Los rivales de Clinton no logran despegar en el último debate del año

La seguridad y el terrorismo vuelven a marcar el último debate demócrata

SILVIA AYUSO Washington 20 DIC 2015

Los candidatos demócratas en el último debate del año en New Hampshire / JEWEL SAMAD (AFP)

Los candidatos demócratas en el último debate del año en New Hampshire / JEWEL SAMAD (AFP)

La sombra de la matanza terrorista de San Bernardino, California, llegó la noche del sábado a New Hampshire, sede del último debate demócrata del año. El terrorismo, las armas, la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) y la acogida de refugiados sirios marcaron una vez más el debate entre los aspirantes presidenciales demócratas Hillary Clinton, Bernie Sanders y Martin O’Malley, sin que estos lograran recortar lo suficiente la distancia que los separa de la exsecretaria de Estado, líder en las encuestas.

Los tres candidatos discutieron de forma seria y ampliamente educada durante las dos horas que duró el debate organizado por la cadena ABC y que estuvo dedicado en su primera parte a la política exterior, con un fuerte énfasis sobre la seguridad, y a la economía y políticas domésticas en la segunda.

El debate constituía una de las últimas oportunidades antes del comienzo de las primarias, en menos de dos meses, para que Sanders y O’Malley recortaran la distancia que les separa en las encuestas de la rival por el momento más consolidada, Clinton. No parece que vayan a poder declarar misión cumplida.

Dos semanas después de la matanza terrorista de San Bernardino, donde una pareja vinculada al ISIS mató a 14 personas, la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) y el control de armas marcaron buena parte del debate.

Aunque los tres coincidieron en rechazar el envío de tropas estadounidenses a combatir al ISIS, las distancias se ampliaron a la hora de evaluar el papel de Estados Unidos en esta lucha global.

“Si Estados Unidos no asume el liderazgo, no hay otro líder, entonces habrá un vacío” de poder, dijo Clinton al defender un papel fuerte en la lucha contra el terrorismo internacional que también implica, afirmó, sacar del poder a Bachar Assad en Siria.

“No podemos ser la policía del mundo”, rebatió Sanders, que recordó que “no es Assad el que ataca Estados Unidos. Es ISIS”.

Ambos llevaron la voz cantante en un debate en el que O’Malley, que prácticamente lucha por su supervivencia en la carrera demócrata, intentó desesperadamente adquirir mayor protagonismo, aunque con una agresividad que siempre no fue bien recibida ni por el público ni por los moderadores, que en varias ocasiones le tuvieron que recordar que no era su turno para hablar. “¿Puedo ofrecer una perspectiva generacional diferente?”, llegó a decir en un momento del debate, apuntando a la diferencia de edad entre él y sus dos rivales -Clinton acaba de cumplir 68 años y Sanders tiene 74-, frente a los 52 de O’Malley.

Si bien sus interrupciones no fueron bien recibidas, el exgobernador de Maryland sí fue fuertemente aplaudido en su cerrada defensa sobre un mayor control de armas y cuando se desmarcó de sus contrincantes y abogó por aceptar a más refugiados sirios en vez de endurecer aún más los procesos de selección.

Sanders se enfrenta al establishment demócrata
El debate estuvo precedido por una polémica interna que amenazaba con ensombrecer el intercambio de los aspirantes presidenciales. Pocas horas antes de la cita en New Hampshire, el Comité Nacional Demócrata (DNC) había dado marcha atrás a su decisión de suspender el acceso del equipo de Sanders a la base de datos de votantes demócratas.

La sanción había sido impuesta el viernes, tras conocerse que varios miembros de su campaña accedieron a datos de electores recolectados por el equipo de Clinton gracias a un error informático. Pero esa decisión llevó a Sanders a presentar a su vez una demanda contra el DNC, al que acusó -y no es la primera vez- de intentar beneficiar a Clinton en la carrera interna por la nominación demócrata. Finalmente, ambas partes llegaron a un acuerdo y Sanders obtuvo de nuevo acceso a la base de datos. Las aguas sin embargo no se calmaron. El DNC dejó claro que la investigación sobre el incidente continuará y que espera la “total cooperación” del equipo del senador de Vermont, mientras el equipo de este siguió denunciando la actitud del establishment demócrata.

Las críticas al DNC por su presunto favoritismo hacia Clinton vienen de lejos. Tanto Sanders como O’Malley han acusado en los últimos meses al partido al que aspiran representar en la carrera presidencial de tomar decisiones que benefician a Clinton, considerada la candidata más sólida, como celebrar muy pocos debates y hacerlos en sábado, día de menor audiencia para este tipo de eventos. Ello les dificulta, según los rivales de Clinton, poder llegar a un mayor público y, así, arañar más votos ante las primarias que comienzan en menos de dos meses.

Pese a que la disputa podría continuar una vez apagados los focos en New Hampshire, Sanders hizo votos por enterrar el hacha de guerra. Nada más comenzar el debate, aunque insistió en que la actitud del DNC fue “arbitraria”, se disculpó tanto ante Clinton como ante los votantes.

¿Merece Clinton una disculpa?, le preguntaron los moderadores nada más comenzar el debate. “Sí, y pido disculpas”, respondió Sanders entre aplausos y mirando a Clinton, situada en el centro del escenario. La exsecretaria de Estado agradeció el gesto y llamó a pasar página y “avanzar” hacia otros temas más importantes. Unas palabras similares a las que había tenido Sanders en el primer debate demócrata, cuando era Clinton la acosada por la revelación de que había usado un servidor privado para sus correos electrónicos cuando era la jefa de la diplomacia del país.

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