De la cárcel al salón de clases: Estudiante universitario demuestra el poder transformador de la escritura

fotoSAN JUAN  – Aníbal Santana Merced recorre los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPR-RP), como un pupilo más, a pesar de que tiene un libro de cuentos, una antología, una editorial y un documental bajo su cinturón.

El estudiante de Trabajo Social quiere que el mundo escuche unas voces que se han silenciado durante muchos años.

“La cárcel y los confinados han sido tan marginados siempre que la historia de ellos se conoce únicamente del modo en que la justicia o la sociedad la quiere ver”, denunció el escritor. “Pero tiene dos caras, y nosotros queremos mostrarle a la gente que estos monstruos, como ellos le llaman, también son humanos que tienen una historia que contar”, explicó Santa Merced en un comunicado de prensa.

La quietud de su rostro encubre una adolescencia truncada por la calle, la violencia, el dinero fácil y las armas que lo llevó a la cárcel a los 18 años. Pasó catorce años y medio en una celda, diez de ellos bajo máxima seguridad, donde apenas podía dar siete u ocho pasos sin chocar con la pared. Lo que más le dolió fue perderse el nacimiento y la niñez de su hija.

Escribir se volvió la única alternativa para arrancarse el odio y el coraje que sentía. Detrás de las rejas encontró su voz, la libertad y una nueva identidad. “Comencé a soñar con ser escritor porque pensé que lo que yo escribía, que mis libros, mis novelas, mis cuentos, algún día harían lo que yo no podría hacer: salir de la cárcel, llegar a otros países y correr todo Puerto Rico… por eso escribo. Pienso que escribir me da vida”, narró el estudiante.

Así nació “Reflexiones tras las rejas”, su primer libro de cuentos, y una antología junto a otros confinados, “Desde adentro: Entre la universidad y la cárcel”, publicadas desde su cautiverio.

La vida del hombre que dejó la escuela en séptimo grado dio un giro cuando empezó a apalabrar sus experiencias, pensamientos y emociones, gracias a la persistencia y vocación de una profesora de la UPR-RP y sus talleres de literatura y escritura creativa. “Yo estoy seguro de que la literatura y la escritura que nos llevó la profesora fue en gran modo lo que me liberó a mí”, afirmó Santana Merced. “Me trancaba en una celda y un libro me sacaba de la cárcel”, recordó. Tal es el poder de las palabras.

Por su parte, la abogada y profesora de literatura Edna Benítez Laborde, quien ha impartido talleres en varias instituciones penales explicó que “no llegué a la cárcel con la literatura para rehabilitar a nadie. Yo no sé si yo tengo ese poder”. Pero si hay algo que la experiencia de Aníbal y los otros participantes de los talleres evidencia, es que la literatura, el arte y la educación abren las puertas para un cambio, indicó.

Añadió que “en mi experiencia he visto la transformación de seres humanos que no tuvieron una oportunidad previamente de estar en contacto con la cultura y, más que la cultura, la educación, y una vez adquiridas esas herramientas han decidido tomar otras decisiones que redundan en bienestar para ellos y en bienestar para una comunidad”.

Por ejemplo, tras la publicación de la antología de cuentos de los confinados, algunos de los autores participaron de una gira de promoción a través de distintas escuelas y universidades alrededor de la Isla. Según la doctora Benítez Laborde, esta oportunidad de servir a la comunidad conversando con jóvenes en situaciones difíciles fue transformadora para los autores.

La trayectoria estelar de Santana Merced, aunque alentadora, es la excepción. La mayoría de los expresos encuentran puertas cerradas al salir en libertad. “Pocos confinados salen con ruta marcada de la cárcel a la universidad. La experiencia de él es atípica. No obstante, la lucha es porque sea una opción real”, recalcó la profesora, quien resaltó los desafíos que persisten para la mayoría de los exreclusos. Además de luchar con los estereotipos, las responsabilidades económicas y familiares imposibilitan a muchos tan siquiera considerar seguir estudios universitarios.

Mientras, el estudiante de Trabajo Social continúa en pos de sus sueños. “Mi meta es bien clara: estudiar, convertirme en un profesional, que nuestra editorial sea de gran éxito algún día, seguir escribiendo y llegar a ser uno de los mejores escritores de Puerto Rico”, declaró. “Pero más que eso es, una vez yo termine mi bachillerato, tener la oportunidad de regresar a trabajar con los confinados porque conozco ese sistema, conozco lo que se necesita para trabajar allí y sé muchas de las cosas que los confinados necesitan para salir adelante”, dijo el hombre que anhela ver surgir nuevos escritores y poetas.

Según Benítez Laborde, el éxito de la reincorporación de Aníbal a la vida social se debió a la oportunidad que tuvo junto a otros confinados de servir a la comunidad conversando con los jóvenes sobre sus experiencias, al igual que el apoyo que recibió de la Universidad. “La verdad es que el Recinto de Río Piedras y todo el personal con quien él se ha topado le ha dado apoyo porque esto es un recinto universitario, esto es otra cabeza, es otra mentalidad”, opinó.

Santana Merced lleva un año y cinco meses en libertad bajo palabra. En el 2015 espera publicar una novela y empezar un poemario, mientras continúa sus estudios. Su sentencia termina en el 2027.

La UPR-RP y el Departamento de Corrección firmaron recientemente un acuerdo para dar cursos de nivel universitario en la cárcel de máxima seguridad de Bayamón y la de mujeres en Vega Alta. Tres profesores del Recinto, Fernando Picó, Wanda Ramos y Benítez Laborde, comenzaron las clases en noviembre pasado.

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