – Niños con epilepsia refractaria, en sus sillas de ruedas, encabezaron la Marcha Mundial de la Marihuana en Buenos Aires. Según los organizadores, fueron 150.000 las personas que se manifestaron por la regulación del cultivo y consumo de la planta y la legalización de su uso medicinal. Como siempre, coloridos disfraces y enormes porros de cotillón dieron color a una movilización que en Argentina se realizó en 17 localidades.

La extensa columna completó el recorrido entero de la avenida de Mayo, que en Buenos Aires enfrenta a lo largo de 1.700 metros a la Casa de Gobierno con el Congreso Nacional. Las madres reunidas en Cannabis Medicinal Argentina (Cameda) y Mamá Cultiva completaron todo el trayecto junto a las asociaciones de cultivadores y usuarios recreativos. Al llegar, el argumento de la convocatoria tuvo lugar ahí mismo, frente a las rejas del Congreso, mientras se sucedían los oradores que subían y bajaban del camión que ofició de escenario.

Uno de los niños presentes protagonizó un ataque de epilepsia, igual al que centenas de familias en Argentina deben presenciar hasta 60 o 70 veces por día. Su cuerpo se arqueó y la mirada se le borró. El episodio fue perturbador para todos los presentes porque, como dicen las familias “el ataque lo sufren todos, no sólo el niño”. Son esas familias quienes impulsan con mayor fuerza el pedido de regulación del cannabis. Coinciden en que el aceite que preparan con las flores de marihuana les “cambió la vida”.

“Pasamos de caminar los hospitales a caminar el Congreso y ahora la calle reclamando el cultivo colectivo del cannabis con fines medicinales. Nuestros hijos no pueden esperar”, compartió Valeria Salech, una de las fundadoras de Mamá Cultiva Argentina, sede local de la organización no gubernamental nacida en Chile.

Con una pequeña planta de marihuana en su mano, la mujer se refirió a los avances logrados desde que se organizaron: “Las diputadas Diana Conti, Carolina Gaillard y Araceli Ferreyra nos recibieron en el Congreso y nos ayudan a difundir nuestra lucha. También estamos interactuando con un comité del área de Salud de la provincia de Buenos Aires”.

Tomaron la palabra desde el escenario Gonzalo Bramajo de la Agrupación de Agricultores Cannábicos de Argentina; Horacio Rodriguez de Acción Cannabica; María Laura Alasi -mamá de Josefina de tres años, la primera en conseguir autorización oficial para importar aceite medicinal realizado en base a la planta-; y Ana María García Nicora de Cameda, Facundo Rivadeneira de la Agrupación Cogollos del Oeste, Matías Faray de la Agrupación Cannabicultores del Oeste y Salech de Mamá Cultiva.

“El presidente (Mauricio Macri) es padre, nos tiene que acompañar y su partido también; la gobernadora (María Eugenia Vidal) es madre y ella entiende del dolor. Le pedimos a los políticos que nos ayuden porque a nosotros el cannabis nos cambió la vida y no vamos a dejarlo”, expresó entre aplausos Alasi.

“Hay un vacío científico, jurídico, académico y social en Argentina. Se tienen que dar las condiciones para crear productos medicinales testados para el tratamiento de múltiples enfermedades”, reclamó su compañera, la Dra. Ana María García Nicora. La mujer contó a EL PAÍS que la mayor cantidad de consultas que reciben en Cameda son por epilepsias refractarias en niños y, en segundo lugar, cáncer.

El activista Matías Faray encarnó las voces de los cultivadores, muchos de los cuales, ya colaboran en la provisión de aceite a muchos de estos pacientes silenciados por la ley de drogas de Argentina, sancionada en el año 1989, y que prevé penas de 4 a 15 años de prisión para quien cultive, produzca, comercie o regale estupefacientes. Estadísticas recientes dicen que en Argentina existe 1 detenido cada 1 hora y 10 minutos por infracción a la Ley de Drogas. Sin embargo, los casos que reciben condena efectiva no superan el 2% de los procesos.

Faray expresó: “se lo toman como un boicot a las farmacéuticas y nosotros lo que proponemos es una mejor calidad de vida, unir familias y recuperar hijos. Si las madres quieren cultivar les vamos a enseñar”. Y pidió “que nos den libertad para usar nuestro patio”.

 

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