En cese del fuego en Siria, el escepticismo no da paso a la esperanza

Foto: EFE La vida de los residentes de Damasco volvió ayer un poco a la normalidad, con la apertura de mercados callejeros y atracciones.

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La vida de los residentes de Damasco volvió ayer un poco a la normalidad, con la apertura de mercados callejeros y atracciones.

Analistas creen que la tregua permitirá entrega de ayuda humanitaria, pero no a una salida política.

Dentro y fuera de Siria reina el escepticismo. Y no es para menos: los múltiples intentos frustrados de paz en los últimos cinco años y la mínima –por no decir nula– intención de cambio de las partes hacen pensar que el alto el fuego que rige desde el viernes será solo un elemento distractor que permitirá, sí, la entrada de ayuda humanitaria a las zonas más afectadas, pero también servirá como periodo de reagrupamiento y estrategia militar.

Rusia, Estados Unidos, el Gobierno sirio y la principal agrupación de la oposición, así como las fuerzas kurdas acordaron el pasado martes aceptar las condiciones del acuerdo por 15 días, pero excluyeron a los poderosos grupos yihadistas Estado Islámico (EI) y el Frente Al Nusra (rama siria de Al Qaeda), que controlan amplios sectores del país.

Analistas coinciden en que este periodo de calma no tendrá avances políticos significativos sino que las próximas dos semanas no se saldrán de un marco netamente humanitario.

“Por parte de los que se están enfrentando, claramente el alto el fuego les conviene, ya que les da un respiro, se equipan y reagrupan sus acciones militares sin un coste material, dado que el oponente también se encuentra en la misma situación; pero está claro que desde el punto de vista de la negociación, esta pausa no modifica en nada la postura ni los objetivos de los contendientes”, le explicó a EL TIEMPO Diego Jorge Fossati, analista argentino, profesor e investigador de Oriente Próximo.

En este conflicto devastador, que ha provocado más de 260.000 muertos, según las más recientes cifras de la ONU, y ha obligado a salir del país a casi la mitad de la población, Rusia e Irán apoyan al régimen de Al Asad, mientras que EE. UU., Arabia Saudí y Turquía apoyan a los rebeldes. Pero estos se encuentran muy debilitados ante el avance yihadista, mientras que el régimen ha conquistado terreno gracias al apoyo de Moscú, quien se excusa en que solo bombardea “objetivos terroristas”.

El director del Instituto libanés Issam Fares en Política Pública y Asuntos Internacionales (IFI, por sus siglas en inglés), Rami Khoury, descartó que el alto el fuego vaya a abrir la puerta a una solución política a la guerra: “El pacto entre Rusia y EE. UU. es para detener las hostilidades con el fin de que entre algo de ayuda humanitaria, pero no hay ningún acuerdo para alcanzar una transición política ni cómo acabar con el EI”, dijo a Efe.

A su juicio, si el régimen y los opositores comenzaron la tregua es porque “los rebeldes tienen problemas sobre el terreno, y el Gobierno recibe múltiples críticas por su actuación.

A principios de febrero, Staffan de Mistura, mediador de la ONU en las negociaciones de paz para Siria, optó por suspender la primera ronda de conversaciones indirectas entre las delegaciones gubernamental y opositora, después de seis días de vanos intentos.

La última reclamaba que antes de cualquier cosa se cumpliera con el acceso humanitario a las localidades sitiadas y el cese de los bombardeos aéreos por parte de EE. UU. y Rusia. Sin embargo, fue la repentina ofensiva gubernamental, apoyada por las fuerzas rusas en esos días sobre las áreas controladas por rebeldes en Alepo, lo que terminó de convencer a De Mistura de la pertinencia de declarar un receso del proceso político hasta que se conociera un verdadero deseo de cambio o hasta que se fijara una fecha para la tregua.

A tal decisión se sumó el doble atentado que perpetró el grupo EI, el pasado 21 de febrero, en las ciudades de Homs y Damasco –áreas bajo el control del régimen– que dejó un saldo de 179 muertos, el más sangriento en los últimos cinco años.

Aún así, Gilberto Conde, profesor del Colegio de México y especialista en temas de Oriente Próximo, le dijo a este diario que es importante que en este tipo de conflictos se realicen treguas como esta, así sean efímeras. “Si se quiere avanzar en un difícil camino hacia la pacificación se tiene que pasar por gestos como este. Yo no creo en la posibilidad de llegar, por medio de un salto olímpico, a la paz sin pasos intermedios. Soy consciente de que esto no va a concluir en cosa de meses, pero por algún lado tiene que empezar”, afirmó.

Al anunciar la noche del viernes como fecha de inicio de la tregua, los gobiernos de Moscú y Washington no hacen más que advertirse mutuamente que el mundo entero está pendiente de sus acciones durante estas dos semanas. El secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, hizo referencia a un eventual “plan B” para Siria en caso de que fracase la tregua, y el presidente ruso, Vladimir Putin, prometió, por su parte, que su país, como aliado del Gobierno sirio, “hará lo necesario” para que Damasco respete el cese de los combates y dijo que espera que EE. UU. “haga lo mismo” con los grupos rebeldes.

Proceso necesario

“Si bien la propuesta fue recibida con escepticismo, hay una coordinación más estrecha entre Rusia y Estados Unidos que parecen estar dispuestos a ser garantes de esta tregua”, explicó a AFP Karim Bitar, investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris).

Pero en el terreno, rebeldes y civiles expresan a gritos sus dudas sobre la aplicación de este acuerdo. Para algunos activistas, el obstáculo mayor está en la exclusión del Frente Al Nusra, aliado de grupos rebeldes en varias regiones de Siria, pues el régimen afirma que continuará sus operaciones militares contra ellos y contra el EI, además de otros grupos terroristas vinculados a estos.

“Como vimos en los primeros bombardeos efectuados por Rusia el año pasado (desde septiembre), el 95 por ciento de los impactos fueron sobre zonas que no estaban bajo poder yihadista, pero sí bajo poder de los incorrectamente llamados ‘rebeldes’ ”, asegura Fossati. “Esto quiere decir que la campaña militar tiene dos finalidades: por un lado combatir al EI, pero por otro lado aplacar a los grupos armados opositores al régimen de al Asad”, concluye.

Horas antes al inicio de la tregua, De Mistura anunció su intención de convocar para el 7 de marzo a una nueva ronda de negociaciones de paz con la condición de que se respete el cese de las hostilidades y se mantenga la entrega de la ayuda humanitaria.

EL TIEMPO – ANDRÉS RUIZ
Redacción Internacional

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