Todos los ojos del mundo sobre el CNE de Venezuela

El accionar del árbitro electoral venezolano hace que mucha gente dude a la hora de los resultados.

Por: Valentina Lares Martiz

Foto: EFE Funcionarios del CNE prueban las máquinas de votación en un simulacro en Caracas. El retr

Foto: EFE
Funcionarios del CNE prueban las máquinas de votación en un simulacro en Caracas. El retr

A pesar de ser un proceso ciento por ciento automatizado, pleno de bondades tecnológicas, el anuncio de los resultados de las últimas tres elecciones venezolanas (dos presidenciales y una regional) se ha retrasado por lo menos cuatro horas desde el cierre de las mesas, un tiempo que suele generar tensión y sospechas en una Venezuela intensamente polarizada en la que más de 60 por ciento de la población desconfía del árbitro, el Consejo Nacional Electoral (CNE).

La experiencia indica que mientras más cerrado el resultado –o favorable a la oposición– más se tarda el ente comicial en entregarlo.

Es por ello que ante la perspectiva de que obtendría su primera victoria en 17 años de ‘revolución bolivariana’ en las parlamentarias del próximo domingo, la oposición venezolana, agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), no solo exige al CNE el anuncio de los ganadores en cada circuito –87 en total para elegir 167 diputados– cuando las tendencias sean irreversibles, sino que asegura que tomará medidas paralelas para informar a los ciudadanos “en caso de represamiento indebido de los datos”. (Lea también: Leopoldo López exigió su derecho a votar)

Así lo informó el secretario general del partido Acción Democrática (AD), Henry Ramos, representante de la coalición opositora ante el CNE, al advertir que la tardanza en anunciar los resultados podría desatar focos puntuales de violencia, especialmente debido al discurso retador sostenido por el presidente Nicolás Maduro en las últimas semanas y con el que ha asegurado que el oficialismo tiene que ganar “como sea”; que de no hacerlo gobernaría “con una junta de civiles y militares” y que en ningún caso “entregará” la revolución.

“No vamos a aceptar represamiento de resultados porque sería una actitud criminal”, precisó Ramos al destacar que, al cerrarse la votación, la oposición también recibe al momento los resultados por parte de sus testigos de mesa. En cambio, ningún representante de la oposición ni acompañantes internacionales tienen acceso a la Sala Situacional del CNE, adonde van llegando los datos de las mesas electorales, se totalizan los resultados y se prepara el informe final.

Es un eslabón crucial al que solo tienen acceso un reducido número de técnicos y los rectores principales del ente comicial. Como allí se vierten los resultados de las mesas en tiempo real, muchos estiman que el oficialismo conoce con anticipación cómo se va comportando el electorado en las diferentes circunscripciones y activa –o no– el “remolque” de votantes a conveniencia, otra forma de ventajismo electoral que la oposición no puede controlar.

“El cómo se anuncien los resultados y la reacción del oficialismo al recibirlos son momentos cruciales en esta elección porque determinarán el clima político que tendrá el país en los próximos meses”, señala el encuestador Félix Seijas, director de la empresa Delphos.

“La posibilidad es muy alta de que la oposición obtenga al menos la mayoría simple, así que el tiempo de entrega de resultados demostrará si el oficialismo está dispuesto a pagar el precio de la tolerancia o de la represión”.
Censura mientras tanto

Pero mientras se llega al momento del cómputo final, la campaña electoral sigue teñida de irregularidades. La última y más notoria es la denuncia por parte de la MUD de que sus propagandas en el canal de noticias Globovisión –otrora muy crítico al gobierno ‘revolucionario’, pero hoy abiertamente a favor– fueron retiradas del aire sin aviso ni justificación.

El representante opositor Henry Ramos aseguró que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) también está exigiendo a los canales de televisión la entrega de una lista diaria de las personas que aparecerán en los escasos programas de entrevistas y noticieros que aún quedan en Venezuela.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO

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