¿Y nosotros, qué?

notimas_squared_011111111Prof. Favio Ramírez-Caminatti

El pasado 17 de diciembre se hizo público el anuncio sobre el acercamiento diplomático de los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Tras la noticia que acaparó las portadas de todos los medios del mundo y las múltiples repercusiones a favor y en contra de las medidas tomadas, se me hace inevitable analizar brevemente el asunto con un poco más de profundidad y desde otra perspectiva. Como hijo adoptivo de la “Isla del Encanto”, Puerto Rico, me surge la duda: ¿Y nosotros, qué?

Cuba, la isla más grande del Caribe, ha vivido por fuera de la globalización desde 1959, cuando los Castro se hicieron con el poder. Pero la isla aislada, valga la expresión, es fuente de múltiples riquezas que el embargo ha limitado desarrollar plenamente. Como es de esperar, tras este acercamiento con la primera potencia del mundo, las especulaciones sobre el levantamiento de las restricciones están a la orden del día. Más allá de esto, el Presidente Obama ha sido claro en que se eliminarán las limitaciones de viajes a Cuba y se ampliará el límite de compras que los turistas estadounidenses pueden ingresar cuando regresen al país.

¿Y nuestra economía, qué? Aun sin el levantamiento del embargo, que amenazaría seriamente a la economía puertorriqueña poniéndola a competir directamente con productos cubanos producidos por mano de obra altamente calificada y a precios miserables, las nuevas medidas también surtirán efecto sobre Borinquén. Esta semana un prestigioso medio citaba palabras de un economista que aseguraba que nada de esto repercutiría en Puerto Rico, argumentando que el turismo que se recibe es estadounidense mientras que los visitantes de Cuba son canadienses y europeos. Desconozco si esta limitada visión tiene intereses particulares o responde simplemente a la falta de conocimiento y capacidad de análisis. Lo cierto es que Cuba, con sus playas vírgenes, sus casinos y su retro-style, representa un importante atractivo turístico para el público estadounidense deseoso de visitar estas tierras detenidas en el tiempo antes de que se americanicen. Claro que como dice el profesional citado, sus hoteles no se comparan en calidad con los de Puerto Rico, pero esto es también parte del encanto. La mayoría de los 4.3 millones de turistas que visitan tierras borinqueñas provienen de Estados Unidos, y la aparición de una oferta a más bajo costo seguramente afectará esta industria turística que genera 3.7 mil millones de dólares anuales. Nada hemos escuchado sobre planes de contingencia ante una eventual crisis del sector turístico.

Otro punto relevante de esta nueva etapa diplomática es la liberación de prisioneros políticos. Estados Unidos liberó a tres cubanos detenidos por espionaje, uno de ellos condenado a dos cadenas perpetuas, mientras La Habana liberó a un espía estadounidense y al trabajador social Alan Gross. A esto se suman promesas de más liberaciones como parte de las negociaciones. Y aquí la pregunta que debe hacer eco y volverse una proclama es: ¿Y Oscar, qué? Me refiero a Oscar López Rivera, el prisionero político más antiguo del hemisferio, hijo de este pueblo puertorriqueño, veterano de la Guerra de Vietnam, quien luchó por la independencia y fue condenado por esta causa. Sobre este recaen pedidos de excarcelación del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas por estar comprendido en el Protocolo I de la Convención de Ginebra de 1949, además de los pedidos específicos de líderes de todo el mundo. Condenado a 70 años de prisión, de los cuales ya lleva 33; significa que ha estado preso el 46% de sus 71 años de edad. El silencio sobre la liberación de Oscar destaca por contrastar con el bullicio mediático sobre la liberación de los presos cubanos.

Al tiempo que nos alegramos por los hermanos cubanos, no podemos dejar de pensar coherentemente y preguntar: ¿y nosotros, qué? Sin lugar a dudas el Pueblo de Cuba se merece respeto, dignidad, posibilidades de desarrollo y justicia… Puerto Rico también.

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