Barack Obama persevera en el cierre de la cárcel de Guantánamo

IMAGEN-16518645-2Presidente de EE. UU. presentó un plan del Pentágono para cumplir su promesa de campaña.

Sobre el papel, el plan de cerrar la cárcel en la base de Guantánamo no es malo y hasta resuelve muchas de las inquietudes que habían sido elevadas en torno de la prisión militar estadounidense en Cuba.

Y, sin embargo, sus chances de ser aprobado por el Congreso antes de que el presidente Barack Obama abandone la Casa Blanca en enero del año entrante son prácticamente nulos.

Y por una razón más bien simple. Para poder cerrar la polémica cárcel, el Presidente necesita que el Legislativo dé el visto bueno y apruebe los fondos para hacerlo. Pero en este momento ambas cámaras son controladas por el Partido Republicano y estos han dejado claro, durante años, que no tienen la menor intención de permitirlo. Al menos no bajo la administración de Obama y en un año electoral en el que este tipo de temas suelen ser controversiales.

Aún así, y consciente de las dificultades, el mandatario quiso intentarlo una vez más antes de dejar la oficina oval. Entre otras cosas, porque se trata de una promesa que hizo cuando estaba en campaña para su primer periodo, en el 2008, y que le sigue siendo esquiva siete años después.

Ademas, la prisión se atraviesa en el proceso de normalización de relaciones diplomáticas que inició con Cuba en diciembre del 2014 y que quisiera redondear como gran legado de su presidencia.

“El plan que estamos presentando no es solo para cerrar la prisión o para solucionar el problema con los detenidos que tenemos allí, que es un tema complejo por la manera como fueron arrestados. Es un plan para poder cerrar un capítulo de nuestra historia. Dejarla abierta es contrario a nuestros valores. Es visto como una mancha en nuestro récord”, dijo el Presidente mientras le pedía al Congreso darle una oportunidad a la estrategia.

La idea de la administración, que fue desarrollada por el Departamento de Defensa, incluye transferir a otros países unos 35 prisioneros entre los 91 que aún quedan en la isla.

De acuerdo con una fuente de la Casa Blanca, las negociaciones ya están bien adelantadas con gobiernos amigos que han accedido y se espera que salgan de la cárcel a mediados de año.

Se trata de algo muy similar a lo que ya venía haciendo la administración en vista de la resistencia del Congreso al cierre definitivo. Los restantes 56 –y aquí el problema– serían transferidos a prisiones o centros de detención en Estados Unidos.

En la estrategia, el Pentágono sugiere 13 alternativas, entre ellas cárceles en Colorado, Texas y Carolina del Sur, al igual que bases militares.

Si bien la adecuación de las prisiones costaría una suma de dinero considerable, con el cierre de Guantánamo el país se ahorraría entre 65 y 85 millones de dólares anuales. Un argumento económico que Obama espera pese entre los republicanos y sus metas de austeridad fiscal.

Aunque los republicanos prometieron realizar audiencias para considerar el plan, su reacción inicial fue lapidaria.
“Es contra la ley y seguirá siendo contra la ley, transferir terroristas a suelo americano”, dijo el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

El legislador se refería a un conjunto de leyes que han sido aprobadas en años recientes –las últimas de ellas hace tan solo meses– que de una u otra manera hacen imposible cerrar la prisión.

Por un lado, prohibiendo el uso de fondos para construir o adecuar cárceles en el país cuando el fin sea la transferencia de prisioneros. Y, por otro, bloqueando el envío de ciertos prisioneros, los más peligrosos, a sus países de origen. En particular hacia Yemen, de donde son más de la mitad que aún permanecen detenidos.

En otras palabras, las manos de Obama siguen atadas pues, aun si transfiere los 35 que prometió, al resto no podrá ni reubicarlos en Estados Unidos ni enviarlos de regreso.

El principal argumento de los republicanos es que el público rechazaría el envío de peligrosos terroristas a territorio continental o a sus países de origen, donde podrían volver muy pronto a las filas de grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico.

Así mismo, porque una vez dentro de EE. UU. quizá tendrían que ofrecerles todas las garantías del sistema judicial del país y no los derechos limitados que hoy permiten tenerlos presos sin que hayan sido acusados o sometidos a juicio.

Pero Obama –y lo dijo este lunes– cree que se trata de un argumento ridículo pues Estados Unidos ya tiene a muchos terroristas pagando condenas en cárceles del país sin que se haya presentado algún problema.

“Terroristas como Umar Farouk Abdulmutallab, que trató de estallar un avión que volaba sobre Detroit; Faisal Shahzad, que puso un carro bomba en Times Square (Nueva York), o Dzhokhar Tsarnaev, que atentó con una bomba durante la maratón de Boston del 2013, han sido todos condenados en nuestras cortes y ahora están tras las rejas, aquí en Estados Unidos”, sostuvo el mandatario a manera de ejemplo.

Con el camino a través del Congreso virtualmente cerrado, Obama podría optar por la vía unilateral para cerrar la prisión. Es decir, hacerlo a través de una Orden Ejecutiva, invocando sus poderes como Comandante en Jefe y muy al estilo de lo que hizo con las iniciativas a favor de los inmigrantes ilegales y para suavizar el embargo comercial contra La Habana.

Aunque esa opción “nuclear” sigue puesta sobre la mesa, probablemente fracasaría pues se da por descontado que será demandada ante las cortes y la acción quedaría bloqueada por varios años mientas surte su trámite en el sistema judicial.

Con su iniciativa, Barack Obama pretende, no obstante, dejar claro que lo intentó y hacer que los republicanos paguen algo del costo político que implica mantenerla abierta.

Sergio Gómez Maseri
Corresponsal de EL TIEMPO

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