En busca de vida, Ecuador hurga entre los escombros

El grupo élite de los bomberos de Pasto que trabaja en las ruinas del hotel Royal de Pedernales, Ecuador, para rescatar a cuatro personas, cava día y noche con ayuda de generadores. FOTO AFP

El grupo élite de los bomberos de Pasto que trabaja en las ruinas del hotel Royal de Pedernales, Ecuador, para rescatar a cuatro personas, cava día y noche con ayuda de generadores. FOTO AFP

AFP – Sobre las ruinas del hotel Royal, un edificio de cinco pisos que se desplomó con el sismo de 7,8 grados en la costa pacífica ecuatoriana, Colombia comparte algo de la tragedia con el país vecino.
Sin esperarlo, bajo los escombros que remueve desde la madrugada del lunes el grupo élite del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Pasto, se encuentra un colombiano.
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José David Eras, de 6 años, e hijo de Melissa Restrepo, una antioqueña residente en Ecuador y quien el sábado pasado compartía con su familia en las playas de Pedernales, podría seguir con vida.
Así lo cree el cabo Carlos Guerrero, socorrista nariñense desde hace 27 años, de los cuales tres son difíciles de borrar: 1999, cuando rescató a varios niños y adultos sepultados por el terremoto de Armenia; 2013, cuando tras días de búsqueda fue imposible recuperar con vida a 12 víctimas del colapsado Space en Medellín, y 2016, cuando se ofreció para atender la peor catástrofe de Ecuador en los últimos 60 años.
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Esta última, que según el conteo oficial produjo la muerte de 507 personas, ocho de ellos colombianos, la comparte con otros 15 socorristas, entre los que hay técnicos de búsqueda y localización, expertos en extracción y corte y encargados de la atención prehospitalaria.
Desde las 5:00 de la mañana del lunes, el equipo se ha repartido de a parejas en turnos de 20 minutos para encontrar a Juan David y a otras tres personas que estaban en el primer piso del Royal al momento del sismo.
Los lapsos, según Charles Benavidez, comandante del Cuerpo, son indispensables: Cuesta estar bajo 27 grados centígrados en el día y bajo la lluvia en las noches; romper y apuntalar en espacios reducidos, de rodillas o en cuclillas, es agotador; se corre gran riesgo de mover restos cuando trabajan más de dos personas, y la moral se baja cada vez que pasan las horas y no hay resultados.
Hasta ahora, dice Guerrero, se ha removido un 40 por ciento del material con un equipo de penetración y corte, que incluye motosierras especializadas para hierro y concreto (el material más difícil de mover en estructuras colapsadas), martillos de impacto, sierras circulares, perros especializados para estas misiones y un escáner que permite detectar latidos de corazón en profundidades de hasta 30 metros, con el que el lunes en la tarde escucharon los de una persona.
Si bien han transcurrido más de 72 horas desde el momento del sismo, el escáner no volvió a emitir alertas y en dos puntos de los escombros hay un olor a descomposición, Guerrero conserva la esperanza. Calcula que hoy, cuando hayan retirado más del 70 por ciento de los restos, podrán insertar cámaras y sensores que den imágenes y sonidos de las profundidades.
Entonces, el nariñense confía en poder dar una noticia a las decenas de personas que se aglomeran detrás del cerco instalado para la búsqueda.
Familiares esperan
En el barrio Guayabal de Medellín, en casa de Mario Restrepo, abuelo de Juan David, también viven la incertidumbre de Pedernales.
“Como la espera es desde lejos y con la telefonía mala, se siente más lenta y dolorosa” esta situación. Cuenta que decidieron viajar para acompañar a Melissa y a su esposo, que junto a amigos y familiares se hospedan frente al Royal, en un hotel que resistió el sacudón de 7,8 grados.
Allá, aunque no hay acercamiento directo con los organismos, se turnan la vigilancia del sitio. “Todos están buscando al niño y a otras tres personas. Nosotros nos vamos de a raticos para el hotel y vemos que los bomberos solo paran dos horas en la madrugada, y siguen sin descanso”, cuenta vía telefónica Viviana Macelina, amiga de Melissa, quien hasta la noche del martes aún no tenía certeza sobre el estado de su hijo.

POR MARIANA ESCOBAR ROLDÁN

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