El hombre que pasó un año comiendo solo de la basura

Rob Greenfield, activista estadounidense, se ha dedicado a rescatar alimentos en buen estado.

Foto: Rob Greenfield Greenfield sale a recorrer los contenedores de basura de los supermercados y recolecta la co

Foto: Rob Greenfield
Greenfield sale a recorrer los contenedores de basura de los supermercados y recolecta la co

“La mayoría de los alimentos que se desperdician suelen ser de tan alta calidad que yo podría hacer una cena para cualquiera que lea esta nota y jamás se daría cuenta de que todos los ingredientes provienen de la basura”.

El desafío lo propone Rob Greenfield, un aventurero y activista norteamericano que se ha sumergido en más de 1.000 contenedores de basura para rescatar alimentos y preparar cientos de almuerzos y cenas.

“No hago esto por necesidad, lo que realmente quiero es inspirar a las personas para que dejen de tirar comida”, argumenta. Su propósito, dice, es generar un cambio positivo en la gente.

La última aventura a la que decidió lanzarse lo llevó hasta la Argentina. Fue durante la filmación de su documental Free Ride, que se estrenará en mayo por Discovery Channel, y donde Greenfield recorre América del Sur sin dinero para comprobar que es posible vivir de la solidaridad de los demás.

Tras su paso por Salta, dijo a el diario La Nación que “la Argentina es un país extraordinario y maravilloso por la calidad de su gente”.

Sin embargo, regresó a Estados Unidos con la certeza de que, como sucede en otros tantos países del mundo, aquí también se desperdicia, y mucho.

La apreciación foránea de Greenfield no está tan errada. Según los bancos de alimentos que funcionan en las distintas provincias, con la comida que se desecha se podría alimentar a más de medio millón de argentinos.

“En Estados Unidos se tira casi la mitad de los alimentos que se producen, mientras que 50 millones de estadounidenses pasan hambre”, compara.

Las acciones locales como la ‘heladera social’ –una iniciativa que consiste en que restaurantes en Argentina dejan en un refrigerador público la comida que no pudo ser vendida y no fue tocada por los clientes– , son el tipo de proyectos que Greenfield respalda y promueve; propuestas que él considera “claves” para generar un cambio positivo.

Con el lema “menos es más” como estandarte, publicó hace una semana en las redes sociales la lista de todas sus pertenencias, cada cosa que incluye en su haber: un total de 111 posesiones, lo que incluye cepillo y pasta de dientes.
Greenfield vivía hasta hace poco en una mínima casa de madera en San Diego, una tiny house que decidió vender para convertirla en nuevos hogares para personas en situación de calle.

Y siempre que puede, recomienda: “Ir descalzo por la vida, si se puede, es la mejor manera de andar”.

¿De qué se trata The Food Waste Fiasco? ¿En qué momento se le ocurrió la idea?

Es una manifestación pública para intentar que la gente tome conciencia de la absurda cantidad de comida que se desperdicia no sólo en los Estados Unidos sino en todo el mundo.

En mi país, casi la mitad de todos los alimentos que producimos su tiran a la basura, mientras que 50 millones de estadounidenses sufren de hambre.

Salgo a recorrer los contenedores de basura de los supermercados y recolecto toda la comida en buen estado que puedo con la idea de ponerla en exhibición para el público y los medios de comunicación.

Es realmente sorprendente la cantidad de comida que podemos llegar a juntar en un solo día, y pensar que eso es sólo una pequeña representación. La idea surgió en 2014, cuando estaba recorriendo el país en una bicicleta de bambú.

¿Cuál fue la evaluación sobre el desperdicio de comida en la Argentina durante la filmación de ‘Free Ride’?

Estuve solo en el norte del país y no puedo hacer una evaluación seria. Pero desde mi experiencia he visto cómo una cantidad muy importante de alimentos terminaba en la basura. Es una escena en el norte argentino del documental Free Ride.

¿Logró el objetivo de vivir de la solidaridad ajena?

Llegamos a Salta al final del viaje, que duró en total unos 72 días. Estaba realmente cansado, necesitaba descansar después de hacer kilómetros y kilómetros a pie por tierra muy seca y un clima agobiante. Viajar sin nada de dinero puede llegar a ser muy duro, pero recibí mucha hospitalidad. La gente en la Argentina fue extremadamente amable.

La primera reacción era cerrarse, desconfiando tal vez de la situación. Pero sólo puedo decir que es un país maravilloso.

Rechazar, reducir, reutilizar y reciclar. ¿Sigue las indicaciones rigurosamente?

¡Absolutamente! Esas son las claves para vivir más amigable con el medio ambiente.

¿Cuál es el objetivo detrás de cada nuevo proyecto?

Siempre es el mismo: inspirar a la gente a ser amigable con la tierra, a tener una vida más saludable y ser amables con los demás. Al emprender cada proyecto, siento que puedo contagiar a mucha gente para vivir más felices, con salud y en armonía.

#DonaNoTires ¿Esa es la filosofía?

Sí, con tantas personas en el mundo que padecen hambre creo que todos debemos hacer nuestra parte, todos debemos colaborar y no desperdiciar la comida que consumimos. Los restaurantes que tienen heladeras sociales hacen un gran trabajo que todos deberían imitar.

¿Cómo es una comida típica de un contenedor de basura?

Imagínese que usted va al supermercado y llena el carrito con todo lo que desea. En el camino alguien se lo arrebata y lo tira a un contenedor. Eso es lo que se siente.

¿La comida se conserva en buen estado?

La calidad es extremadamente alta. Tanto que yo podría hacer una cena para cualquiera que lea esta nota y jamás se daría cuenta de que todos los ingredientes provienen de la basura.

Si el yogur de la nevera está vencido. ¿Qué hacer?

Esas fechas de vencimiento se colocan por una obligación legal de seguridad alimentaria. Pero no implica que el alimento no pueda consumirse después de esa fecha. También hay una cuestión de protección de la marca, ya que la empresa busca que su imagen quede asociada al consumo de un producto fresco, aunque la mayoría de los alimentos puede consumirse después de vencido sin problemas.

¿Se puede tener una vida normal aplicando los criterios de “basura cero”? ¿Es tan simple?

Es muy sencillo, y con pequeños cambios se puede hacer una gran diferencia. Algunas de mis sugerencias son llevar siempre bolsas reutilizables a la tienda, no comprar alimentos envasados, comprar cosas usadas en lugar de objetos nuevos y decirle no al agua embotellada. Hay muchos consejos en mi guía para los que quieran aprender y colaborar con el cambio.

Colombia bota 9,8 millones de toneladas

En el país, por cada tres toneladas de comida disponible, una tonelada va a la basura. La cifra la dio a conocer a fines de marzo pasado el Departamento Nacional de Planeación, que recalculó la pérdida de alimento con base en una metodología de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y de la Cruzada Nacional contra el Hambre de México.

La pérdida de comida se aplica a alimentos que se dañan en etapas de producción agropecuaria, poscosecha y almacenaje, y procesamiento industrial.

De 9,76 millones de ton que se pierden o desperdician en el país, la mayor parte (40,5 por ciento) se pierde en la etapa de preparación agropecuaria, el 19,8 por ciento se desperdicia después de cosecha y el resto en almacenamiento. Según el Gobierno, de 100 kg de comida dañada, 21 kg se pierden en supermercados, tiendas y plazas de mercado, y unos 16 kg se desperdician en los hogares. Con esa cantidad se podría alimentar a 8 millones de personas al año.

SOLEDAD VALLEJOS
LA NACIÓN (Argentina)

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