Redes impulsan la solidaridad ecuatoriana y global ante sismo

Es el segundo terremoto más grave en la historia ecuatoriana. Cifras oficiales hablaban de 272 muertos, 2.068 heridos y cientos de miles de damnificados. Poblaciones enteras fueron arrasadas. Redes sociales resultaron claves en la atención de las víctimas.FOTO AFP

Es el segundo terremoto más grave en la historia ecuatoriana. Cifras oficiales hablaban de 272 muertos, 2.068 heridos y cientos de miles de damnificados. Poblaciones enteras fueron arrasadas. Redes sociales resultaron claves en la atención de las víctimas.FOTO AFP

AFP – La esperanza era que la calma llegara al Ecuador con los rayos de luz del domingo. Era solo un deseo inocente; el país amaneció asustado. Las imágenes de poblaciones destruidas circulaban por las redes sociales, por el WhatsApp y por los medios de comunicación tradicionales. Las fotos y videos venían con noticias más tristes, no eran 20 los muertos; llegaban a 272 y más de 2.068 heridos.
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El sábado en la noche había pocos detalles, pero se presumía que algo grave había pasado. Casi durante un minuto tembló la tierra; un minuto que se sintió eterno. Vivo en el cuarto piso de un edificio de ventanas grandes.
A veces uno no hace caso del ruido de los vidrios porque los camiones que suelen pasar cerca generan esos movimientos. Esta vez los vidrios fueron solo una suerte de alarma para tomar precauciones. Todo empezó a moverse, las copas del pequeño bar de la casa se golpeaban unas a otras. Había que salir a la calle por las gradas de emergencia.
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Uno debe tomar decisiones rápidas aunque sienta que todo tiembla. El abrigo y los teléfonos (incluido uno convencional) me acompañaron en el descenso a la calle. La mayoría de vecinos hacía lo mismo; muchos estaban en pijama y hasta descalzos; no era ni las 19:00.
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Familias y mensajes
Una vez “a salvo”, la siguiente misión es saber cómo está el primer círculo de familiares: padres y hermanos. Las líneas celulares marcaban error, por lo cual fue buena idea tener el inalámbrico convencional. La familia cercana estaba bien, más allá de un buen susto.
La siguiente misión es saber qué pasó. Tuiteros y medios digitales empezaban a informar, en la primera hora luego del sismo de 7,8 grados en la escala de Ritcher, era la única fuente de datos. Los amigos que se comunicaban decían que lo más fuerte era en la costa, pero no había muchos detalles. Es impresionante ver que en esas situaciones la gente reacciona de distinta manera. Los habitantes de un condominio vecino se organizaron para revisar la estructura, mis vecinos solo conversaban y hasta hacían chistes.
Los primeros mensajes de WhatsApp empezaron a llegar, entre ellos de mi primo Wilmer Vaca: “mi hija está en Pedernales”. Él es un geólogo quiteño de 39 años, quien hizo parte de su carrera en esa población costera y ahí hizo familia. “Mañana en la madrugada voy a ver a mi hija”, fue uno de los mensajes antes de que llegara la medianoche.
Cerca de las 21:00, los canales de TV empezaron recién a pasar las noticias. Un puente se había caído en Guayaquil y ya se hablaba de muertos. Un video en un centro comercial en la misma ciudad ya empezó a dar vueltas en las redes sociales y, de pronto, un mensaje de Gabriel Alcívar, alcalde de Pedernales: “necesitamos que nos ayuden de verdad”.
La noticia preocupó: ¿primo Wilmer cómo está tu hija? “Está bien, se salvó con las justas”, respondió. La niña y su familia vivían en el quinto piso de este balneario de la provincia de Manabí.
La madrugada pasó. A las 02:13 se sintió una de las más de 150 réplicas que se han registrado. La esperanza de que el nuevo sol trajera calma se derrumbó: “Pedernales está destrozada”, se leía en redes, se escuchaba en la radio y se veía en los noticieros. En los medios se decía que las carreteras estaban cerradas, mi primo optó por viajar a ver a su hija, sin dudarlo un instante.
Redes solidarias
Las líneas telefónicas en lugares como Manabí estaban colapsadas. Los amigos contaban por WhatsApp que sus familiares o amigos no contestaban los celulares ni los teléfonos convencionales.
Willy Torres, uno de mis amigos de la infancia se reportó, vía Facebook, desde Pedernales. A las 14:00 pudo llamar al teléfono. “Llegamos a las 07:00 y te sorprende la destrucción; casi no hay casas ni edificios en pie”. Él es camarógrafo y tuvo que viajar toda la noche para llegar a esta población de 55.000 habitantes.
En Pedernales la gente se dedica especialmente al turismo y es muy común encontrar edificios usados como hoteles; muchos —según los reportes— se vinieron abajo o tienen daños serios. Torres vio uno de ellos, el Hotel Stephany; en el malecón. “El primer piso está hundido, pero se escucha que hay gente ahí pidiendo auxilio”. Esta es una de las duras escenas que este amigo encontró.
No hay cifras exactas de cuántos muertos hay en la zona. Las oficiales se mantienen pero aún falta por remover escombros y esas noticias preocupan más.
En las redes sociales aparecen más fotos de otras poblaciones afectadas en las seis provincias declaradas en emergencia. Los amigos que tienen familia por allá están preocupados porque no pueden comunicarse. Se dice que la gente no ha podido cargar las baterías de sus celulares por falta de energía eléctrica. Las autoridades han anunciado que poco a poco se reestablerán los servicios básicos. La ayuda, de lo que se ha reportado, ha sido oportuna aunque muchas familias están desesperadas por buscar a sus allegados de entre los escombros.
En esa línea, se puede decir que desde aquel minuto aciago que sacudió a Ecuador, las redes sociales han sido el motor que ha comunicado familias enteras, y en donde también se ha visto la solidaridad del país y del mundo para los afectados.
Gobiernos como el de Colombia, Perú, España, Brasil, Estados Unidos, Panamá y México han expresado sus condolencias y ofrecido su ayuda a los ecuatorianos mediante redes como Twitter. Incluso desde Rusia llegaron mensajes de apoyo “a aquellos que perdieron familiares”.
El presidente Rafael Correa, también se ha mostrado activo en estas y hace reiterados llamados para que el país esté “más unido que nunca”, a la vez que agradece “al mundo entero por su solidaridad”.
Coda
Es domingo en la tarde y la televisión local sigue en cobertura con reportes de todo el país. La gente tiene el temor de la llegada de la noche. No se han descartado réplicas del sismo. En los supermercados de Quito se nota más movimiento de lo común; la gente compra víveres para sus casas e incluso para donar. En Pedernales —cuenta Torres— se siente el calor, hace falta agua y hay poquísimos sitios para comer. La pequeña ciudad está llena de militares y policías para evitar saqueos, aunque ya se reportaron algunos en la noche del sábado.
Wilmer, mi primo, llegó al devastado Pedernales. Escribió por WhatsApp que estaba entrando a la ciudad. Ese fue su último mensaje y todos quedamos con la expectativa de saber cómo está la familia que fue afectada por este que ha sido el terremoto más fuerte que se ha sentido en Ecuador desde 1979.

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