El anzuelo de la DEA en el que cayeron dos familiares de Maduro

Sobrino y ahijado fueron capturados cuando creían que negociaban cocaína colombiana.

Por: JUSTICIA | 10:22 a.m. | 15 de noviembre de 2015

Foto: Reuters Este es el retrato revelado de la audiencia en Nueva York a Efraín Campo Flores y Francisco Fl

Foto: Reuters
Este es el retrato revelado de la audiencia en Nueva York a Efraín Campo Flores y Francisco Fl

La tarde del martes, Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de Cilia Flores, esposa del presidente venezolano Nicolás Maduro, emprendieron en Caracas un vuelo que primero los llevó a Panamá y que debía terminar en Puerto Príncipe, la capital de Haití.

No tenían la menor idea de que ese viaje terminaría en una cárcel de Nueva York, donde hoy están pendientes de un proceso por narcotráfico que podría representarles al menos 20 años de prisión o incluso –como lo dijo el fiscal Preet Bahara– hasta cadena perpetua. (Lea también: Hallan cocaína y heroína en casa de familiar de Nicolás Maduro)

Pero la operación, que es considerada en Washington como una especie de ‘prueba reina’ de los nexos del círculo más cercano al poder venezolano con el narcotráfico, estuvo siempre al borde del fracaso. Dos días antes, en la turística ciudad de La Romana, en República Dominicana, la Dirección Nacional de Control de Drogas allanó un lujoso yate –con helipuerto incluido– que, de acuerdo con las autoridades, le pertenecía a Franqui Francisco Flores de Freitas. Ese golpe se mantuvo en absoluto secreto por cinco días, para evitar que los dos primos sospecharan que algo no andaba bien y suspendieran la cita.

Dentro de la costosa embarcación, bautizada The Kingdom y con matrícula Y0016 de Bahamas, hallaron ese domingo 54 paquetes con cocaína y heroína en dos maletas negras. La prensa dominicana informó que el capitán venezolano (uno de los seis capturados ese día) se convirtió en testigo de la DEA y actualmente permanece bajo su protección. No se descarta que reaparezca, como testigo, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York donde hoy son procesados los dos millonarios delfines del poder venezolano.

No son las únicas malas noticias para ellos y para el gobierno de Caracas que llegaron desde ese país, que comparte territorio insular con su vecina Haití. El viernes se conoció de un allanamiento a la mansión de Flores de Freitas en el lujoso complejo turístico Casa de Campo. Allí encontraron otros 80 kilos de cocaína.

Fuentes en Haití dijeron a este diario que la captura de Flores de Freitas, de 30 años, y de su primo Campo Flores, de 29, se dio apenas se bajaron del avión que los traía de Panamá. De inmediato fueron notificados de la orden de extradición y entregados a la DEA. El procedimiento se cumplió en cuestión de minutos, para evitar que la información se hiciera pública y que los poderosos aliados que tiene el presidente Nicolás Maduro en Haití pudieran reaccionar. En ese país, gracias a su ‘petrodiplomacia’, Caracas mantiene una fuerte influencia. Eso quedó en evidencia, por ejemplo, con el voto negativo de Haití en la sesión de la OEA en la que Colombia pedía una reunión extraordinaria de cancilleres para abordar la reciente crisis fronteriza. (Vea aquí: Fuga de docentes universitarios por penosa situación en Venezuela)

La carnada

En el expediente aparece que los Flores habrían negociado un cargamento de 800 kilos de cocaína colombiana que pretendían enviar a EE. UU. en barcos, usando como plataforma en Centroamérica el territorio hondureño. Además, que esos contactos comenzaron en octubre pasado y se mantuvieron hasta la fecha de la captura. Medios internacionales indicaron que el primer acercamiento con el supuesto narco al que venderían el cargamento ocurrió en Honduras.

Lo cierto es que los primos Flores mordieron el mismo anzuelo que la DEA lanzó en su momento a dos de los mayores enemigos de los Estados Unidos: los ‘mercaderes de la muerte’ Víktor Bout y Monzer Al Kassar, quienes negociaron cargamentos de droga, supuestamente de las Farc, a cambio de arsenales para esa guerrilla y cayeron cuando viajaron lejos de sus zonas de confort para cerrar esos millonarios tratos. Los dos pagan largas condenas en EE. UU. (Además: ¿Captura de familiares de Maduro afectaría al chavismo en elecciones?)

En el caso de los Flores, el Departamento de Justicia dice que negociaron la droga en Venezuela con su contacto, que resultó ser en realidad un agente encubierto de la DEA que grabó y fotografió esas citas.

Las fuentes en Haití señalaron que los Flores habrían sido citados en Puerto Príncipe por el agente encubierto para supuestamente realizar el pago por los 800 kilos de cocaína. El objetivo era conseguir que salieran de Venezuela y así asegurar su envío a EE. UU.

La defensa de los dos venezolanos alega que ellos tenían inmunidad, pues en Puerto Príncipe se habrían presentado con pasaportes diplomáticos. Efraín Campo, de hecho, había estado entre el 2008 y 2011 en un cargo en el polémico Parlamento Latinoamericano.

Lupa a sus empresas

La investigación de las autoridades está encaminada ahora a las empresas que figuraban a nombre de Efraín Campo y de Francisco Flores. El primero, de acuerdo con medios venezolanos y panameños, figura como presidente de la empresa Transporte Herfra S. A., con sede en Panamá. Uno de sus socios es Hermes Melquíades Flores, hermano de la primera dama venezolana. Francisco tiene vínculos con la firma Digital, con sede en Caracas.

Autoridades indagan si esas empresas fueron utilizadas para el lavado de dinero producto del narcotráfico. De hecho, se prepara un nuevo capítulo en la investigación, esta vez en la temida Lista Clinton del Departamento del Tesoro.

El caso escala aun más la tensión entre Caracas y Washington por el tema del narcotráfico. Además de los señalamientos directos contra altas fichas de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro –el general Hugo Carvajal, el exministro Rodríguez Chacín y el también general Henry Rangel Silva, entre otros–, el gobierno de Estados Unidos considera que Venezuela es uno de los mayores corredores de tránsito para la cocaína colombiana.

El reporte del Departamento de Estado (la Cancillería de EE. UU.) de este año no da espacio a mayores interpretaciones: “La cercanía de países que producen droga, un ineficaz régimen antinarcóticos, las limitaciones a la cooperación bilateral y la endémica corrupción gubernamental siguen haciendo a Venezuela vulnerable al lavado de activos y otros crímenes”.

JUSTICIA
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