Confinados de Las Cucharas visitan Museo de Ponce

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El evento educativo conocido como ‘Canvas Social…un recorrido por los derechos a través del arte’, logró que los participantes reflexionaran sobre los derechos humanos utilizando obras de arte. Las pinturas previamente seleccionadas por el curador del Museo, Heriberto Figueroa, y la directora del Observatorio Correccional Trina Rivera de Ríos, licenciada Hilda Sierra, pertenecen al reconocido artista puertorriqueño, Antonio Martorell.

“No podemos olvidar que aunque estos confinados están en prisión cumpliendo por actos delictivos, son seres humanos a los cuales la Constitución le ofrece garantías y derechos, entre ellos para su rehabilitación. Su salida al museo no fue una salida más, representó un espacio diferente en donde pudieron reflexionar, discutir sus ideas y hasta valorar por unas horas lo que significa estar en la libre comunidad”, aseguró el director de la CDC, Ever Padilla Ruiz en un parte de prensa.

“De nuestra parte apoyamos toda iniciativa que sirva como herramienta de rehabilitación a los confinados. Estos ganaron el privilegio de esta salida debido al buen comportamiento dentro de la institución. Es importante fomentar la rehabilitación desde diversos escenarios. El arte es un escenario de enriquecimiento cultural y forma parte del conocimiento que se debe fomentar en los confinados dentro de su proceso de rehabilitación”, destacó por si parte, el secretario interino del DCR, José Uriel Zayas Cintrón.

Indicaron que entre las piezas que se utilizaron para promover la discusión se destacan el auto retrato ‘Dédalo’, una serigrafía del 1998 realizada en vinilo sobre masonite. Otras de las obras llevan por nombre ‘Afeitándome’, un auto retrato de 1985 en carboncillo y crayón sobre papel, ‘Techo propio y moneda ajena’ una obra realizada en acrílico sobre papel y ‘Los Divos’, un conjunto de pinturas de personas importantes para el también caligrafista y tipógrafo nacido en Santurce en el año 1939.

El recorrido por el Museo, que se extendió por dos, fue descrito por los confinados como una forma de comunicar y de aprender sin la necesidad de leer libros.

“Tenemos que apostar al cambio. Tenemos que darles las herramientas para que puedan rehabilitarse. Tenemos que darle una segunda oportunidad y actividades como estas apoyan esta gestión”, concluyó Padilla Ruiz.

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